El adiós de Brena

Julio Sánchez LeónJulio Sánchez León

La inmortal foto del juego de su despedida donde su mamá, María Cristina Núñez Armengol, limpia las lágrimas de la mejilla de un conmovido Jaime Brena.

Tras conectar su primer hit como profesional con Guerreros, el entonces primera base de los Rojos del Águila de Veracruz, Oscar Azócar (+) le entregó la pelota y le dijo: “ahora sólo te faltan mil”, una cifra que veía casi imposible. Ahora, Jaime Brena se retiró con cifra total de mil 300 imparables, una de sus grandes satisfacciones, expresó en entrevista con Noticias Voz e Imagen de Oaxaca el segunda base oaxaqueño.

Jaime se inició en el beisbol en la desaparecida liga infantil del Instituto Carlos Gracida (Icagra) con el equipo Jilgueros. A pesar de que su papá, Juan Brena Ricárdez, no era un especialista jugador de beisbol, se “empapó” de todo lo relacionado a la disciplina para apoyar a su hijo.

Haber acudido a una Olimpiada Nacional Juvenil con Oaxaca y que un scoutt de Poza Rica mostrara interés por firmarlo, le hizo convencerse que tenía el talento necesario y a su regreso buscó una oportunidad en el equipo de los Guerreros de Oaxaca, en 1997.

El mánager “Zurdo” Ortiz, los coachs Alfredo “Tribilín” Cabrera y el propio Nelson Barrera conformaban el cuerpo técnico, recuerda. Le dieron la oportunidad y sin duda unas las primeras cosas que llamó poderosamente la atención fue su fildeo, “que tenía muy buenas manos”.

Para el 1998 hizo pretemporada pero fue enviado a la Academia de El Carmen, Nuevo León de la Liga Mexicana de Beisbol, donde trabajaba horas extra. “al término de la práctica había una pared donde me la pasaba horas practicando el fildeo”. Así fue reforzando y perfeccionando su técnica. Esa que posteriormente lo haría ganar cinco Guantes de Oro como el mejor segunda base de la LMB.

Su esposa siempre lo apoyó en cada turno.

INOLVIDABLE

Su debut fue en 1999.

“Recuerdo que estaba en la banca y Nelson Barrera me mandó de emergente, y ese primer turno lo tomé como cuarto bat. Debuto con hit y recuerdo que el primer base era Oscar Azócar, quien cuando me da la pelota me dice: 'te faltan mil', y lo veía tan lejos, y mira, lo conseguimos”, externa sonriente el nativo de San Sebastián Etla.

Y es que a lo largo de sus 21 temporadas con Guerreros de Oaxaca y de sus 22 años en la organización como jugador activo, existen grandes recuerdos como extraordinarias atrapadas, épicos dobles o sencillos a la “hora cero” pero si hay que nunca va a olvidar, ese es el primer hit y su primer jonrón.

“Mi primer jonrón nunca se me va a olvidar, fue frente al cerrador de Tigres, Santos Hernández, quien después se hizo mi amigo. Hay muchas jugadas, atrapadas y carreras pero es algo que no se olvida”, relata el emblemático número 10 de la tropa de la Verde Antequera.

LA SATISFACCIÓN

Jaime Brena externa sentirse tranquilo, sin “hueco” alguno de lo que fue su trayectoria.

“Me deja mucha enseñanza y satisfacción porque todo lo que me propuse lo logré y eso al final de mi carrera me deja contento porque sé que todo lo hice con mucha disciplina, cariño, esfuerzo, perseverancia y mucho amor al juego del beisbol”.

EL “RUMMY”

Sin duda, un gran número de personas contribuyeron en algo con su formación como profesional y como persona, “comprobé que en el camino hay mucha gente que pone un granito de arena para que puedas mejorar en todos los sentidos en este juego de pelota”, comenta.

Y por cierto, si hay alguien que contribuyó de manera importante en sus fundamentos, fue Arturo “el Rummy” Cerino, aquel que fuera bat boy en Guerreros, quien con su equipo en la Liga de Beisbol Infantil y Juvenil Monte Albán, denominado Juniors, entrenaba a estos niños con un esquema profesional ante la experiencia que tenía de haber realizado dicha actividad laboral en otras organizaciones de la LMB.

“Él nos enseñó a como barrernos, a perfeccionar el bateo y el fildeo”, relata y lo recuerda como buena personal y con especial cariño por ese valor de la amistad que lo caracterizó durante su estancia en Oaxaca.

EL RETIRO

Sobre el por qué de su retiro a sus 38 años de edad, Brena deduce que concluyó una etapa y decidió hacerlo ahora antes de irse como “cartucho quemado” y para dedicar más tiempo a su familia.

“Las prioridades van cambiando, quiero darle mayor tiempo a mis hijos, a mi esposa. También llega el momento en el que tomar esta decisión no es fácil. Yo sé que puedo seguir jugando. Físicamente me siento muy bien. No quería esperar el momento en que ya no pudiera sostener un bat o agarrar una pelota para decir basta.

“Y queremos emprender nuevos proyectos para continuar creciendo como profesionista en otra área”, menciona, al tiempo de revelar que por el momento aporta en la organización desde otra trinchera, conociendo de temas deportivos-administrativos pero sin un cargo oficial al momento.

“Busco aportar a la organización que me dio la oportunidad de realizar mi sueño, que me acogió, y lo que tengo en mente es ir aportando con los muchachos, con la Academia Alfredo Harp Helú; seguirme preparando y adquiriendo conocimientos fuera del terreno de juego pero dentro del beisbol. Ahorita lo que me atañe es aprender en ese sentido”, indicó.

EL SUBCAMPEONATO

El campeonato de la Zona Sur y subcampeonato de la Temporada 2018.2, tuvo ingredientes especiales para Brena, quien no tomó turno alguno pero apoyó e impulsó a los jóvenes con su experiencia desde el dugout.

“Lógicamente quería jugar pero no puedo pensar sólo en mí. El punto es que somos un equipo y estaba funcionando así y lo que podía hacer en ese momento es apoyarlos en lo que pudiera, darles la palmadita para que siguieran haciendo bien las cosas, y aportar en lo que pudiera desde el dugout”.

Si hay un pequeño detalle que posiblemente pudo haber sumado otra estrella a su brillante palmarés pero que no se dio, fue jugar en ligas mayores. “Creo que, tal vez lo que faltó fue alcanzar las grandes ligas, estar uno o dos días ahí te da siempre un "plus”".

EL MENSAJE

Por último, el mensaje que deja un campeón del beisbol y la vida a esos niños y jóvenes que sueñan con jugar profesional:

“Es un camino largo pero se puede recorrer, lo primero es tener bien claro el objetivo porque de esta forma cualquier cosa alrededor que se presente, vamos a saber cómo enfrentarlo y a no desviarnos. Pero cuando no es así, cualquier distractor generará que no lleguemos a la meta.

“Van a haber adversidades pero les sugiero que perseveren, que será el valor que les permitirá alcanzar sus sueños”, concluyó para luego retirarse y seguir disfrutando de la compañía de su esposa Itziar, y de sus tres hijos: Sofía, Jaime y Mateo, de 10, cinco y dos años de edad, respectivamente.