Conservadurismo evangélico, un riesgo

Bernardo Barranco.

México, como en muchos países de América Latina, vive la irrupción de grupos religiosos evangélicos que pretender imponer sus visiones conservadoras en la sociedad a través de la participación política, lo que entraña un grave riesgo porque la laicidad es una parte esencial de la democracia, afirma el maestro en Sociología del Catolicismo Contemporáneo por la Escuela de Altos Estudios Sociales de París, Bernardo Barranco.

Dice que estos grupos tienen una visión de la familia de corte patriarcal, existe el machismo, por lo tanto el rol de la mujer es secundario; pero además no aceptan el aborto o las nuevas parejas. “Es decir, la situación no es sencilla en el sentido de que el ascenso de estos grupos, como sucede en otros países, está forzando una agenda política regresiva; este es uno de los costos de esta presencia política de muchos grupos evangélicos”.

El colaborador de La Jornada, Milenio y de la revista Proceso, manifiesta que esta reconfesionalización de la clase política mexicana se hizo patente desde hace más de diez años, después de haber vivido una tajante separación entre la Iglesia y el Estado, “por una clase política que se percibe lejana e insegura frente a la población y usa lo religioso para legitimarse, como si estuviéramos en la Edad Media, para mandar el mensaje de que tiene la voluntad de Dios para su ascenso político y, dos, el voto disciplinado que muchos líderes religiosos venden”.

El negocio de la política

“Entonces hemos tenido fenómenos muy contradictorios como por ejemplo en Jalisco con el gobernador Emilio González Márquez que daba donativos a un santuario cristero; o los gobernadores de Veracruz y Chihuahua, Javier Duarte y César Duarte, respectivamente, que entregan sus vidas, familias y gestiones gubernamentales al Sagrado Corazón de Jesús y la Inmaculada Virgen María; tenemos casos como el de la destacadas feministas Beatriz Paredes que cuando fue presidenta del PRI, en el 2009, hizo una alianza con el PAN para la repenalización del aborto de las mujeres en 19 estados”.

Subraya que entonces lo que estamos viendo es un largo proceso en donde la laicidad del Estado está amenazada no solamente por los actores religiosos, sino por los propios políticos. “El tema requiere un debate nacional, porque debemos preguntarnos si ¿es permitido que los políticos hagan esto?, que violen ellos mismos las normas constitucionales o hay que repensar la laicidad”.

Momentos antes de participar en el foro Libertad religiosa y respeto del estado laico, realizado en el Congreso estatal, comenta que en México y América Latina hay una debacle de la Iglesia Católica, de la catolicidad, y por tanto la emergencia de nuevos grupos religiosos y no de los grupos históricos como las iglesias que provienen de las reformas de Lutero o Calvino.

“Son sobre todo el ascenso de grupos de carácter pente y neopentecostal, los llamados evangélicos, ellos son los que han ido creciendo de manera importante en América Latina, al grado de que tenemos en Centroamérica casi la mitad de los católicos que han desertado y el ascenso de estos grupos es importante, lo mismo que sucede en Chile, Colombia, Brasil. En Brasil el ascenso de Jair Bolsonaro no se explica si no es con el apoyo político de los grupos políticos”.

Bancadas evangélicas

Añade que entonces no solo es un ascenso de membresía, sino también un ascenso político, porque la mayoría de ellos tienen un voto que podríamos llamar disciplinado y esto en elecciones cerradas es fundamental. “Un 3 a un 5 por ciento garantizado tiene mucho poder, entonces los evangélicos están creciendo de manera fuerte, tienen bancadas evangélicas, incluso ya ha habido candidatos evangélicos como en Brasil y Costa Rica”.

Expresa que el hecho de que el presidente Andrés Manuel López Obrador haya hecho alianza con el Partido Encuentro Social (PES) manifiesta la importancia que le ha dado a estos grupos evangélicos o ahora la cercanía que tiene con grupos pentecostales, “pero no hay que confundirnos, en México todavía no podemos hablar de un voto religioso; la paradoja mayor es que los evangélicos votaron por López Obrador pero no por su partido, el PES, que perdió el registro, lo que significa que los evangélicos votaron en tanto que asumieron su ciudadanía no en tanto su religión; es lo mismo que con los católicos si de los 30 millones que votaron el 80 por ciento o menos fueron de católicos, no podemos afirmar que la Iglesia Católica apoyó a López Obrador, al contrario hay obispos que no querían saber nada de él”.

Destaca que esto no quiere decir que estos grupos no sigan creciendo y no sigan armando redes, etcétera; “creo entonces que el problema es complejo y denota que hay la emergencia de nuevos grupos que tienen incidencia no solamente en lo religioso, lo cultural, sino también en lo político”.