Oaxaca, fiesta y crisol de cultura y tradiciones

Oaxaca, crisol racial. Espectadores observan la Guelaguetza en El Fortín a finales de la década de los 40

Por su origen indígena y mestizo, la ciudad de Oaxaca de Juárez se ha convertido es un crisol de cultura, costumbres y tradiciones.

La Guelaguetza, la Noche de Rábanos, la Samaritana, las calendas, las fiestas patronales, los templos, los edificios coloniales, los museos, la música, los bailes, los huipiles, la comida tradicional, las aguas frescas, el téjate, las nieves, los dulces, el chocolate, el café, el mezcal y demás alimentos, procedentes de las ocho regiones del estado, hacen de la capital una metrópoli brillante de gran diversidad cultural en cada calle y en cada esquina.

Aunque la riqueza monumental de los edificios de cantera verde de su Centro Histórico, trazado de manera horizontal, es lo que más maravilla de Oaxaca de Juárez, porque ese ejemplo de la arquitectura novohispana, se puede apreciar sin que algo obstaculice su visión.

Por eso, junto con la zona arqueológica de Monte Albán, fue declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) desde 1987, debido a su belleza y modelo de urbanismo.

“Las obras de arquitectura representan el marco de la vida cotidiana, pero también son reflejo moral y social de su tiempo. Por eso, la continuidad de su pasado y presente, es vital para saber cómo fuimos y cómo somos”, describió la investigadora Dora Cecilia Aceves Martínez, estudiosa de las calles y casas de Oaxaca.

Sin embargo, la cocina tradicional y su moderna gastronomía, también hacen resplandecer a la antigua Verde Antequera, porque une el pasado con la modernidad.

Ya sea en los mercados, en restaurantes y en cualquier fonda, se pueden encontrar los moles, el coloradito, los higaditos, la clayudas, los chiles rellenos, el quesillo y los chapulines de Valles Centrales, que las garnachas, el tamal de iguana y el pollo garnachero del Istmo de Tehuantepec, la barbacoa de la Mixteca, el pan de la Sierra Norte, los tamales de tichinda y platillos de mariscos de la Costa o el chileatole y el pilte de la Cañada.

“Después de transitar la época prehispánica, el virreinato y la independencia, la ciudad de Oaxaca acrisoló toda esa diversidad cultural de sus pueblos indígenas y la que trajeron los españoles, para crear una cultura oaxaqueña, que es la reserva espiritual de la mexicanidad. Por eso, que viva Oaxaca”, afirmó el cronista de la ciudad, Jorge Bueno Sánchez