Las misteriosas calaveras de cristal

Expertos aseguraron que la calavera se remontaba a la época de los aztecas

El 1 de enero de 1924, Frederick Albert Mitchell-Hedges, un aventurero y escritor inglés, se encontraba investigando las ruinas de la ciudad maya de Lubaantum, (que significa “ciudad de las piedras caídas”) en Honduras Británica -hoy, Belice-, para buscar una posible conexión con la mítica civilización de la Atlántida.

Se trataba de un complejo arquitectónico impresionante compuesto por una gran plaza de piedra, varias pirámides, casas y cámaras subterráneas. Lo acompañaba su hija adoptiva Anna, una joven de 17 años, quien haría un increíble descubrimiento entre las ruinas: un cráneo de cristal.

Anna relató que “durante días veíamos algo entre las piedras al recibir los reflejos del sol y no descansamos hasta hacer accesible aquel lugar. Fui yo quién lo rescató, porque mis manos eran más pequeñas que las de los demás, y se lo enseñé a mi padre.

Él se resistía a creer en el descubrimiento de aquel cráneo de cristal. Los 300 indianos que trabajaron en las excavaciones se arrodillaron y besaron el terreno cuando el objeto fue llevado a la luz, mientras que los nativos mayas de la zona reconocieron al instante a la calavera de cristal como representación del dios de sus antepasados y oraron ante ella…”.

Misterioso cráneo

El misterioso cráneo de cristal encontrado entre las ruinas de Lubaantum sería conocido a partir de entonces como el “Cráneo del Destino”. Este misterioso objeto de cinco kilos de peso fabricado con cristal puro de cuarzo (tanto la mandíbula como el cráneo parecen dos objetos separados, pero provienen de la misma roca) que, salvo pequeñas anomalías, era anatómicamente perfecto, era posiblemente la representación de un cráneo femenino debido a su pequeño tamaño (12,7 cm. de altura y 18 cms de largo).

Y también tenía otras particularidades. Alumbrada por debajo, la luz salía por las cuencas, y alcanzada por detrás por los rayos del sol, un intenso haz luminoso (capaz de encender fuego) salía por las cuencas, la nariz y la boca.

En 1970, el restaurador de arte Frank Dorland aseguró, tras un análisis en los laboratorios de Hewlett-Packard, que esta pieza había sido tallada en contra del eje natural del cuarzo y que no presentaba huellas de herramientas metálicas. Creía, como Frederick Mitchell-Hedges, que era de origen atlante y que se habían tardado 300 años, durante varias generaciones de hombres, en tallarla.

Otros expertos, en tanto, aseguraron que la calavera se remontaba a la época de los aztecas, en 1.300-1.400 D.C. Sin embargo, los nativos que acompañaron a Mitchell-Hedges en su expedición decían que, según sus creencias, la “Calavera del Destino” tenía más de 3, 600 años de antigüedad.

Mitchell-Hedges y su hija siempre aseguraron que el “Cráneo del Destino” tenía poderes sobrenaturales. Se comentaba, de hecho, que la calavera de cristal instalaba pensamientos en la mente de quien la observaba y propiciaba algunas habilidades telepáticas. Frederick Mitchell-Hegdes relató en su autobiografía “El peligro, mi aliado” (1954), que el cráneo “tiene por lo menos 3.600 años de antigüedad y era empleado por el Sumo Sacerdote maya en ritos esotéricos. Se dice que cuando él deseaba la muerte con ayuda del cráneo, ésta invariablemente ocurría”.

Fenómenos paranormales

Los aficionados a los fenómenos paranormales también le han atribuido a la calavera de cristal otras propiedades, como cambios de color vinculados a las posiciones de los planetas, poderes curativos, la visión de imágenes en las cuencas de sus ojos y la captación de sonidos y de olores extraños.

Se cuenta que cuando la calavera fue expuesta en el British Museum, comenzaron a ocurrir una serie de extraños acontecimientos, como el repentino desplazamiento de objetos, especialmente durante la noche. El personal de limpieza del museo, asustado por estos inexplicables hechos, finalmente consiguió que la calavera de cristal fuera cubierta por un gran paño durante las horas nocturnas.

Los que propician el origen misterioso de la reliquia, aseguran que ésta no sólo tendría poderes sobrenaturales, sino que, además, no sería la única, tal como advierte una antigua leyenda maya, que afirma que existen en total 13 calaveras mágicas en la Tierra, todas de cristal.

Doce habrían sido talladas, presuntamente, en los 12 mundos que en el pasado remoto habitó la Humanidad, y la última, en la Tierra. Los atlantes se las habrían legado a los mayas y, con el tiempo, las reliquias de cristal se dispersaron. La leyenda afirma que el día en que se reúnan otra vez las 13 calaveras, nos contarán la verdadera historia de nuestra especie y nos transmitirán conocimientos que cambiarán la existencia humana para siempre.

Las otras calaveras de cristal

Existen otras calaveras realizadas en cuarzo, bastante parecidas al “cráneo del destino”, algunas de las cuales fueron descubiertas presuntamente por soldados en México en el año 1890. Una está expuesta en el Museum of Mankind (Londres), y otra en el “Musèe de El Homme” de París.

Esta última habría sido parte de un “cetro mágico” azteca del siglo XIII o XIV D.C., y habría sido usada para alejar a las serpientes y prever el futuro.

Otra calavera de cristal, la más grande de todas, se encuentra en la Institución Smithsoniana. Pesa 14 kilos y fue tallada, según algunos expertos, usando carburo de silicio, un abrasivo moderno.

Otra calavera de cuarzo es la de Mayán, un objeto de 10,79 cms de alto y casi cuatro kilos de peso que fue descubierta en Guatemala en 1912. Y, finalmente, también es famosa la llamada “calavera ET”, descubierta en 1906 en este mismo país. Fabricada con cuarzo ahumado, se caracteriza por la forma puntiaguda del cráneo y su mandíbula pronunciada, y fue bautizada como “cráneo de cristal ET” por su “aspecto no humano”.

Por lo pronto, debido a que es científicamente imposible datar la antigüedad del cristal de cuarzo con que están elaboradas estas reliquias, el misterio sobre el origen de estos artefactos persiste hasta el día de hoy. Algunos, en tanto, relacionaron la leyenda de los cráneos de cristal.