El placer de cocinar con el calor del sol

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

Ni aceite ni agua; en la olla solar, los alimentos se cocinan con su propio jugo

Esas horas que Isabel Vicente Arriola dedica enterrando sus manos, para sacar de los escombros que aplanó una máquina, para juntar un kilo de botellas de plástico que le pagarán en tres pesos, la hicieron valorar la olla solar que recibió en febrero pasado.

Para demostrarlo, ha montado una mesa frente a la puerta de su casa levantada con láminas, a unos pasos de las faldas del relleno sanitario en la Villa de Zaachila.

Sobre el mantel despliega la ligera estructura plateada de la olla solar, coloca el recipiente de vidrio que funciona como base y en la olla vierte pedazos de mango y panela que deja con la tapa puesta, despreocupada.

“Así me puedo ir a hacer otra cosa y no me preocupo que se quemará”, dice, mientras con un cucharón mueve la mezcla que con la cocción despide su aroma que invita a esperar a probarla.

Mucho trabajo por unos cuantos pesos

Hace 19 años, Isabel llegó a vivir a esa colonia, El Manantial, una de las que circundan un relleno que ha rebasado su vida útil, en la Villa de Zaachila, pero administrado por el municipio de Oaxaca de Juárez.

El panorama de esos años ha cambiado muy poco. Las calles siguen sin pavimento, no hay drenaje y el camión con los cilindros de gas pasa muy poco; la venta de leña es más común.

“Un ciento de leña de ocote está en 200 y de encino a 250”, cantidad que le alcanzaría a Isabel para cocinar un mes, pero el problema es reunir el dinero.

Por trabajar en el turno de la noche, después de las 19:00 horas, la pepena en el relleno es más compleja. “Se recoge poquito con mucho sacrificio, porque todo lo entierra la máquina, debemos sacudirlo y ponerlo a secar”, pero deberá esperar a juntar suficiente material para que pueda ganarse 300, 200 u 80 pesos si junta cien kilos de botellas de plástico, latas de aluminio o cartón.

Para los reducidos ingresos de Isabel, una mujer recicladora desde hace 19 años, el uso de la olla solar representa ahorro

Agradecen usando la olla solar

Por eso, Isabel es una de las 30 mujeres más agradecidas con la donación de una olla solar. Su gratitud la demuestra usándola.

Fidelia Mosqueda Gracida, promotora del proyecto de cocineras solares en esta colonia y en la Agencia Vicente Guerrero, perteneciente también a la Villa de Zaachila, sabe que en conjunto son 50 mujeres a quienes se les entregó una olla solar y se les enseñó a elaborar todo tipo de alimentos.

Fue Lorena Harp -quien inició en el sureste del país el proyecto de las cocineras solares- quien la impulsó en esta zona marcada por las carencias y la precariedad.

Cocinar sin fuego

En la agencia Vicente Guerrero hubo quienes tuvieron sus resistencias, como la profesora jubilada Irma Jiménez Barrita, quien nació en San Agustín Loxicha y se formó en la tradición de cocinar con leña.

Así lo hizo hasta hace unos meses que su retinopatía diabética degenerativa le impide acercarse al fuego. Cuando desobedeció las indicaciones médicas, ese día se quemó, así que adquirió una estufa.

Al poco tiempo, en marzo pasado, la invitaron a participar en el proyecto, a pesar de que era su hijo Carlos quien cocinaba.

Aceptar la devolvió a la cocina, pero en el patio de su casa y con los beneficios del sol que atrapa una pared metalizada; el calor se centra en una olla que no necesita de aceite ni agua para cocinar los alimentos, sólo paciencia.

Por su salud. la profesora Irma no podía acercarse al fuego; la olla solar le permitió volver a cocinar

“No tengo que tocar el fuego, no me afecta los ojos y además, como sano”; lo único es que requiere el doble de tiempo para cocer los alimentos.

“Se cuecen paulatinamente, hay que moverle muy poco, me puedo ir a pasear y al regreso hay excelente comida bien cocida”, dice con la felicidad de no depender de combustibles fósiles ni el gasto cada vez más oneroso que representa para familias de bajos recursos.