Pide arzobispo de Oaxaca que oren por sacerdotes

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

El arzobispo de Antequera-Oaxaca, Pedro Vázquez Villalobos pidió ayer a los católicos intensificar la oración por los sacerdotes porque resulta difícil alcanzar la santidad.

“Oren al doble, porque está siendo difícil, está trabajoso”, asentó.

En la homilía de la misa dominical oficiada en la Catedral de la Asunción, ante una imagen de la recientemente declarada beata por el Vaticano, Concepción Cabrera de Armida, fundadora de la orden Obras de la Cruz, el pastor religioso sostuvo que los sacerdotes necesitan más y más oración de los católicos, desde que se levanten, hasta que se acuesten, ante los retos y la situación actual.

“Nos está complicando este mundo la vida de santidad”, asentó.

Por eso, ante decenas de fieles y de religiosas de la Cruz, expuso que los católicos necesitan asumir la espiritualidad de la beata, conocida como la Madre Conchita, porque supo entender y encarnar el amor a Jesucristo en su propia vida.

“Siempre oró y pidió a Dios por la santificación de los sacerdotes”, apuntó

Pero, también llamó a los católicos a pedir la intercesión de la beata ante el Señor, para que los sacerdotes alcancen la santidad.

“Es un modelo de respuesta a ese mandato divino”, indicó.

Además, destacó que si los católicos asumen la riqueza espiritual de la Madre Conchita, crecerán en el amor a Dios y en el servicio a Dios, pero también podrán alcanzar la santidad y transformar el mundo.

“Así podemos decir que amamos a Dios, así podemos decir que amamos a Jesucristo, que amamos a Iglesia. Oaxaca necesita santos”, agregó.

La beata

Concepción Cabrera de Armida, nacida en 1862 en San Luis Potosí, fue beatificada por el cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos del Vaticano, el pasado día 4, en la Basílica de la Virgen de Guadalupe, en la Ciudad de México.

La Madre Conchita, quien así se convierte en la primera laica mexicana en ser elevada a los altares, fundó la Congregación Sacerdotes de la Cruz, con el nombre de Misioneros del Espíritu Santo, y posteriormente la orden de religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús.

Murió el 3 de marzo de 1937 en la Ciudad de México.