‘Spider-Man: Lejos de casa’ abre la puerta a la reestructuración de películas de superhéroes de Marvel

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Después de Endgame es difícil imaginar una continuación para los Vengadores. La expectación con aquella película fue tan grande y la sensación de desenlace tan palpable que parecía —con razón— el final de una era. Precisamente por eso se nos hace extraño que la Fase 3 del MCU no terminara con esta película, y también que el estreno de Spider-Man: Lejos de casa estuviera tan próximo a ella. Apenas ha disminuido el flujo de vídeos, noticias, promociones y comentarios sobre Endgame y ya tenemos encima una nueva ronda de presentaciones y entrevistas con el reparto de Spider-Man.
La sensación general es de confusión, de no saber muy bien cómo sentirnos ante lo que se avecina. Estamos de nuevo expectantes y ansiosos por seguir consumiendo el Universo Cinematográfico Marvel, pero al mismo tiempo nuestro corazón sigue en el funeral de Endgame —y en los que no tuvieron lugar—. Lo que nos pasa es que no estamos seguros de si Spider-Man: Lejos de casa será capaz de mantener el nivel del universo después de ese final que parece que lo tiene todo.


A los que se estén preguntando esto mismo: estén tranquilos, esta película es justo lo que necesita el MCU ahora. No solo se mantiene a la altura de lo que hemos visto en los últimos años, sino que sabe retratar a la perfección esa inestabilidad que siente el público ante la pérdida de los Vengadores; todo gracias a Peter Parker. Ya sabíamos que Tom Holland era el perfecto Spider-Man, pero es que además es el personaje de la franquicia más cercano al público. No es un Dios, ni un espía entrenado, ni tiene esa aura imponente que rodea a los Vengadores; es un chico de instituto con preocupaciones mundanas.


Si nosotros hemos perdido a algunos de nuestros personajes favoritos, él ha perdido a su mentor, a la persona que lo guiaba en el estrambótico mundo de los superhéroes y que lo protegía. Al tiempo que procesa este golpe debe enfrentarse a la vida de adolescente y a sus responsabilidades como Spider-Man, que son más exigentes que nunca. El pobre chico solo quiere descansar y pasar un rato agradable con MJ.


El primer cuarto de la película es bastante flojo e inestable, alejado de lo que estamos acostumbrados a ver en Marvel, pero poco a poco se recupera y toma ritmo. A partir de ahí solo va a mejor. Se nota un cambio de rumbo claro con respecto a las últimas cintas del MCU, en parte porque la gran amenaza alienígena ya no existe, y podemos volver a un tono más distendido. Retomar la acción con Spider-Man es el gran acierto de Kevin Feige, que ya anunció que era algo que estaba en sus planes desde el principio.


Spider-Man reúne todas las mejores cualidades de los superhéroes —valentía, abnegación, fortaleza— y al mismo tiempo las características más humanas —miedo, inseguridad, torpeza emocional—. Su personaje es uno de los más adorables de la franquicia, sino el que más, pero también uno de los más inspiradores. Ya lo demostró con Homecoming y aquella escena de superación en la que abraza por fin su identidad como héroe y en Lejos de casa termina de consolidarse como tal. Es un viaje que merece la pena recorrer a su lado.


Este cambio de dirección afecta también a la forma en que nos cuentan la historia. Abandonamos el formato coral para volver al relato de un solo protagonista. Tom Holland se echa encima todo el peso del MCU y hace que parezca fácil cargar con él. Aún con la fantástica incorporación de Jake Gyllenhaal como Misterio, es él quien acapara todas las miradas y no nos podemos quejar. Si tuviéramos que destacar a otro personaje sería el de MJ, y es que Zendaya no puede dejar de hacerlo todo bien. Da igual que interprete a una joven deprimida y consumida por las drogas como en Euphoria o a la excéntrica compañera de clase de Peter Parker.


Por supuesto, todo este recorrido emocional está marcado por impresionantes escenas de acción que nada tienen que envidiarle a las de Endgame o Infinity war. De hecho, se acercan peligrosamente a la locura visual que supuso Spider-Man: Un nuevo universo, aunque nada vaya a estar nunca a la altura de lo que hizo la película de animación. Por otro lado, los intentos de Peter por impresionar a MJ resultan de lo más entrañables y le confieren a la película ese efecto romántico y esperanzador que tanta falta le hacía últimamente al MCU. Es una de las pocas tramas románticas de la franquicia que resulta creíble.


Eso sí, no todo es tan bueno como podría. Marvel no lleva precisamente una de las franquicias más feministas del panorama cinematográfico y, no dejemos que Capitana Marvel nos engañe, el tratamiento de los personajes femeninos es nefasto en la mayoría de los casos. Aún estando prevenidos, el sentido del humor rancio de los primeros minutos de la cinta pone de manifiesto la necesidad urgente de esta saga de contar con más mujeres en los equipos creativos. Si no para enriquecerse con puntos de vista que no sean los de hombres blancos cisheterosexuales, al menos para salvar al público del bochorno de ciertas bromas que ya no hacen gracia. Seguimos esperando también esa prometida representación LGTB+, la eterna cuenta pendiente de Marvel con su público.

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