Tlapazola: mujeres del barro rojo

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

Doña Eme, como conocen a Emerenciana, aprendió a elaborar piezas de barro cuando cumplió 13 años, a la misma edad que su madre Justa aprendió de su madre Albina.

SAN MARCOS TLAPAZOLA, Oaxaca.-La ausencia de los hombres que se llevó la migración convirtió a la alfarería de barro rojo en el refugio de las mujeres de este lugar que tratan de mantener una economía local de la cual están ausentes los apoyos oficiales.

La falta de un mercado dónde comercializar las piezas que pocas personas identifican con este municipio del Valle de Tlacolula, hizo que en el 2017 Emerenciana Aquino Martínez reuniera a otras 40 artesanas en una feria que este año tendrá su tercera edición.

“Son pocas las artesanas reconocidas”, las han perdido a falta de permisos, reconoce la también Presidenta de la Asociación mujeres emprendedoras de Tlapazola, quienes han encontrado trabas como la mayoría de mujeres que han salido a la ciudad de Oaxaca a intentar vender sus piezas.

“Nos las quitan, no podemos ni sentarnos en el suelo”, dice antes de admitir que a la laboriosidad para elaborar una pieza le sigue la dificultad para colocarla de manera directa con un comprador. A la par de organizar la Primera Feria del Barro Rojo, se formó la asociación que encabeza Emerenciana.

Después de un día o dos en que la pieza termina de secar, el barro de color rojizo bañará las piezas antes de hornearse.

Unirse, la opción

Primero, 40 artesanas como ella la apoyaron, ahora son 60, pero aún así representan a pocas en comparación con los cientos o más de mil familias que anclan en la alfarería sus ingresos económicos, de gran importancia si no llegan las remesas de Estados Unidos.

Si no realizar el quehacer de la casa o elabora tortillas, Eme y su madre Justa elaboran tazones, platos, comales, macetas, jarras u ollas por la mañana y en la tarde las pulen con una piedra.

“Es mi refugio”, dice con unos ojos vidriosos por el recuerdo de Justo, quien migró “al Norte” hace 18 años, tan pronto nació Laura, la única hija de ambos. Desde entonces no ha vuelto.

En el patio de Justina y Eme el horno, una suerte de comal de fierro, que arde con leña por ser colocada en la parte de arriba y abajo.

La alegría de una visita

La artesana de 38 años abre la puerta de su casa con la alegría de recibir visitas. En vez de una sala de estar tiene una improvisada sala de exhibición de más de 300 piezas, la inversión de horas de trabajo postrada con las rodillas al suelo o las horas que le robó al descanso para pulirlas hasta enrojecerlas.

Sólo cuando un turista toca a su puerta, suele abrir en espera de que se lleven un jarrón de los que tanto le gusta hacer o una vajilla completa que para seis personas cuesta dos mil 500 pesos, aunque no representa el valor real de la mano de obra.

Darla a un revendedor, como se hacía antes de implementar la feria, era peor. Una pieza que le vendían en 30 pesos terminaba en el comprador final a cambio de 120 pesos.

El altar, al centro de la sala de exhibición de doña Eme.

Desinterés

Esa falta de mercado estable la hizo participar en feria como la del tejate, en San Andrés Huayapam, donde le sugirieron hacer la propia.

El deambular por las oficinas de gobierno no le ayudó a contar con recursos. Cada artesana debió cooperar on 200 pesos para montar la primera feria que coincidía con el último fin de semana de julio, el que antecede al segundo Lunes del Cerro, en la temporada vacacional más alta para Oaxaca.

Lo único que consiguió fue apoyo para que la feria se incluyera en la actividades que promociona la Secretaría de Turismo durante esa etapa, así como la difusión en plataformas digitales,

“Es difícil. Ir a la ciudad a gestionar, muchos no sabían que aquí se elabora el barro rojo”, recuerda con los mismos ánimos de saber que ahora son 60 artesanas que volverán a cooperar para montar la feria, sólo que la autoridad municipal se ha sumado para apoyar con el mobiliario.

La feria, además de ser la única oportunidad del año en que mujeres como ellas se reúnen para exponer su talento sin salir de su comunidad, tiene un componente de cuidado y respeto al medio ambiente, no se darán bolsas de plástico ni ningún material desechable.

Para las personas que quieran venir a comprar durante la próxima feria del barro rojo lo ideal es que traigan su bolsa de mandado, canasto, vaso o cualquier recipiente para vaciar las bebidas o comidas que aquí también se venderán.