Centro Histórico de Oaxaca, sometido al ambulantaje

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

Los intentos por desalojar de ambulantes la primera calle de Ricardo Flores Magón, han sido fallidos.

Cuando Yonan Salas y su madre María del Carmen viajan de Huajuapan de León a la ciudad de Oaxaca y deciden recorrer el centro histórico, saben a lo que se atienen: tratar de caminar entre comercios montados en la vía pública e incluso los pasos peatonales.

“No venimos tan seguido, pero ya tenemos referencia. Decir vamos a Santo Domingo o el zócalo es porque sé a qué me atengo”, dice con una resignación que a María del Carmen le evita invertir energías en quejas o críticas.

Para Yonan no le representaría una dificultad abrirse paso si caminara solo, pero lo es cuando trata de guiar a su madre de 59 años, quien es débil visual.

“Como no sé el tamaño del puesto, suelo pegarle a la mercancía”, sobre todo con su bolso. Es su hijo quien busca la mejor esquina para cruzar la calle con el menor riesgo posible.

El desorden comercial se combina con la falta de cultura vial, pero para ella la problemática se duplica, si no alcanzan a identificar un banco, un garrafón de agua, una mesa o cualquier cosa que haya en torno al puesto “ambulante”, María del Carmen tropieza o se golpea.

“No es nada más el puesto, sino lo que hay alrededor; andar esquivándolos es bastante incómodo e incluso nos tenemos que bajar de la banqueta para poder avanzar”, relató Yonan.

La venta en la vía pública, por encima de derechos de peatones. FOTO: Emilio Morales

Se mantiene el desorden

La posibilidad de una reubicación de los puestos en la vía pública del centro histórico de Oaxaca, tolerados, solapados, con permiso o sin éste, se extingue conforme avanza la administración municipal.

Maximiliano Néstor Ortiz Jiménez, presidente de la organización Benito Juárez, que agrupa a los comerciantes del mercado del mismo nombre, consideró una decepción los reportes que realizan a la autoridad sobre anomalías o la aparición de nuevos comerciantes en vía pública.

El descontrol del problema se puede observar alrededor de ese mercado, sobre la calle de Flores Magón, el zócalo, el andador turístico e incluso a las puertas del templo de Santo Domingo de Guzmán.

“Son de Iguala, en el estado de Guerrero”, termina por aceptar un vendedor que sin problema utiliza la explanada de Santo Domingo de Guzmán, a unos pasos de la puerta principal, para vender artesanías de barro con pintura brillosa.

Junto con él, otro más hace lo mismo y en las jardineras, al pie de los árboles de los framboyanes, una mujer no tiene prisa por instalar su puesto de ropa, por si la oferta en la calle de Gurrión, no fuera suficiente.

Su permanencia la entiende Néstor Ortiz, en los “compromisos” e intereses como económicos, con organizaciones políticas o líderes de ambulantes, los cuales “son mucho más grandes que los que se tienen con comerciantes establecidos”.

El comercio ambulante, cada vez más cerca del turismo, aunque no sean productos de origen oaxaqueño. FOTO: Emilio Morales

La calle, al mejor postor

“Lo que quieren es dinero”, dice con decepción una vendedora de artículos oaxaqueños en la calle de Miguel Cabrera, quien no revela su nombre por el temor de que sea identificada y se tomen represalias en su contra.

Con el cambio de administración municipal, inspectores municipales le intentaron cobrar 10 mil pesos para mantener su espacio.

Si no acepta pagar, corre el riesgo de que la retiren, a pesar de contar con permiso escrito expedido con más de diez años de antigüedad.

“Yo soy madre soltera, yo de esto sobrevivo y mantengo a mi hija”, asegura mientras muestra documentación de ella y su mamá, a quien originalmente le autorizaron vender en la vía pública.

Los documentos los acompaña de fotografías de diferentes fechas y recibos de pago, incluido el de 2018: "Quieren que yo me quite de un lugar donde llevo más de 10 años. O doy el dinero o me reubican en otro lado. Es todo o es nada”.

Los rumores de la venta de espacios en la vía pública se quedan en eso. Como en todo acto corrupto, quien compra no denuncia y quien recibe el dinero tampoco.

En este reajuste de control de los espacios públicos, el nombre de Josué Monterrey, director de Gobierno del ayuntamiento, sale a relucir.

Más allá de nombres, quienes tienen una dificultad para movilizarse libremente, únicamente piden que se eliminen barreras adicionales: “Que los reubiquen en un lugar idóneo para ellos”, no más.