ESTAS LETRAS QUE LEES| Recuerdos de Oaxaca

La zona de “Pozas Arcas o la Cascada” es uno de los puntos más significativos del acueducto de la ciudad de Oaxaca.

El antiguo acueducto de Oaxaca fue levantado en el siglo 18. Partía del cerro de San Felipe; construido con muros de cantera, era el principal abastecedor del vital líquido a la capital del estado. En su camino recorría la tierra de los campesinos que habitaban en esos tiempos la región y quienes se servían del agua que circulaba y la utilizaban para sus cultivos, que después comercializarían en las diferentes plazas de la zona.

Se puede encontrar el rastro de lo que fue el acueducto en las faldas del cerro de San Felipe, en donde debido a la urbanización que ha sufrido la zona, prácticamente ha desaparecido debajo de las nuevas construcciones.

Pozas Arcas o La Cascada, es uno de los sitios más vistosos del acueducto, debido a su altura y a los arcos que atraviesan el río de Jalatlaco; si bien todavía se conserva en su mayoría, el acueducto dejó de funcionar a mediados del siglo pasado, cuando fue sustituido por tubería subterránea.

Los llamados Arquitos de Xochimilco forman parte de la construcción hidráulica encargada de transportar el vital líquido hacia la poza de agua. Comprende un recorrido de más de 300 metros, vistoso por sus arcos de medio punto, sus paredes de cantera verde y ladrillo de barro cocido.

Haciendo un recorrido de más de 6 kilómetros, el vital líquido viajaba desde los manantiales de la Sierra Norte hacía la caja de agua ubicada en la esquina del templo del Carmen Alto. Desde ahí, el agua se distribuía por una cañería subterránea hacia diversas fuentes públicas y privadas de la ciudad.

La historia de la construcción del acueducto se remonta al año de 1558 (37 años después de la caída de Tenochtitlan). En esas fechas, los frailes dominicos se comprometieron a realizar la obra desde los manantiales que se encuentran en el cerro de San Felipe, hasta lo que hoy es la Facultad de Medicina y Cirugía (en esos años se le conocía como la huerta de Diego de Leyva).

En el año de 1559, los religiosos incumplieron el contrato después de solamente construir 2 molinos que devolvían el agua a su cauce natural, sin terminar la obra que se habían comprometido a realizar; fue hasta 14 años después (1572); las autoridades reinician las negociaciones con los dominicos, debido a que estos volvieron a solicitar que se les donara agua; la solicitud recibió como respuesta la negativa por parte del municipio y no fue sino después de acatar ciertas condiciones impuestas para evitar reclamos por parte del grupo religioso, así como una porción del costo mismo de la obra.

En 1580 (22 años después de haberse iniciado el proyecto) y debido a quejas de suspensión de agua, el grupo religioso suspende la construcción. El caso quedó en el olvido hasta el siglo 18.

Fue hasta el año de 1722 cuando las autoridades citadinas se abocaron a reclamar a los dominicos la construcción de la obra como originalmente había sido propuesta, reanudándose la construcción en el año de 1728, a partir de la plazuela de la iglesia de San Felipe.

Pero fue hasta el año de 1730 cuando la Real Audiencia ordena al grupo religioso construir el acueducto desde la toma original en los manantiales del cerro de San Felipe, hasta el lugar donde se encontraba el segundo molino.

En el sitio donde se localizaba la poza de agua, aún se aprecia la frase: “Acabose en el año de 1751”. La obra fue financiada por los señores Juan Márquez, Manuel Landeta, José Sánchez y Juan Pascual Obrien.