Oaxaca y don Juan Rulfo

“En Apulco, Jalisco, nací el 16 de mayo. Me llamo Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno. Me apilaron todos los nombres de mis antepasados paternos y maternos, como si fuera el vástago de un racimo de plátanos y aunque sienta preferencia por el verbo arracimar, me hubiera gustado un nombre más sencillo”, afirmó el ilustre escritor en una entrevista que le hiciera María Teresa Gómez Gleason y que integra el libro Juan Rulfo, obra completa, 2da. edición, de Editorial Ayacucho (1985).

Hoy conmemoramos el cumpleaños 102 del notable autor jalisciense, tan ligado a Oaxaca, sus culturas y geografía.

El arquitecto Víctor Jiménez, director de la Fundación Juan Rulfo, sostiene que don Juan “tenía una simpatía especial por Oaxaca” a la que “visitó por primera vez en la década de 1940” y que en el archivo fotográfico a cargo de la fundación, hay 350 imágenes oaxaqueñas. Sesenta y cuatro de esas fotografías ilustran el libro Juan Rulfo Oaxaca, que fueran exhibidas en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo de esta ciudad, en noviembre de 2009.

“Las protagonistas de casi la mitad de las imágenes de esta exposición son mujeres”, informa Andrew Dempsey, curador de la colección, y agrega: “Este hecho puede reflejar la decisión de Rulfo, o quizá el de quien hizo la selección de la muestra, Francisco Toledo, pero al menos tiene su origen en las circunstancias en que fueron tomadas las imágenes. (…) En cada imagen, la paciencia y fortaleza de estas mujeres se hace evidente. Uno siente la solidaridad de Rulfo con ellas”.

Don Juan Rulfo conocía casi toda la extensión geográfica de México, la que había recorrido trabajando como agente de ventas de una compañía llantera. Del amplio territorio nacional, le atrajo de manera especial el mundo indígena de Oaxaca y Chiapas. Muchos conocedores de la obra rulfiana coinciden en señalar que de sus visitas al distrito de Ixtlán de Juárez, puede haberse originado uno de sus cuentos más conocidos, “Luvina”. En ese relato, un exmaestro recuerda la ilusión con que había llegado a esa región que se yergue sobre la miseria y la desconfianza de los campesinos hacia el gobierno. Relata el mentor:

“Un día traté de que convencerlos de que se fueran a otro lugar, donde la tierra fuera buena. ‘Vámonos de aquí”, les dije. No faltará modo de acomodarnos en alguna parte. El gobierno nos ayudará.

“Ellos me oyeron, sin parpadear, mirándome desde el fondo de sus ojos, de los que sólo se asomaba una lucecita allá muy adentro.

- ¿Dices que el gobierno nos ayudará, profesor? ¿Tú no conoces al gobierno?

Les dije que sí.

-También nosotros lo conocemos. Da esa casualidad. De lo que no sabemos nada es de la madre del gobierno.

Este relato, según su autor, fue el origen de Pedro Páramo: “En Luvina encontré la atmósfera que necesitaba para la novela”. (Juan Rulfo a Armando Ponce, Proceso, 1980).

Durante el período en que realizó trabajos para la Comisión del Papaloapan (febrero de 1955 a noviembre de 1956), don Juan Rulfo hizo importantes aportes de difusión a la historia y culturas oaxaqueñas. En “Juan Rulfo y el mundo indígena”, su autor, Sergio López Mena, refiere: “(…) cuando se le solicitó un dictamen sobre uno de los libros fundamentales para conocer la historia social de Oaxaca, particularmente la de los municipios del distrito de Ixtlán, Rulfo recomendó la publicación de la obra, diciendo: “Los interesantes pormenores que en ella se tratan, hacen absorbente su lectura, dando una viva imagen de lo que es la Sierra y sus moradores, además de estar escrita en forma didáctica y sencilla. Por todos conceptos, sería conveniente que la Comisión del Papaloapan auspiciara la publicación de esta interesante monografía, ya que como documento de consulta o de conocimiento histórico y geográfico resulta positivamente útil, y quizá no superada por ninguna otra obra de esta índole en la región estudiada”.

En el mes de diciembre de 1954, en la realización del documental Danzas mixes, don Juan Rulfo, en compañía del fotógrafo Walter Reuter, partiendo de Oaxaca de Juárez, recorrió Ayutla, Tamazulapan, Tontontepec, San Juan Cotzocón, Santa María Tlahuitoltepec y Zacatepec, momentos que aprovechó para hacer fotografías del paisaje, las personas y la arquitectura.

Ex libris

* México indígena, número extraordinario, INI 1986, contiene colaboraciones de Andrés Henestrosa, Carlos Montemayor, Carlos Monsiváis, Renato Leduc y Fernando Benítez, entre otros, aportadas para despedir al gran escritor. Miguel Limón Rojas, entonces director general del Instituto Nacional Indigenista, escribe: “Don Juan: le decimos adiós con las palabras que dijera García Lorca a Ignacio Sánchez Mejía en circunstancias análogas: Estamos con un cuerpo presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores”.

* Juan Rulfo, por Alberto Vital; CNA, Ciudad de México, 1998.

Señala su autor: “En la historia de la literatura universal son contados los casos de las figuras que apenas con un puñado de páginas escritas llegan a merecer un sitio de honor entre los autores más encumbrados. El del jalisciense Juan Rulfo (1917-1986) es uno de ellos”.

* Juan Rulfo, un mosaico crítico; UNAM, Universidad de Guadalajara, INBA, 1988.

En 1987, al cumplirse un año de la muerte de Juan Rulfo, la UNAM y el INBA, convocaron a escritores procedentes de diversos ámbitos intelectuales –el universitario, el periodístico, el literario– a discutir, analizar, evaluar y recordar la obra y la persona del gran escritor. La convocatoria buscaba, con tal pluralidad de voces y miradas, componer un “mosaico crítico”, acorde con la complejidad y la riqueza del creador de El Llano en llamas y Pedro Páramo.

Escriben, entre otros: Edmundo Valadés, Hernán Lara Zavala, Federico Campbell, Andrés González Pagés, Paco Ignacio Taibo I y Christopher Domínguez.

Con estos pequeños recuerdos, conmemoramos el natalicio del maestro Juan Rulfo, quien alguna vez comentó que le hubiera gustado terminar sus días en Oaxaca, de acuerdo al testimonio de su hijo, el diseñador y artista plástico, Juan Pablo Rulfo.

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