Cosechan agua en "El Pedregal"

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

En el vivero de El Pedregal se propaga vegetación nativa de la zona.

SAN ANDRÉS HUAYÁPAM, Oaxaca.- Hace 14 años, Pedro Santiago Cruz se “volvió loco”; creyó que de una tierra árida y pedregosa en la que se habían convertido sus 3.5 hectáreas, podía obtener agua.

De la mano del Instituto de la Naturaleza y la Sociedad Oaxaqueña (INSO), en 2005 fue dando forma al centro demostrativo permacultura “El Pedregal”, que ha demostrado que el agua se puede cosechar.

La necesidad

“Antes yo lo cultivaba en forma empírica, con yunta”, recuerda Pedro, comunero de este municipio de los Valles Centrales, reconocido por la elaboración del tejate.

Poseer tierras en una cañada hacía que el agua de lluvia “se llevara la tierra”. Cuando Pedro se dio cuenta, “todo era puro cascajo”.

Otorgar un servicio a su comunidad le hizo coincidir y conocer al director del INSO, Juan José Consejo Dueñas. No se requirió mucho tiempo para compartir la preocupación por el medio ambiente.

La necesidad de Pedro y la experiencia del ambientalista los hizo juntarse y empezar a crear un proyecto “de cero”, donde no había nada.

La falta de recursos económicos no fue impedimento, tenía lo más importante, la fuerza de trabajo de sus cinco hijos y las ganas de cambiar el panorama para una familia, a subsistir de lo que la tierra otorga.

"Empezamos a trabajar con pico y pala". Al poco tiempo formaron una represa con una cortina de ferrocemento de 16 metros que llaman Las Tortugas.

Al principio, el agua se filtraba con rapidez al subsuelo, pero desde hace nueve años, el agua se conserva en el vaso de la represa y se mantiene durante los siete meses de estiaje, permitiendo utilizarla para riego.

 

Agua, despojada de valor

Albaro Santiago López, coordinador de El Pedregal, ve a este centro como un proyecto que junta a la sociedad civil y los tres niveles de gobierno que busca garantizar agua de calidad.

“Perdemos el valor que tiene el agua ensuciándola, cuando más del 30 por ciento de la población no tiene acceso de ningún tipo”, reflexiona.

El trabajo se ha encaminado a construir un tejido natural y social “para enseñarle a las personas que producen maíz, frijol, calabaza, a cosechar agua”.

Eso incluye hacer el proyecto autosustentable. Se requieren al menos 70 mil o hasta 80 mil pesos mensuales que en pocas ocasiones se obtienen de proyectos gubernamentales o de la sociedad civil, como la Fundación Gonzalo Río Arronte.

Pero también, el centro cuenta con una cabaña con todos los servicios, construida con materiales locales: tierra, arcilla, baba de nopal, madera y carrizo. Una recámara, media cocina, sanitario seco, energía solar y una cisterna de 10 mil litros litros de la que se puede disfrutar por 250 pesos por noche.

Cuenta con una construcción tradicional de teja y adobe para eventos o reuniones, espacios para acampar, un vivero y lombricomposta que al año genera entre 5 y 6 toneladas de abono orgánico.

En esta represa se acumulan hasta un millón 200 mil litros de agua al año.

Y llegaron los premios

Cuatro años después de haber iniciado este proyecto, éste fue elegido entre 5 mil propuestas del país y el señor Pedro recibió el Premio a la Conservación de la Naturaleza, junto con el INSO.

El premio le permitió que dejara de ser visto como un loco y reconocer su capacidad de cultivar donde había piedras y cosechar agua en un lugar seco. En 14 años, la capa arable de cinco centímetros aumentó a 42 centímetros.

Del pedazo de tierra que le permitía producir cien kilos de alimentos, ahora cosecha 500 kilos, sin necesidad de usar herbicidas o fertilizantes químicos.

La locura le otorgó a Pedro la capacidad de soñar, pero los alcances de ese sueño lo rebasaron; El Pedregal se convirtió en un ejemplo, una cañada puede recuperar su capacidad de captación y filtración de agua.

Al mismo tiempo da oportunidades de producción sustentable a familias de la comunidad y representa un centro de experimentación y capacitación en técnicas de agricultura orgánica y manejo integral del agua.

El centro permitió también apuntalar el Lush Spring Prize que el pasado 21 de mayo recibió el INSO en Londres, Inglaterra, en la categoría de Proyectos Establecidos.

Así, el INSO se convirtió en la única organización mexicana en recibir el galardón que representa una recompensa a los proyectos que desafían las percepciones sociales.

Junto con el director del INSO, Juan José Consejo Dueñas, Pedro Santiago acudió a Londres a recibir el premio y compartir una experiencia que anhela se replique en otras partes donde los productores pueden llegar a creer que su tierra ha muerto.