"San Isidro Labrador, sé nuestro intercesor"; claman por lluvia en Zautla

Jesús SantiagoJesús Santiago

La mayordomía en Zautla se disfruta entre traguitos de curado y el rugir de los toritos de fiesta

Los rezos se tejen frente a la imagen de San Isidro Labrador, patrono de quienes se dedican a la agricultura. “Sé tú nuestro intercesor”, “En ti confiamos ante cualquier necesidad”.

El silencio solemne sólo es roto por el chisporroteo de las veladoras dentro del templo que cada año, en el inicio de la temporada de lluvias, se impregna del olor a flores frescas y fervor para solicitar al santo el desarrollo de una cosecha productiva y abundante.

En la población de San Andrés Zautla, ubicada en el distrito de Etla, Valles Centrales de Oaxaca, la mayordomía, es decir la fiesta de sincretismo religioso, es tradición que se preserva desde hace más de 70 años, y se realiza a pesar de cualquier vicisitud.

Es 14 de mayo de 2019, una humareda negra bailotea entre los cerros que marcan los límites de la población.

El incendio motiva al repique de campanas convocando a las y los comuneros. La mayoría sale al combate. Un grupo pequeño se queda en la iglesia a cumplir con la ofrenda de fe.

El rezo culmina. Los cuetes revientan de alegría. La banda de música tradicional lanza las primeras notas para encabezar el convite de flores hacia el centro del pueblo en donde se reunirán las y los agricultores con sus semillas y ganado para recibir la bendición.

Sobre la cabeza de las mujeres, enormes canastas adornadas con toritos de papel giran frenéticamente. La fiesta debe cumplirse y la comitiva recorre las calles departiendo dulces y curaditos de mezcal.

Los rezos a San Isidro Labrador claman un buen temporal de lluvia para la actividad agrícola

¡Queremos agua! ¡Queremos lluvia!, lanzan con júbilo para que la plegaria se cumpla pronto y se aleje la sequía que afecta al territorio oaxaqueño.

El canto de las chicharras acompaña el festejo que se bebe entre canutillos de carrizo, que se enreda en las faldas floreadas, que se abraza al cuello de las mujeres en pañoletas de brillantes colores, que adorna la regada de dulces y se tiñe con el color de las milpas.

Fandango y fe

La fiesta al santo patrono en Zautla es tradición y cultura que resiste a la extinción del trabajo en el campo.

Es celebración enraizada, es un canto a Dios para que derrame bondad en la sedienta tierra, melodía para que brote el maíz se logre la cosecha y haya alimento en las mesas.

Al paso del convite la gente se suma, se solidariza llevando en sus canastas alegría de un pueblo de raíz profunda, un pueblo asentado por el año 1380 que late con corazón orgullosamente indígena de composición mixteca y zapoteca.

Un pueblo que con la Guelaguetza danzan los jardineros y se teje la granada al compás del violín.

En el recuerdo de Bernardo Aceves Martínez, comunero de la localidad, la mayordomía en honor a San Isidro Labrador se remonta varias décadas atrás.

Una vaga imagen lo ubica de niño de la mano de su padre.

“Yo tengo 70 años, pero la fiesta ya existía mucho tiempo atrás. Yo acompañaba a mi padre”.

¿El campo sigue siendo próspero?

Bernardo, lo piensa muy poco pues como en todo el mundo, el desequilibrio ambiental ha alejado y escaseado las lluvias.

"Ahorita es más difícil pero la fe que tenemos nos lleva a seguir sembrando. El año pasado lo hicimos y gracias a Dios que recuperamos" –Mira a lo lejos el cielo gris, ahumado por el incendio-.

Mientras el sol se hunde entre los montes, el convite avanza hacia el centro de la población.

Más personas se suman llevando en manos carrizos coronados con toritos de papel. El jarabe del valle expande la algarabía.

A paso pausado, Doña Martina Chávez lleva bien abrazaditos sus tenates de maíz y frijol.

El sacerdote derrama agua bendita sobre las semillas para consagrar la siembra.

“Nosotros recogíamos mucha mazorca, frijol, alverja, garbanzo, pero ahora como no llueve bastante ya no hay cosechas, aún así no perdemos la fe. Esta vez voy a sembrar frijol y maíz”.