Ladrilleros, los hombres del humo negro

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

Trabajo duro y carbono negro, el costo de los ladrillos con que se construyen casas, edificios o espacios públicos.

Cuando Pedro mira al cielo es para corroborar que está despejado de nubes y no tendrá que correr para levantar las decenas de bloques de lodo que ha alineado en el piso desnudo para que se sequen antes de pasar 22 horas en el horno de ladrillos. En lo que menos piensa es en la calidad del aire.

Si la autoridad municipal de Santa Lucía del Camino atendiera la “invitación” que le formuló la Secretaría del Medio ambiente, Energías y Desarrollo Sustentable (Semaedeso) de suspender la actividad de los 101 hornos ladrilleros que ahí operan, Pedro se pregunta: “¿Qué vamos a comer?”.

Desoyen “invitación”

Las lluvias que han caído en las tardes recientes han despejado el cielo de la zona metropolitana de Oaxaca, pero no lo han limpiado de todo los contaminantes que el pasado jueves que convirtieron el aire citadino en altamente peligroso.

El ambiente alcanzó índices de hasta 825 partículas menores a 2.5 micrómetros (PM2.5), tan diminutas y dañinas para la salud de las personas que las respiran, sin darse cuenta.

En apariencia, el jueves el cielo empezó a despejarse y permitió que los rayos del sol traspasaran esa capa de nata contaminante conocida coloquialmente como calina, pero la advertencia del Índice Mundial de Calidad del Aire, desde su sitio web, se volvió a activar la mañana de ayer.

Una pala y el cuerpo, las herramientas de trabajo de Pedro, un hombre que ha dedicado 40 años de su vida a formar y coser ladrillos.

Para las 11:00 horas de este sábado los 164 PM2.5 que registró la estación de monitoreo que se ubica en el Centro de Educación Artística (Cedart) indicaban que el aire de la ciudad era insalubre, pero la Semaedeso mantuvo su postura de que la calidad es “satisfactoria”, un nivel que se alcanzó hasta las 15:00 horas.

En contraparte, lo que empezó a subir ayer a partir de las 10:00 horas fue el nivel de ozono troposférico (O3). El índice más alto que se reportó fue de 83, dentro de la clasificación de no satisfactoria.

Pedro está alejado de esos desacuerdos institucionales. Ignora que el jueves el subsecretario de Cambio Climático de la Semaedeso, Floriberto Vásquez Ruiz, envió un oficio al presidente municipal de Santa Lucía, Dante Montaño, para invitarlo a instruir la suspensión de hornos ladrilleros por las condiciones climatológicas que dificultan la dispersión de contaminantes atmosféricos.

No se enteran

Así como Pedro, ni el propio presidente municipal Dante Montaño está enterado de la medida precautoria, la única que ha emitido la dependencia responsable de aplicar el Programa de Gestión para Mejorar la Calidad del Aire (ProAire) de la Zona Metropolitana de Oaxaca. El oficio, al momento de responder la entrevista, no había llegado a sus manos.

Lograr esa suspensión no la ve fácil, implicaría hablar con los propietarios de los hornos ladrilleros que en su municipio calcula que son 25, aunque no considera los 30 que están asentados en la agencia de San Francisco Tutla, de acuerdo con el inventario de emisiones que en 2013 realizó el Centro Mario Molina de la Ciudad de México.

En ese inventario, publicado el 1 de septiembre de 2018 como parte del Programa Estatal de Cambio Climático de Oaxaca 2016-2022, se reconoce que la quema de leña (que incluye los hornos ladrilleros), bagazo de ingenios azucareros e incendios forestales son las principales fuentes de carbono negro (CN) que para ese año en Oaxaca alcanzaban las 2 mil 410 toneladas.

En una de las dos medidas de mitigación que aparecen en el eje cinco del mismo plan, plantea que para reducir el carbono negro que se genera se debe eficientar la combustión de biomasa en hornos ladrilleros y cerámicos.

Eso debía implicar incorporar hornos ladrilleros de alta eficiencia para “lograr ahorros de 30% en combustibles (principalmente aserrín, madera y virutas)”, así como establecer incentivos en el pago de impuestos a las empresas que utilicen tecnologías eficientes y de bajas emisiones.

Contaminar sin culpa

La ladrillera donde trabaja Pedro demuestra que el discurso del programa dista mucho de la realidad de los hombres que sumergen los pies desnudos en el lodo mientras refriegan en una mesa -cuyo centro es una red metálica-la tierra chiclosa para atrapar con las manos la piedra y grava que deben desechar.

Pedro es sólo un empleado que trabaja a destajo. Si alcanza a elaborar y poner a secar 150 ladrillos que entrarán al horno, gana 150 pesos. Tiene un “patrón”, pero no le garantiza prestaciones sociales.

La música norteña con notas dolientes inunda el ambiente de una ladrillera a cielo abierto, sin paredes. Entre el lugar donde Pedro fabrica los ladrillos y donde el horno los cuece a costa de humaredas negras, hay una casa de lámina donde una mujer lava la ropa, sumida en un nivel inferior que dejó haber aprovechado esa tierra café.

Desde la infancia se naturaliza el trabajo duro y a fuerza de bocanadas de humo negro.

Ahora no hay tanta como años anteriores. Se debe pagar entre 8 mil y 9 mil pesos para que, una vez cada 15 días, un camión tipo volteo acarree tres toneladas de tierra de San Francisco Tutla, la agencia municipal de Santa Lucía donde predominan también los hornos ladrilleros.

Las bocanadas de humo negro que desde hace 20 horas llegan a salir de la ladrillera no atraen a autoridad alguna. La contaminación se ve con los ojos de la normalidad. Quienes viven cerca ya no se indignan.

Pedro no dimensiona el riesgo que para el ambiente significa hacer ladrillos, sólo entiende que es el eslabón más bajo donde empieza una cadena de sustento de la industria de la construcción.

Sólo la lluvia lo hace detenerse. “Si nos paran una temporada, qué vamos a darle a nuestra familia”, se pregunta.

Su barba y su pelo blanco develan que ha vivido más de medio siglo. Su piel endurecida por los rayos del sol y la fuerza en su labor, demuestran que es un hombre de trabajo duro al que le preocupa el dinero que va a ganar hoy. El cielo sigue gris, pero él nació con un porvenir ennegrecido.