Jaime Labastida: Un lobo estepario

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"Mi poesía oscila entre dos aspectos: una poesía de carácter reflexivo, conceptual, de amplio aliento, difícil, poco popular, difícilmente leída; y una poesía más íntima, incluso muy amorosa". Jaime Labastida

Ciudad de México.- "Siempre he remado en contra, siempre he sido un lobo estepario", dice el poeta y filósofo Jaime Labastida.

Apenas la noche anterior, ya tarde, regresó de un congreso en Berlín donde se regaló el placer de ver dirigir a Daniel Barenboim en la Berlin Philharmonie y acudió a un ensayo del ballet Romeo y Julieta, invitado por Elisa Carrillo, primera bailarina del Staatsballet. A pesar de que llegó tarde y cansado, antes del amanecer ya trabajaba en los pendientes, para dirigirse casi al mediodía a sus oficinas en Siglo XXI, la editorial que encabeza desde 1990.

Apenas comienza la entrevista, el poeta atiende en el celular la llamada de otro poeta, el chiapaneco Óscar Oliva, integrante junto con Juan Bañuelos, Jaime Augusto Shelley y Eraclio Zepeda del grupo La espiga amotinada.

En la preparatoria, Labastida conoció a Eraclio Zepeda y Jaime Augusto Shelley. Ya en la Facultad de Filosofía y Letras, en 1957, a Juan Bañuelos y Óscar Oliva. Un grupo formado por afinidad poética y amistad que se reunía tres veces por semana a leer poesía. "Éramos jóvenes imberbes, indocumentados y casi inútiles", ríe Labastida.

Fue el poeta catalán exiliado Agustí Bartra quien les hizo cobrar conciencia de que eran un grupo. Sin consultarlos, llevó sus poemas al suplemento cultural de Fernando Benítez en Novedades. En esas páginas, apareció su primer poema, Estaciones de un pueblo. Era 1958. Y también sin consultarlos llevó sus poemarios a Arnaldo Orfila para ser publicados por el FCE en la colección Letras Mexicanas en el libro colectivo La espiga amotinada en 1960.

Este "lobo estepario" que no frecuenta reuniones literarias ni tertulias de café, se enorgullece de su independencia y de "no deberle favores a nadie".

"Nunca he pertenecido a ningún partido político, a ningún grupo, el grupo literario al que pertenecí se deshizo, no tuvo una revista ni un premio literario tampoco, nos unía la amistad", responde Labastida, acomodado en su silla de director, frente al retrato de Alejo Carpentier.

Labastida cumplió 80 años, 15 de junio. Prepara la publicación de su poesía completa bajo el título Animal de silencios (1958-2018), que reúne 60 años de actividad poética. Un primer corte de caja apareció, con ese mismo título, en 1996 con el FCE.

"Mi poesía oscila entre dos aspectos: una poesía de carácter reflexivo, conceptual, de amplio aliento, difícil, poco popular, difícilmente leída; y una poesía más íntima, incluso muy amorosa", dice. Ambas le satisfacen en diferente medida. "¿Cuál perdurará? Lo ignoro por completo".

Nació en Los Mochis, Sinaloa, el 15 de junio de 1939, en un pueblo de menos de 15 mil habitantes cuya única calle pavimentada llevaba a la estación de ferrocarril, ubicada a 60 kilómetros de distancia. Era la única vía de comunicación para ir a Guadalajara o a Nogales, para cruzar la frontera con Estados Unidos.

Su primer acercamiento a la poesía ocurrió con la colección El libro de oro de los niños, regalo de sus padres. Dos secciones lo atraparon: mitología griega y poesía. Ahí leyó el poema Castilla de Manuel Machado, donde ensalza la figura del Cid Campeador.

Por una peritonitis, no pudo concluir la secundaria en Los Mochis. Debió irse en el segundo año a Guadalajara y terminar el ciclo en la Ciudad de México. Desde entonces radica en esta ciudad, salvo un corto periodo de tres años en el que fue profesor de tiempo completo en la Universidad Michoacana en Morelia.

Estudió Derecho a la par que Filosofía en la UNAM. Un amigo suyo lo invitó a litigar a un despacho de abogados. "Cuando vi de qué se trataba, desahuciar viudas, dije no quiero nada, esto no es mi vida". Sus padres le auguraron que se moriría de hambre. Y Labastida desliza: "Y no les faltaba razón".

Es un hombre que duda: "Por convicción, no solo por naturaleza". Sus poemas y ensayos están llenos de interrogaciones. "Soy un hombre que pregunta y no siempre tengo la respuesta".

De su producción ensayística divide entre el trabajo de carácter estrictamente filosófico, con libros como Producción, ciencia y sociedad y El edificio de la razón, y sus tesis de maestría y doctorado, revisados; por el otro, un conjunto de ensayos sobre historia y literatura donde se niega a situarse en lo políticamente correcto.

En su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, titulado Filosofía y poesía, planteó que la filosofía actual, si quiere avanzar en el nuevo milenio, debía apoyarse en la lingüística y el psicoanálisis.
"Jamás me he psicoanalizado", aclara Labastida, ávido lector de Freud y Lacan. "No he tenido necesidad, yo creo que la poesía me sirve como vehículo de expresión".

Sostiene que el filósofo siempre debe estar lejos de la política, guardar distancia del poder. Es hermano de Francisco Labastida, ex candidato presidencial por el PRI, ex Gobernador de Sinaloa y ex Secretario de Gobernación. "Lo quiero mucho, lo respeto por congruente", dice. "Vea usted todas las acusaciones que hay ahora de corrupción y demás, ni él ni ninguno de los miembros de la familia pudo ser acusado de nada. Nunca hicimos un negocio a la sombra del poder".
Ha conocido a prácticamente todos los presidentes del País desde Lázaro Cárdenas, salvo a Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz. Lo más que les ha llegado a decir, revela, es "¿cómo está, señor?".
"Cuando dirigía Plural hubo gente dentro de la revista que me decía: 'el gobierno recibe a Octavio Paz que dirige la revista Vuelta, recibe a Aguilar Camín que dirige la revista Nexos y tú no vas'. Ese es el asunto: si ustedes quieren, háganlo. Yo no voy", ataja.

Asumió la dirección de la revista Plural en enero de 1977, después del golpe a Excélsior de julio de 1976. La revista nació en octubre de 1971, a raíz de la invitación de Julio Scherer al poeta Octavio Paz para dirigirla. Paz y su equipo renunciaron a la revista en solidaridad con Scherer.
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A Labastida le vaticinaron que a lo mucho duraría uno o dos números. Dirigió la publicación durante 18 años. Pero aceptar la dirección de la revista tuvo consecuencias.

"Mucha gente hasta me retiró el uso de la palabra, consideraron que yo había traicionado a la cultura mexicana, que le había dado un golpe en la espalda a Octavio Paz, lo cual no fue cierto. En sus últimos años la relación con Octavio fue magnífica y no solo con él, también con Marie-Jo (su esposa)", responde.

Aún conserva la carta que le dirigió Paz, publicada por el Nobel en sus Obras completas, donde le asegura que a él debe el enorme placer de estimar intelectualmente a un adversario.

Con Arnaldo Orfila, fundador de Siglo XXI, sostuvo una relación estrecha que data desde 1960, a raíz de La espiga amotinada, al que siguió otro libro colectivo, Ocupación de la palabra, también en el FCE donde apareció La feroz alegría.

Cuando se fundó Siglo XXI, en 1966, Labastida fue uno de sus accionistas. Y a partir de entonces estuvo ligado a la editorial ya fuera como lector o crítico hasta asumir la dirección en 1990. Un día le preguntó a Orfila cómo se orientaba al decidir la publicación de libros, si seguía algún método. "Olfato", le contestó el argentino. 

"Es probable que hayamos dejado ir libros cuyos derechos de autor no podíamos pagar. Ahora las agencias literarias exigen mucho dinero por los derechos", lamenta Labastida.

Prepara la edición de Lección de poesía con Siglo XXI y coordina los trabajos para la publicación en noviembre de Cosmos del naturalista y explorador Alexander von Humboldt.

Por las noches reserva un espacio para la escritura. En el silencio, que cree, es absolutamente necesario para la poesía.

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