Iglesia por los pobres, vigente en Oaxaca

Con la imagen del quinto arzobispo de Antequera-Oaxaca, Bartolomé Carrasco Briseño, integrantes de organizaciones sociales surgidas de las orientaciones.

Las orientaciones evangélicas que hicieron los obispos de la Región Pacífico Sur durante las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado aún se encuentran vigentes ante las condiciones de pobreza y marginación en los pueblos y comunidades indígenas, así como por el incremento de la migración y el narcotráfico.

Con visión de pastores y con un espíritu eclesial, el arzobispo de Antequera-Oaxaca, Bartolomé Carrasco Briseño y los obispos de las diócesis de Tehuantepec, San Cristóbal de las Casas y Tapachula, Arturo Lona Reyes, Samuel Ruiz García y Jesús Clemente Alba Palacios, así como los obispos de las prelaturas de Huautla de Jiménez y Mixe, Braulio Sánchez Fuentes y Hermenegildo Ramírez Sánchez, después de un análisis profundo de la realidad a la luz del Evangelio, emitieron exhortaciones de manera colegiada, a partir de los renovados planteamientos del Concilio Vaticano Segundo y de las asambleas de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano (Celam) de Medellín y Puebla.

En ellas, los obispos –todos seguidores e impulsores de la Opción Preferencial por los Pobres–, abordan los principales problemas sociales en esta zona, Nuestro compromiso cristiano con los indígenas y campesinos de la Región Pacífico-Sur, Los Refugiados guatemaltecos en Chiapas, Vivir cristianamente el compromiso político, Narcotráfico, preocupación pastoral, Los Pobres: signos de Resurrección, Evangelio y bienes temporales, Alcoholismo, preocupación pastoral y La Pastoral Indígena, entre otros.

Partieron de las conferencias del Celam

La Conferencia del Celam, efectuada en Medellín, Colombia, en 1968, tuvo como propósito aplicar los lineamientos del Concilio Vaticano II en América Latina.

De esta manera, sus conclusiones de la asamblea tienen fundamento en los documentos conciliares y en la encíclica publicada en 1967 por el papa Paulo Sexto, Populorum Progressio (El progreso de los pueblos), que originó un gran impacto en Latinoamérica, porque parte del drama de la pobreza, la miseria, la ignorancia y la violencia por los países del entonces llamado tercer mundo.

Con esto, el documento surgido de la Conferencia del Celam en Medellín se centró en tres temas fundamentales, la promoción humana, la evangelización y las estructuras eclesiales.

Aunque en la Conferencia del Celam, celebrada en Puebla, en 1979, se hicieron varios replanteamientos teológicos porque en muchos países aún persistía la pobreza y marginación, así como se mantenían regímenes militares y represivos. Y así, se hizo un análisis de la realidad, como punto de partida para la reflexión teológica.

Reflexión teológica

A partir de esto, se abordó la reflexión teológica de la realidad desde la perspectiva de la liberación e interesada por los problemas concretos de los pueblos latinoamericanos, ya fueran de orden político, económico y social.

Alguno fundamental de este proceso fue la reflexión desde las bases mismas, que se llegó a conocer como Iglesia Popular o Comunidades Eclesiales de Base (CEB), para abrir la discusión a otras alternativas de la realidad.

Sin embargo, algunas de esas orientaciones de los obispos de la Región Pacifico Sur fueron cuestionadas por el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger –posteriormente papa Benedicto 16–, en las instrucciones Libertates nuntius (Mensaje de libertad) y Libertatis conscientia (La libertad de conciencia), publicadas en los años 1984 y 1986, donde controvierte los principios, métodos y líneas de esas reflexiones.

Como consecuencia, estos obispos comprometidos recibieron algunas amonestaciones de El Vaticano, pero no los hicieron doblegarse.

Preocupación por los pueblos indígenas

En un mensaje por las festividades de la Navidad en 1980, los obispos cuestionaron las condiciones de miseria y explotación predominantes en la Región Pacífico Sur.

“La vida de los indígenas y campesinos, que son la mayoría en nuestras diócesis, se ve amenazada de diversas formas. La expansión del capitalismo injusto en nuestra patria está produciendo, por una parte, altos salarios y privilegios para algunos trabajadores y, por otra, un mayor empobrecimiento de campesinos y pequeños artesanos. Esto sucede, por ejemplo, con la explotación petrolera. Los bosques de Oaxaca y Chiapas siguen siendo devastados en forma alarmante. Los indígenas son arrojados de sus tierras”, escribieron.

Posteriormente, en marzo de 1982, publicaron la orientación evangélica “Vivir cristianamente el compromiso político”, donde dejan claramente que el régimen, si bien vivía un serio momento de crisis a nivel federal, en el ámbito local, las añejas prácticas caciquiles, violentas y autoritarias, seguían gozando de cabal salud en amplias regiones del país.

Después, en un mensaje en marzo de 1993 “Santo Domingo y la Pastoral Indígena”, valoran las riquezas humanas de los pueblos y comunidades indígenas y sobre todo, su necesidad de protagonismo en su desarrollo.

“Los pueblos indígenas deben ser protagonistas de su autodesarrollo a fin de que sean artífices de su propio destino y así, garantizar el derecho que tienen de vivir de acuerdo con su identidad, con su propia lengua y sus costumbres ancestrales, y de relacionarse con plena igualdad con todos los demás pueblos de la tierra”, subrayaron.

Exhortaciones proféticas

“Por su vigencia, esas exhortaciones resultaron proféticas. En la orientación ‘Narcotráfico, preocupación pastoral’, manifestaron una preocupación verdadera, porque ya veían venir su incremento y el origen del crimen organizado. Todos los llamados, siguen vigentes, porque esos problemas abordados aún existen. Nosotros las leíamos, eran nuestra influencia en nuestro trabajo pastoral, nos invitó a comprometernos. Muchos todavía nos mantenemos en esa perspectiva porque se basan en la realidad, desafortunadamente los sacerdotes jóvenes no los conocen, ni saben de su existencia, porque son de otro tiempo. Incluso, de esas exhortaciones, surgieron varias organizaciones sociales dedicadas a la defensa de los derechos humanos, de los recursos naturales y del territorio”: Sacerdote José Rentería Pérez.

Plenamente vigentes

“Esos documentos de nuestros obispos, que algunas vez fueron llamados los ‘Caudillos del Sur’, son plenamente vigentes, porque son problemas actuales, más cuando tenemos a una Iglesia que no atienda en su integralidad a la pastoral. Además, hoy más que nunca está en riesgo la tierra y el territorio de los pueblos indígenas. Recobran mucho valor en estos tiempos y por eso, deberían ser retomados por la jerarquía, por los sacerdotes, por las religiosas y por los laicos a la luz del Evangelio. Deberían los sacerdotes jóvenes interesarse, porque no conocen estos documentos”: Carmen Santiago Alonso, coordinadora general del Centro de Derecho Indígena Flor y Canto.

Verdaderos profetas

"No solamente fueron importantes en su momento. Mantienen vigencia porque sus voces tenían una visión de futuro, como verdaderos profestas. Los tiempos han cambiado, pero los problemas siguen igual o peor. Desafortunadamente, no existe compromiso en los obispos de esta época, especialmente en los nombrados por los papas anteriores a Francisco, porque prefieren cuidar el estatus episcopal, en vez de ver y atender la realidades que enfrentan los pobres, sobre todo, los pueblos indígenas": Sacerdote Jorge Pérez García.