Verificación vehicular: una opción saludable

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

Si el vehículo contamina ostensiblemente, el centro de verificación lo rechaza de inmediato

Luis Arturo Guzmán Espinosa tiene claro que las emisiones de su auto compacto modelo 2011 no dañan el ambiente. Apenas ayer cumplió con la verificación vehicular, pero eso no lo exenta de respirar aire dañino; con hasta 127 partículas menores a 2.5 micrómetros (PM2.5), seguían siendo “no saludable para grupos sensibles”, como los que tienen asma.

Faustino Martínez Robles también es de los pocos automovilistas que cumplen con una obligación que, considera, está sujeta al criterio de cada persona para “cumplir y cuidar el medio ambiente”.

Pero la preocupación de 35 mil 905 personas en el año por las emisiones que emiten sus vehículos particulares, no bastan; para el mediodía de ayer, el Índice Mundial de Calidad del Aire todavía seguía alertando que por las PM2.5, la calidad del aire es no saludable en la ciudad.

"A lo mejor creen que no se contribuye con la verificación"; "se ve la bruma en la ciudad y no hacemos nada", se quejan ambos que no entienden por qué la verificación vehicular no es obligatoria. Se paga, pero ninguna autoridad aplica operativos para detener a los autos que contaminan.

El aire que respiramos, cada vez peor

Por cada persona que paga los servicios para que su vehículo pueda circular y omite acudir a un centro de verificación, el Gobierno del Estado se beneficia con 429 o hasta 899 pesos.

De los 550 mil vehículos que cuentan con placas de Oaxaca, hasta la semana 19 de este año sólo han verificado 35 mil 905, informó la Secretaría del Medio Ambiente, Energías y Desarrollo Sustentable (Semaedeso).

La falta de una medida que sancione a los vehículos que generan emisiones que contaminan el ambiente o a los propietarios que no cumplen con la verificación vehicular, ha hecho que la medida tenga un fin recaudatorio y se aleje de toda posibilidad de cuidar la calidad de aire.

Cuarenta verificaciones por día, el máximo que realiza el centro de San Juan Chapultepec

Por encima de la calidad del aire

Esa es la única explicación que encuentra Miguel Aguilar Ortiz, responsable legal de la Unidad de Verificación UV-04 Lomas de San Juan Chapultepec -una de las cinco que existen en la ciudad de Oaxaca- para entender por qué únicamente el 7 por ciento de quienes pagan su tenencia y otros servicios vehiculares lleva su auto para el control de las emisiones contaminantes.

Si al semestre suman 7 mil personas las que acudieron a cumplir con esta responsabilidad, no representan ni una quinta parte de quienes al día acudían en 1997, cuando el ayuntamiento de Oaxaca de Juárez comenzó a implementar esta acción.

El subdirector del Medio Ambiente del ayuntamiento, Clemente Jesús Orozco, era regidor en ese tiempo y recuerda bien que desde 1996, la ciudad presenta un severo problema de contaminación que fue corroborado por especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Fuente móvil de contaminación

La principal fuente de contaminación eran los 46 mil vehículos que a finales del siglo pasado transitaban por la zona metropolitana sin pasar por un programa de verificación que en 1997 empezó a operar de manera voluntaria, pero después fue obligatoria.

“El Ayuntamiento que encabezaba Pablo Arnaud se fue a una controversia constitucional con base al artículo 115 constitucional para ejercer su competencia en la verificación y el Gobierno del Estado terminó por aceptar los costos de la medida; se impulsa un programa conjunto”, recuerda.

Para la verificación del segundo semestre, cada centro paga 150 pesos por el holograma que entrega al propietario

El problema vino después, cuando poco a poco las administraciones municipales fueron cediendo las facultades del ayuntamiento y ahora el Gobierno del Estado tiene la facultad exclusiva de la verificación, sin hacerla obligatoria.

“La verificación vehicular es cobrada de manera automática, pero no se realiza”, dice en entrevista y su dicho es fácil de comprobar en cualquiera de los 18 centros que operan en toda la entidad.

Para Miguel Aguilar, cuando realmente funcionó el programa de verificación vehicular, fue “cuando lo tenía el municipio”; el centro abría desde las 5 de la mañana y cerraba hasta las 11 de la noche.

En ese tiempo, verificar el automóvil era obligatorio y para quien no cumpliera, se enfrentaba a una detención. Ahora, los que más contaminan, son los que menos se acercan a los centros de verificación, aunque paguen.

Al Gobierno del Estado no les interesa obligarlos; si lo hace cada que un propietario cumple, el erario pierde dinero.