Mujeres reinvindican el bordado tradicional

Evitan malbaratar su trabajo
Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

Coser y bordar ropa que salga del diseño tradicional de sus comunidades

La ausencia de color en la tela negra hace que las flores, que pacientemente Karla Martínez Martínez rellena con hilos, resalten cuando ha terminado de bordar la blusa.

A sus 17 años no piensa en continuar los estudios que dejó cuando terminó la secundaria.

No es extraño que adolescentes como ella, originaria de La Mancornada, comunidad zapoteca del municipio de San Pedro Quiatoni, no concluyan estudios profesionales, las actividades tradicionales como casarse y dedicarse a la casa las arrastra.

Pero para Karla no tiene que ser así, la asociación Alianza de Mujeres para el Desarrollo de las Comunidades de Oaxaca, a la que pertenece junto con su madre, María Magdalena Martínez López, tiene otros planes.

Karla y la posibilidad de soñar que su bordado cuelgue de una pared para ser admirado.  FOTO: Emilio Morales Pacheco

“Es de nuestras bordadoras más finas”, dice con orgullo Raquel Martínez Martínez, fundadora de la asociación mientras sostiene un largo cuadro rectangular con flores con cinco pétalos en forma de corazón, la imagen distintiva de las mujeres de Quiatoni.

El bordado en tela blanca es un cuadro al que le han sobrado clientes, pero del que Raquel no ha querido desprenderse, más le ha dado nuevas ideas: que el bordado tradicional de las mujeres de su comunidad cuelguen de una pared para ser admirados.

Otro valor

Con el uso, las prendas que tienen el bordado tradicional de Quiatoni o cualquier otro lugar, “se desgasta” y el que logra Karla es tan fino y de calidad extraordinaria que buscamos venderlo como arte.

Karla escucha en silencio, está concentrada en su costura, en como el metal afilado de la aguja se hunde en la tela negra.

La alta costura con bordado tradicional incluye prendas para hombres.  FOTO:Emilio Morales Pacheco

No sabe quién comprará la blusa, pero si está segura que su precio se acercará un poco al valor que representan las horas que pasaba sujetando el aro de madera que le ayuda a tensar la tela mientras borda.

Esa forma de colorear la tela con hilos lo aprendió de su madre cuando tenía apenas diez años, casi a la misma edad que inició Raquel, quien además de fundar la asociación que agrupa a cien mujeres de Quiatoni y otros municipios indígenas, logró el registro de la marca Bensahp (que en zapoteco de Valles Centrales significa mujer) y abrir una tienda donde el comercio sea menos injusto.

Romper esquemas

Nacer en La Mancornada, al igual que María Magdalena y Karla, hicieron que Raquel aprendiera a bordar desde los 8 años de edad, pero durante 14 años esa actividad la vio únicamente como un complemento de lo que hacen mujeres como ella: ir al molino, elaborar tortillas, cuidar a los hijos y encargarse de la casa.

Si Raquel pudo seguir con sus estudios universitarios, fue gracias a las buenas calificaciones que le permitieron obtener becas. Así llegó a una institución pública donde cursó la licenciatura en Relaciones Internacionales, la cual concluyó en el 2017.

Un precio justo, la aspiración de mujeres que costuran y bordan.  FOTO: Emilio Morales Pacheco

Vender blusas que elaboran en su comunidad se convirtió en la vía para obtener ingresos y costear los traslados entre su casa, un trayecto que se recorre en dos horas si se viaja en auto propio.

Esas blusas de tela de popelina y figuras con hilos de sea, lo mismo de animales como de flores, siempre le representaban un ingreso seguro a Raquel, quien siempre ha tratado de hablar de la paciencia, el tiempo y el amor que le dedican las mujeres para dibujar con hilos.

Visión empresarial

Egresar de la carrera la hizo mirar a su comunidad, pero también en la posibilidad que la comercialización de las prendas podría significarle a otras mujeres como María Magdalena, quienes regalaban su trabajo a falta de clientela.

Primero pensó en una marca de ropa. Lograr el registro, más que costoso, fue burocrático, pero en medio año lo logró y para el 2018 ya estaba lista.

Casi a la par vino la conformación de la asociación civil. Para entonces ya las mujeres que creían en el proyecto de Raquel crecieron en número y en presencia geográfica.

Agruparse para rescatar el bordado tradicional y lograr que sea valorado.  FOTO: Emilio Morales Pacheco

En el 2018 duplicaron la producción que ya habían conseguido en el 2017. Ahora tienen la capacidad de elaborar entre 3 mil 500 y 5 mil 500 piezas al año y por cada pieza bordada se paga 30 por ciento más que el costo normal en el mercado.

Equiparse

Un primer taller ya funciona en la ciudad de Oaxaca, el cual alimenta la tienda que también establecieron aquí.

La aspiración es que en cada una de las cinco comunidades donde las mujeres han aceptado ser parte de la asociación, existan centros de producción equipados con maquinaria industrial que facilite la hechura de las prensas, “más no el bordado”,

En un día María Magdalena puede costurar hasta cinco blusas, pero le llevará días bordarlas.  FOTO:  Emilio Morales Pacheco

Todo ha sido cuestión de reinvertir lo logrado en las ventas y gestionar recursos que impidan que las mujeres sigan regalando su talento.

“A lo mucho 50 pesos”, dice con voz baja cuando se le pregunta el precio que obtenía cuando lograba vender una blusa en La Mancornada.

Ahora esa cantidad se ha cuadruplicado, pero todavía falta que el trabajo de cada una sea mejor reconocido y valorado, un sueño común entre las mujeres bordadoras zapotecas.