Reviven la pasión de Cristo en el penal

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, fueron las palabras que dijo Jesús de Nazareth, al morir crucificado en una espada de madera, y que fueron repetidas el viernes pasado por  Pablo A.L., al momento de llegar al clímax, de lo que fue la vigésima representación de la Pasión de Cristo, en el Centro de Readaptación Social (CERESO) de Santa María Ixcotel.

Con 37 años de edad, cinco de ellos, purgando una pena por un delito que no quiso explicar, minutos antes de iniciar la representación de las últimas horas de la pasión de Cristo, externó que para él es algo bueno representar el papel de nuestro Señor Jesucristo, “porque veo que mucha gente se está cambiando de religión”.

Por ello, después de dar vida  a otros personajes de esta escenificación, pidió hacer el papel principal para que la religión católica sigua fuerte, “me nació  y quiero sentir esa experiencia, porque uno pide la oportunidad y me la dieron”.

Durante los meses de febrero y marzo empezaron los ensayos, para esta que fuera una representación en la que quienes participaron, contaran con un mejor sonido y escenografía, que el año pasado.

Referente al vestuario que portaba cada uno de los personajes, explicó que lo obtuvieron gracias al apoyo del Cereso, así como de Prevención Social y de cada uno de los que participaron.

Indicó que al representar a Jesucristo lo hacía por su familia, por sus compañeros y por él mismo, “desde que me dieron el papel me siento diferente, tengo otra manera de pensar, de ver las cosas”.

 

La esceneficación 

Cada uno de los participantes se dirigieron al lugar indicado para prepararse y brindar una escenificación, lo más real posible de los momentos de angustia, miedo, tristeza, decepción, desde que Judas Iscariote entregó por 30 monedas a su Mesías hasta la crucifixión.

En tanto, en las bocinas se dejaban escuchar temas musicales de Lila Dowm, como “La Cumbia del Mole” y “Mezcalito”, entre otras, mientras que los internos vestidos con pantalón y playera color caqui, algunos con sandalias, huaraches y los que mejor estaban, con zapatos o tenis, empezaron a alimentar las gradas.

Minutos después de las 11:00 horas, cuando el astro rey empezaba a caer a plomo, sobre un lugar en el que tanto culpables como inocentes purgan sus sentencias, dio inicio la representación.

La primer escena fue cuando uno de los 12 apóstoles, Judas Iscariote recibe las 30 monedas  de los sumos sacerdotes, para entregar a su maestro; en tanto Jesucristo es tentado por el Diablo cuando se encontraba en el

Monte Getsemaní, donde con un beso en la mejilla, el traidor lo entregó.

El drama continuó cuando Jesucristo fue llevado ante Poncio Pilatos, quien al no ver delito alguno lo envió a Herodes, el cual lo declaró loco y volvió a enviarlo a Pilatos, quien se lavó las manos de la muerte de Cristo.

Llegó la hora de que Jesucristo sufriera de los azotes, donde con pequeñas tablillas de madera y látigos de cuero, se dejara la espalda marcada de Pablo, quien sintió, solo algunos de los castigos y vejaciones que soportó el Mesías, antes de morir clavado en la cruz.

Un viento suave se dejaba sentir en el lugar, las lágrimas por el dolor que se representaba en cada uno de los rostros de los actores, se sentía en algunos de los ahí presentes, quienes seguían con atención cada uno de los actos que se representaban.

Después, vinieron las últimas palabras de Cristo, para luego expirar.

Se hizo el silencio, el olor y el dolor a muerte se sintió en el ambiente, el amoroso, triste y desgarrador abrazo de María sobre su hijo, arrancó de nueva cuenta el sentimiento convertido en llanto de los ahí presentes, 822 internos expían pecados que los llevaron a ese lugar, donde las paredes sorben sus segundos, minutos, horas, días, meses, años.

En este año participaron 40 internos, entre pueblo, papeles principales y sonido; en el caso de las mujeres participó la maestra de teatro, personal femenino del CERESO y familiares de internos.

 

Representacón número 20

José Jarquín López, director de dicho Cereso comentó que para esta edición, que es la número 20, contaron con la participación de las Personas Privadas de la Libertad (PPL).

Donde, para darle realce a esta tradición, “tenemos a una maestra de teatro que originalmente era parte del sistema, salió del mismo, pero la contratamos para seguir con este trabajo de reinserción”.

Aseguró que “tratamos que esto sea vistoso, que les guste a las personas que lo vengan a ver y se lleven una buena impresión de lo que es el trabajo de la reinserción, ya que esto forma parte de la misma, es darles una herramienta de cultura y tradición, lo cual les sirve para sacar sus emociones”.