Abandonan la literatura en Oaxaca: Antonio Vásquez

Antonio Vásquez prefiere beber té que café. Viste una camiseta de rayas horizontales delgadas, blanco y negro, porta un colguije con una talla de jade y, en su muñeca izquierda, una pulsera de chaquira.

El autor de Ausencio, novela que lo hizo ganar el Premio Bellas Artes Juan Rulfo, habla de la industria editorial en México, del fenómeno del tuit, de los seguidores y de la diferencia entre libro y literatura. Hoy, en el Día Internacional del libro, lo acompañan en su presentación Patricia Salinas y Jesús Espina.

Hijo de migrantes oaxaqueños, el autor comenzó a escribir a los 20 años de edad; a los 26 ya había escrito Ausencio y tres años después ya la había publicado una de las dos editoriales independientes en México más prestigiadas, Almadía. En entrevista, comenta que no considera que haya sido muy larga la espera para publicarla y reconoce el impulso que le dio el premio.

Publicar en México

Al responder qué tan fácil es publicar con una editorial en México, apunta que no es nada fácil, porque por un lado existen las editoriales transnacionales, monstruos como el Grupo Planeta, un grupo multimedia español con sede en Madrid, que aglutina a empresas en seis áreas de negocio diferentes en 25 países del entorno de habla hispana y francesa y, Penguin Random House, perteneciente a la multinacional Bertelsmann SE & Co. KGaA. Por otro lado, las editoriales independientes.

"Son monstruos las primeras, publican cientos de libros al año y están consagradas a un público más grande; son corporaciones y quizá eso haga que el contacto con el escritor no sea tan cercano, ni tan humano, a menos que seas un escritor prestigiado; pero si eres autor de un libro más, el trato es distante. A veces se trata mucho de tener contactos. Por otro lado, están las editoriales independientes, estas son más atentas, más sensibles no solo a la obra, sino al autor y a los lectores".

El fenómeno Twitter

Antonio Vásquez cuenta que ha visto cómo muchos de los escritores que empiezan a publicar, es porque ya tenían muchos seguidores en Twitter, lo cual de alguna manera crea una plataforma o certeza de que va a vender libros. También ha sido testigo de cómo varios escritores tuitean todo el tiempo y opinan de todos los temas. Para él no es necesario subirse al pedestal de "escritor" para publicar sus opiniones o reflexiones.

"En Twitter hay escritores que opinan de todo, no sé cuál es el propósito. Yo pienso que quizá el escritor debería tener un mundo ensimismado y no estar buscando opinar de todos los temas. Yo opino desde quien soy, no desde mi figura como escritor".

Literatura y libro no son lo mismo

El autor de Ausencio observa que se suele confundir la literatura con el libro: "No es lo mismo. El proceso de hacer una obra literaria no tiene nada que ver con el objeto libro y toda esta industria editorial se sustenta la ilusión o falsedad de que el libro es literatura. Por ello es que el libro en sí mismo ya goza de un prestigio; por eso se publican tantas cosas que no son literatura y a veces estos títulos van a ferias y la gente de buena fe los compra, pensando que está comprando literatura".

Sus etapas como lector

El escritor refiere que para él hay cuatro etapas en su vida en las que ha elegido sus lecturas; la primera fue cuando era niño y estudiaba en Estados Unidos; ahí, en cada bimestre los visitaban representantes de una editorial llamada Scholastic Book Fairs y les proporcionaban un catálogo en el que podían elegir los títulos que querían leer; al cabo de unas semanas regresaban con los libros que habían elegido.

"Había libros álbumes, otros ilustrados y otros de pura prosa juvenil; había de ciencia y astronomía, en la que uno armaba sus modelos. Más adelante, en la secundaria empecé a leer mucha filosofía y biografías, tenía muchas inquietudes y los libros los encontraba en Oaxaca en La Proveedora, en la Porrúa o en la feria del libro".

Otra etapa fue en la universidad, cuando descubrió el existencialismo como filosofía y en la literatura leyó a los clásicos: Fiódor Dostoyevski, Hermann Hesse, Albert Camus y a Thomas Mann. Refiere que tras estas lecturas que lo impactaron tanto, se animó a dejar la carrera de Economía.

La cuarta etapa fue cuando ingresó a la Escuela Mexicana de Escritores y leyó tanto a escritores mexicanos como latinoamericanos; tanto a los del boom: Cortázar y Vargas Llosa, como a otros que habían dejado de gozar de fama, como Amparo Dávila, que ahora volvió a ser reconocida.

Los tops mediáticos

Sobre las listas de los escritores que se tienen que leer, que abundan en las redes sociales, Antonio Vásquez considera que quizá son estrategias de mercadotecnia de las editoriales, pero definitivamente ve una ausencia de crítica.

"Ahora los críticos son los mismos escritores que son parte de estas banditas de amigos y entre ellos mismos se reseñan o se van elogiando y así se van posicionando. Lo que ahora se ve en las mesas de novedades, son obras muy complacientes con el lector, libros sobre temas sociales y coyunturales; de eso es de lo que a veces se aprovechan las editoriales".

La escena literaria en Oaxaca

Antonio Vásquez comenta que la escena literaria o el movimiento literario en Oaxaca no ha alcanzado su máximo grado de potencialidad: "Es una ciudad más de artistas gráficos, toda la estructura cultural, estatal y privada se ha enfocado en eso, ha abandonado un poco a la literatura; hay algunos talleres, pero no hay mucho seguimiento, lo que hay en Oaxaca son grupitos y entre ellos se reúnen, pero no publican libros.

"Hay dos tipos de talleres: los temporales de un mes, que son muy cortos y prácticamente no puedes leer mucho y están otros, los largos, que se vuelven una especie de cárcel, porque no están trabajando una obra en sí. Yo creo que hay que saber cortar el cordón umbilical. Está padre estar con alguien que te enseñe, pero luego tienes que buscar tu propio camino".

Sobre Ausencio

En su novela Ausencio, el tema del alcohol es una de las vetas y comparte que llegó a la obra por dos razones: una cuestión estética y literaria; y otra porque en su familia, tanto materna como paterna, existe el alcoholismo.

"Cuando leí La lechuza ciega, de Sadeq Hedayat, me gustó que fuera una novela en la que todo es un delirio. Me gustaba lo nocturno y fantasmal de su atmósfera. El personaje central fuma opio y entonces la novela en sí resulta un viaje. Yo quería escribir algo fantástico, lúgubre o una pesadilla, así que qué mejor vehículo para llegar a eso, que el alcohol".