Lanzan plan para seguridad aérea en ‘Ángel Albino Corzo’

René AraujoRené Araujo

El aeropuerto capitalino debe contar con un Diagnóstico y un Plan de Manejo para el control de la fauna, como roedores, mamiferos, aves, serpientes y hasta cocodrilos que representan un riesgo para la actividad de las aeronaves.

La Dirección General de Aeronáutica Civil publicó que durante el 2018 el aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez recibió un millón 388 mil 706 viajeros, lo que significa un incremento de 3.45 por ciento comparado al 2017.


En instalaciones aeroportuarias debe contar con un Diagnóstico y un Plan de Manejo para el control de la fauna, como roedores, mamiferos, aves, serpientes y hasta cocodrilos representan un riesgo para la actividad de las aeronaves.
Uno de ellos es el Ángel Albino Corzo en Tuxtla Gutiérrez, que tiene zonas donde abundan diversas especies, sobre todo aves que anidan ahí.


Desde 2010 a la fecha, la Sociedad Operadora del aeropuerto internacional cuenta con la empresa APSACA Consultores, que lleva a cabo este plan de manejo.


Luis Alberto Pineda Alcázar, encargado de Control de Fauna del Aeropuerto Ángel Albino Corzo, indicó que su labor es mantener un cercado perimetral en buen estado y reducir la presencia de fauna en el aeropuerto.


“Básicamente nuestro trabajo es reducir el riesgo por la presencia de fauna en el aeropuerto, basándonos en dos acciones básicas: La exclusión de la fauna, es decir, evitar que los animales entren a los aeropuertos, manteniendo u  cercado perimetral en buen estado, las franjas de pista deben encontrarse podadas a una altura no más de 15 centimetros”.


De acuerdo a informes de “Aeropuertos y Servicios Auxiliares”, los diagnósticos y planes de manejo son elaborados bajo las recomendaciones de la Organización a Aviación Civil Internacional.


“El ahuyentado a través de medidas auditivas, visuales como cañón sonoro, luces laser, megáfonos, maniquíes, también utilizamos la captura y la reubicación de animales, algunos animales que logramos capturar vivos son reubicados dentro del mismo aeropuerto para que cumplan sus ciclos biológicos y controladores biológicos de fauna o bien ya depende de su tamaño o peligrosidad hacia el ser humano podemos reubicarlas en la áreas naturales protegidas”, agregó.


Al realizar sus recorridos y monitoreo se apoyan en el arte de la cetrería, que es un tipo de caza con aves rapaces entrenadas; para ello cuentan con aguilillas y halcones peregrinos, además de perros adiestrados.


Desde la Torre de Control les avisan si hay algún avistamiento de animales y ellos entran a las áreas operativas para dispersar la fauna, que permita el despegue y llegada de aeronaves de manera segura.


Miguel Ángel Abadia Gordillo, médico veterinario zootecnista explicó que cuentan con un ejemplar que esta enn capacitación.


“Son aves predilectas al servicio de lo que estamos realizando aquí en el aeropuerto, un halcón peregrino más o menos para que empiece a volar nos llevaría entre uno y dos meses y un poquito más de tiempo un par de meses más para que ellos tengan experiencia de cómo volar, cómo cazar y tener las habilidades para ahuyentar y dar el servicio aquí en el aeropuerto”.


En la zona hay zopilotes, garzas, zanates, perros, conejos, tlacuaches, zorras, sapos y serpientes.


“Biológicamente ellos son depredadores y las otras aves que nosotros necesitamos que se vayan del área operativa pues a ellos los ven como una amenza natural”, señaló el experto.


La central aérea tiene 740 hectáreas, una pista de concreto de dos mil 500 metros de longitud, otra paralela para rodajes, un edificio de pasajeros para la aviación comercial, una plataforma para la aviación general, hangares y una base militar.

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