Ocotlán, donde los martillos cantan

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

Rosaura, tercera generación en la cuchillería artística, en el canto del martillo

El golpeteo sobre el metal tararea una melodía al ritmo de quienes empuñan la herramienta de trabajo, a veces tristes, a veces eufóricos, pero siempre con el temple de las mujeres y los hombres de Ocotlán, la tierra en donde los martillos cantan.

Ubicada a 44 kilómetros de la capital, Ocotlán de Morelos forma parte de las localidades seleccionadas para estar presente en los Lunes del Cerro. Su presencia en la máxima fiesta de Oaxaca, invita a conocer de cerca el lugar.

Uno de los elementos que la caracteriza es su actividad artesanal, entre éstas la cuchillería artística, en la cual están inmersas el 90 por ciento de familias en 45 talleres, explica Rosaura Aguilar Luna, tercera generación en este oficio.

El legado en Ocotlán -agrega- data del siglo 16, cuando los frailes dominicos llegaron a evangelizar. En un inicio se trataba solo de herrería, pero con el tiempo fueron dando terminados más elaborados y detallados a cada pieza.

Cada una es elaborada con material de recuperación desde muelles y pistones de carro, así como bronce de las llaves de agua, pernos, bujes y perillas de puertas de las cuales se hacen las empuñaduras, hasta huesos de animal y humanos; así, cada pieza forjada golpe a golpe del martillo, lleva magia y corazón propio.

“En una ocasión, un cazador trajo su dedo. Se había caído en la montaña y al resbalarse se atoró y voló un dedo, pero eso lo salvó. Sus amigos lo llevaron al hospital junto con su dedo, pero ya no ganaron ponérselo otra vez. El cazador trajo su dedo y nos pidió hacer con él el mango de un cuchillito. Los huesitos del dedo son muy pequeñitos y le hicimos un pisacorbata. Él quería conservarlo porque gracias a él está vivo”, relató Rosaura.

Mujeres ocotecas, en su vida cotidiana

Un breve paseo

Un mercado perfumado con mole, chocolate y chapulín; tierra de mujeres y hombres forjados con barro y hierro; lienzo multicolor a pinceladas de Rodolfo Morales; llevada del guajolote entre cohetes y música, así es Ocotlán de Morelos.

Adentrarse es quedar sorprendido con su majestuoso ex convento dominico construido a finales del siglo 16. Debido a su belleza, es una de las 10 maravillas edificadas por los dominicos, y por lo cual forma parte de la “Ruta Dominica” que año con año atrae al turismo a Oaxaca.

Visitar Ocotlán es hacer un viaje en el tiempo de la mano del maestro Rodolfo Morales, sobre el mural pintado en el salón principal del palacio municipal, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad el 21 de agosto de 2018.

Recorrer Ocotlán es extasiarse con los aromas del mercado, en donde cada viernes confluyen las poblaciones cercanas para ofertar sus productos; es deleitarse al respirar el pan amarillo, chiles secos, empanadas de amarillo, queso, fruta fresca y tlayudas, desplegados a lo largo de los pasillos, hasta caer en los comedores y encontrarse con Frida, envuelta en su mandil de flores.

Entonces el tiempo se detiene para que el paladar disfrute sorbo a sorbo una taza de café de olla, un buen trozo de tasajo sobre un plato humeante de enfrijoladas con hierba de conejo.

Ocho años de presencia en la Guelaguetza

Así, desde hace ocho años, Ocotlán de Morelos sintetiza una pequeña parte de su vida diaria, su cultura y tradición para compartirla al mundo.

El cuadro presentado por la delegación representa una de las tradiciones más antiguas del lugar, denominada "la llevada del guajolote el día de la boda". Aunque no se tiene certeza de la antigüedad de esta usanza, se calcula que tiene por lo menos un siglo.

El día de la boda, la familia del novio sale desde su casa hacia la casa de la novia llevando un par de guajolotes muertos, ataviados con vestimenta de gala. A la guajolota se le cuelgan los aretes y collares que portará la mujer en el enlace. El guajolote lleva amarrado al pico un cigarro. Todo ello se realiza acompañado de la algarabía de los cohetes y la banda de música.