Teotitlán del Valle: tejida sobre lienzos de lana

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

La urdimbre en el telar

Erigida al cobijo del cerro del Picacho, Teotitlán del Valle es una población tejida en lienzos de lana. Lugar mágico donde los hilos cuentan historias acompasados con el zig, zig, zig del telar. Espacio que se tiñe de grana cochinilla, nogal y añil, colores de “la tierra de dioses”.

Es aquí lugar de hombres y mujeres poseedores de un talento único que como grega se despliegan en tapetes para dar cuenta de su cosmovisión, la vida diaria, el respeto a la naturaleza y su cultura orgullosamente zapoteca.

“Inicié desde muy chica, tenía diez años cuando empecé a cardar la lana del borrego. Desde niña nos enseñaron a separar la lana, la negra de la blanca. Íbamos al río a lavarla, después tallamos y la poníamos a secar”, recuerda Tomasa Chávez, quinta generación de una de las cientos de familias artesanas de la localidad.

Solo los hombres tejían

Antiguamente, este oficio sólo era realizado por los hombres, pues distintas creencias relegaban a las mujeres del arte de tejer. Hasta hace un par de décadas, algunos de los argumentos era lo pesado de la labor, ya que los tapetes, algunos de hasta cinco metros de ancho, tienen un peso en el que se requiere hasta tres personas para cargar.

Otro argumento era que al requerir mucho tiempo de pie sobre los pedales, ya que las jornadas pueden extenderse todo el día o la noche, dependiendo de la urgencia del tapete, las mujeres podían acarrear dolores de espalda que les impediría ser mamás en la etapa reproductiva de su vida.

“Nos veían como mujeres delicadas, pero con el paso del tiempo demostramos que también podemos hacer este trabajo y actualmente hombres y mujeres tejemos por igual”.

Entre las manos de Tomasa, los hilos trenzan suaves pinceladas, hilvanan artesanías únicas que son “nuestro sustento, nuestra vida, nuestra cultura”, expresa.

Una cultura tejida sobre lienzos de lana

Trascienden fronteras

Cada diseño lleva impresa la imaginación de Sergio Martínez, su esposo, quien con su arte trascendió fronteras. Parte de sus creaciones están expuestas en galerías y museos de Estados Unidos.

El proceso para la elaboración de los tapetes inicia desde el trasquilado de los borregos para la obtención de la lana y la separación entre negro y blanco; posteriormente, ésta se lava y se pone a secar. El siguiente paso es el cepillado de las fibras o cardado. A continuación, la formación del hilo, que se hace con la ayuda de una rueca.

Hilada, se pone a cocer con alumbre para fijar los colores obtenidos de manera natural a través de plantas, minerales e insectos colectados o cultivados en las huertas, como son la cochinilla, el palo de zapote negro, el añil, el palo del nogal, entre otros.

Una vez teniendo la materia prima, todo se concentra en el telar. Ahí, los hilos de lana son entrelazados en la urdimbre que es abierta y cerrada con el apoyo de los pedales.

Dar vida a un tapete, requiere de horas diarias y hasta meses de trabajo, mucha concentración, paciencia y cariño.

Sueños, cosmovisión y acontecer diario, son plasmados en los tapetes de Teotitlán

Tierra de dioses

Teotitlán del Valle o tierra de dioses pertenece a la región de los Valles Centrales. Se ubica a 30 kilómetros de la capital del estado a las faldas del cerro del Picacho, considerado un cerro sagrado y místico, además de ser guardián de una gran diversidad de flora y fauna.

Recorrer sus calles empedradas nos conduce a un lugar mágico, pues si bien no posee un título como tal de pueblo mágico, sus calles y su gente merecen aquél denominativo. Casi en su totalidad, las viviendas de Teotitlán están erigidas en adobe y ladrillo rojo con puertas y ventanas de herrería, así como con techos y cornisas de teja.

En la lucha por preservar su lengua materna, los señalamientos y ubicaciones están escritos en zapoteco, con su traducción al español e inglés.

Dentro de los atractivos está el mercado municipal en donde se expenden parte de los alimentos tradicionales como los higaditos, moles en distintas variedades y guías.

También puede visitarse el templo de La Preciosa Sangre de Cristo, construido en el siglo 17, cuya fachada principal sobresale por su labrado de cantera. A un costado se localiza una pequeña área arqueológica. Además del museo comunitario “Balaa Xtee Guech Gulal”, cada uno de los talleres de telares está abierto al público en general para que conozcan de cerca la elaboración de las artesanías.