Doña Florinda Valencia Espinoza: una madre de tiempo completo

El nacimiento

Florinda Valencia Espinoza nació en Miahuatlán de Porfirio Díaz, hace ya varias décadas; pertenecía a la clase media, porque en la tierra de Díaz, había clase social. En el devenir del tiempo sufre la pérdida de su señor padre; para entonces ya era una pequeña niña. Antes de ella hubo otros hermanos y después vinieron más.

Sus padres trabajaban duro, pero viene la pérdida irreparable de su padre, mientras su madre quedó embarazada del último heredero. Florinda, por ser mujer, conjuntamente con su madre trabajaron arduamente.

Doña Florinda Valencia Espinoza es una mujer chapada a la antigua y como tal, tenía facciones muy bellas, con un cutis muy terso, un color de piel rosado; en esto se fijaban los pretendientes, pero sus padres no deseaban que se casara con uno de ese lugar, por los decires del pueblo, a quienes apodaban “los cuerudos”.

La inquietud y trabajo

Florinda Valencia Espinoza vino con su familia a la capital oaxaqueña, donde ya independiente, entabló un pequeño comercio en la colonia Figueroa; hasta ese lugar llegaban los pretendientes, entre ellos había uno que persistía, era estudiante de Medicina y un gran poeta; convencida por este joven, decidieron contraer matrimonio, para más adelante dar a luz dos niños y una niña, a quienes con el tiempo formó como buena madre, dándoles carrera de abogado, ingeniero civil y arquitecta.

En el transcurso del tiempo, Florinda pierde a su esposo, queda en una soledad de sufrimientos porque trabaja mucho, pues ya no tiene la ayuda del que un día fuera su compañero; sin embargo, resurge con más fuerza logrando superar la depresión; vuelve a trabajar ahora como modista, porque también estudió en una Academia de Corte y Confección.

De esa manera viste a sus hijos y a las personas que recurren a ella para la elaboración de alguna prenda. Es asidua lectora, le gusta mucho la poesía, estar al día de las noticias; a sus 86 años continúa siendo una mujer activa; todos los días, muy temprano, se levanta tomando la escoba para barrer su casa, siempre le ha gustado la limpieza, la cocina no se diga, es toda una chef con una comida muy rica como buena oaxaqueña.

Dentro de sus cualidades está la de una mujer muy humana, pues si un vecino está enfermo, siempre ella está presente en el momento preciso para brindarle su ayuda y sus oraciones ante el Señor Jesús, pues ella es ferviente católica. Y aunque el tiempo no perdona, le ha dejado ya una huella, el padecimiento de no escuchar, porque sus oídos sufrieron algún problema del que ningún médico la ha podido sanar; aún así, es muy inteligente, sabe leer los labios, respondiendo con ademanes lo que le están diciendo; aunque sí habla un poco, conversa con las personas con toda normalidad.

Y como corolario, hablando de una madre, recordemos al genial poeta tabasqueño Carlos Pellicer, cuando reza:

Hace un momento/ mi madre y yo dejamos de rezar./Rezar con mi madre ha sido siempre/ mi más perfecta felicidad./ Cuando ella dice la oración Magnífica/verdaderamente glorifica mi alma Señor y mi espíritu se llena de gozo para siempre jamás./ Mi madre se llama Deifilia/que quiere decir hija de Dios, flor de toda verdad./ Estoy pensando en ella con tal fuerza que siento el oleaje de su sangre en mi sangre y en mis ojos su luminosidad./ Mi madre es alegre y adora el campo y la lluvia y el complicado orden de la ciudad./ Tiene el cabello blanco y la gracia con que camina dice de su salud y de su agilidad”.

Con la belleza del poema de este gran mexicano, deseo a doña Florinda Valencia Espinosa y a todas las madres, un cúmulo de felicitaciones en esta memorable fecha.