A propósito del cinco de mayo

Las expresiones de falta de respeto a esculturas que representan identidad nacional son una muestra del poco interés por parte de la ciudadanía.

La historia de la batalla de Puebla todos la sabemos; trata del heroísmo del pueblo mexicano que derrotó al mejor ejército del mundo, en un momento histórico en el que se necesitaba estabilizar el país, para establecer las bases de una nación cuando el territorio nacional se encontraba quemado, devastado y desgastado por la guerra de reforma; sin embargo, la ceremonia oficial del cinco de mayo, que por lo general va acompañado de un desfile cívico-militar, se ha encargado de borrar el sentido de Identidad Nacional que la guerra contra los franceses representa.

La batalla del 5 de mayo inicia con la invasión tripartita por parte de España, Inglaterra y Francia, con el pretexto del pago de deuda nacional y (según Paco Ignacio Taibo II) gansterismo internacional amenazaron con invadir territorio mexicano, llevando hasta el puerto de Veracruz sus tropas, cancelando con esto la única fuente de ingresos que tenía el país, la aduana del puerto; esto como medida de presión para exigir el pago al gobierno mexicano. La situación nacional era terrible, hacía 27 años de la independencia de Texas, 14 del tratado de Guadalupe-Hidalgo, en menos de 30 años México perdió más de la mitad de su territorio y ahora tenía que enfrentar esta nueva invasión militar.

Las negociaciones políticas permitieron establecer convenios con Inglaterra y España, sin embargo, Francia no quedó satisfecho, Napoleón III tenía otros planes para el recién formado país, sentía que era su turno de colonizar una nación americana y la herida y desgastada república mexicana estaba ante sus ojos. Napoleón II ordenó avanzar y así cinco mil soldados desembarcaron en territorio nacional, con indicaciones de invadir. Una vez más, la nación mexicana se encontraba en guerra y ahora contra el mejor ejército del mundo.

El General Ignacio Zaragoza nació en la Bahía del Espíritu Santo, Texas en 1829, tenía seis años cuando este estado se independizó, 16 cuando se anexó a los Estados Unidos; es decir, se quedó sin patria chica, solo le quedó la patria grande y por ella y por su gente, entregó su vida. Cuando Francia comenzó las hostilidades, Zaragoza era ministro de la Guerra en el gobierno del presidente Juárez, es decir, es un alarde de humildad, disminuyó su grado militar para poder dirigir al Ejército Nacional.

Para defender la ciudad de Puebla, el ejército de Oriente tuvo que enfrentar también la apatía de la gente local, conservadores en su mayoría y quienes dirigidos por el Arzobispo Labastida, pretenden organizar un Te Deum y hacer sonar las campanas de las iglesias para dar la bienvenida a los franceses, a lo cual el General Zaragoza en sus cartas comenta: “Dan ganas de voltear los cañones y tirar para adentro”. El conflicto del General con la ciudad de Puebla es histórico; las cartas lo comprueban, los gobiernos y el clero han querido ocultarlo, pero están las cartas que lo prueban.

La batalla del cinco de mayo la ganó la nación mexicana, si bien después de ella el ejército francés emprendió un ataque que casi cumple sus objetivos, la victoria del ejército mexicano en Puebla es motivo de festividad nacional ahora y el nombre del General Zaragoza está escrito con letras de oro en la historia nacional; en su honor y memoria grandes avenidas en la Ciudad de México y Puebla llevan su nombre, sin embargo en la ciudad de Oaxaca, la calle de Zaragoza es conocida por otros motivos. El General muere de Tifus, contagiado por visitar hospitales militares de campaña, un 8 de septiembre de 1862; solo 4 meses después de la batalla de Puebla.

La batalla del cinco de mayo la ganó la nación mexicana, la victoria del ejército en Puebla es motivo de festividad nacional y el nombre del General Zaragoza está escrito con letras de oro en la historia nacional.

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