El carnicero de Kansas

Antes de Jeffrey Dahmer fue Robert Berdella. Ambos ligaban en bares gay a sus víctimas potenciales. Ambos eran sádicos y asesinos seriales. Los dos guardaban trofeos de sus presas, ya fuera en forma de fotografías instantáneas o cráneos en el refrigerador.

El primero mataba cuando sus amantes ocasionales amenazaban con marcharse, para posteriormente devorar. El segundo acababa con la vida de sus invitados para prolongar la sensación de poder que obtenía mediante torturas.

Ambos eran satanistas y, por una extraña coincidencia, fallecieron al interior de la prisión mucho antes de cumplir la sentencia que les fue dictada. En el par de casos, jóvenes desnudos y aterrorizados antecedieron su detención. La carrera homicida de Dahmer culminó en 1991, la de Berdella en 1988.

La permeabilidad social es quizá la característica que más explotan los psicópatas. Dahmer, Albrt DeSalvo, Dennis Nilsen, Ted Bundy y, por supuesto, Robert Berdella, se mezclaron perfectamente con sus comunidades, al grado de participar en programas de apoyo que les generaron respeto y simpatía entre sus pares.

No sorprende que los asesinos seriales de mentalidad psicopática sean considerados por algunos especialistas del fenómeno criminal como los modernos hombres lobo, pues de día se integran perfectamente a un mojón social al que por la noche, sin que haya necesidad de luna llena, y ya convertidos en monstruos, lo ataquen de manera brutal.

La trampa del asesino

Robert Berdella formaba parte de una organización vecinal de prevención del crimen. El proyecto preventivo, de hecho, sirvió de fachada para las actividades ocultas de Berdella. Varios jóvenes vagabundos, algunos de ellos adictos a las drogas, recibieron cobijo por parte del asesino. Muy pocos de ellos lograron salir vivos de la trampa tendida por el inquilino del número 4315 de la calle Charlotte, en Kansas, Missouri.

Nativo de Cuyahoga Falls, Ohio, Berdella llegó a la ciudad de Kansas en 1967 a estudiar en el instituto de arte local. Deseaba formar parte del equipo académico del instituto aunque terminó trabajando como chef.

En sus tiempos libres coleccionaba curiosidades y extrañezas, afición que desembocó en el establecimiento de un negocio al que llamó Bazarre Bazaar, el cual vino perfecto a la personalidad de su propietario, un hombre afín con los temas ocultos, y que de acuerdo con testimonios de la gente que lo conoció, vestía como “hippie gótico.

Las víctimas de Berdella

La declaración de Chris Bryson, de 22 años, quien al ser rescatado por la policía sólo portaba un collar de perro, abrió las investigaciones en torno a Robert Berdella, un visitante asiduo de los clubes gay de la localidad, donde era conocido como un individuo de cuidado por su conducta violenta.

Del mismo modo, las palabras de Bryson simplifican las rutas de dolor que transitaron las víctimas de Berdella (aunque sólo se le comprobaron siete asesinatos, su bitácora personal registra decenas de apodos y dígitos que pueden significar un mayor número de homicidios).

Bryson fue ligado por Berdella en un bar gay. Después de beber hasta la madrugada, ambos se dirigieron al hogar del segundo. La casa de Berdella estaba en un desorden completo y olía mal, aparentemente a causa de los tres perros con los que el dueño de la propiedad convivía.

Al subir las escaleras, Bryson fue golpeado en la cabeza por un objeto contundente. Al despertar estaba completamente desnudo y amarrado a la cama.

Durante los cinco días siguientes fue sodomizado reiteradamente, inyectado en uno de sus ojos con Drano y recibió descargas eléctricas en testículos y muslos.

Bryson siempre tuvo la certeza de que, de no haber saltado desde la planta alta de la residencia, su cuerpo habría terminado disperso en bolsas de basura, tal y como Berdella dijo que había sucedido con varias de sus víctimas.

Macabro hallazgo

Las indagaciones de las autoridades, que para entonces temían tener entre manos una réplica de John Wayne Gacy, condujeron al aseguramiento de un fajo de fotografías instantáneas en las que en 27 casos se trataba de hombres muertos. Dos cráneos fueron recuperados, uno en un armario y otro en el patio.

Se hallaron fragmentos de huesos pero nunca cuerpos enteros, pese a que, ya en el proceso, Berdella confesó siete asesinatos, proporcionando nombres y apellidos de las víctimas, una confesión con la que logró permutar la pena de muerte por la cadena perpetua.

Según Berdella, después de que se aburría de sus amantes, los asesinaba incrementando la tortura. Posteriormente los mutilaba con una sierra, acomodaba los trozos en bolsas de basura y esperaba el camión de basura del lunes. Más simple, imposible.

Cuatro años después de haber ingresado a prisión, el 8 de octubre de 1992, Robert Berdella murió de un ataque al corazón, llevándose consigo las imágenes excitantes y la cifra exacta de los desperdicios humanos que tanto placer le brindaron mientras estuvieron vivos.