Feligreses católicos acompañan a Jesús en La Visita de las Siete Casas

La feligresía católica se volcó ayer al centro histórico de la capital para llevar a cabo el recorrido de las siete casas, que simboliza el acompañamiento de los fieles a Jesús en cada uno de sus recorridos desde la noche en que fue apresado hasta su crucifixión.

Punto cumbre del recorrido fue el primer cuadro de la ciudad, donde se ubica la Catedral oaxaqueña, un imponente edificio de espléndida fachada de cantera, compuesto de tres cuerpos al estilo barroco; y el templo de la Compañía de Jesús con su fachada convexa que corona el nicho que contiene la escultura de San Ignacio de Loyola, fundador de la orden Jesuita.

Es este cuadro de concreto y cantera se manifiesta también el sincretismo religioso de nuestra sociedad. Los miles de católicos que silentes recuerdan la Última Cena, la oración en el huerto de Getsemaní, su detención y comparecencia ante Anás, su recorrido a la casa de Caifás, su comparecencia ante Pilatos, ante Herodes, su coronación con espinas y su recorrido desde la casa de Pilatos hasta el Monte Carmelo para su crucifixión; pero también la diversión de los turistas nacionales y extranjeros que visitan la ciudad.

La música de diversos géneros es estridente, a pesar de la celebración religiosa; la felicidad pletórica y ruidosa. Todo en medio de un mercado nocturno que lo mismo ofrece artesanías, comida, joyería de fantasía, accesorios para teléfonos celulares, dulces, cigarros, ropa y hasta matracas.

Las familias religiosas caminan con sus palmas y panes pequeños en las manos, en medio de un saturnal que invita a la fiesta. Pero nadie se molesta, unos y otros muestran respeto a sus creencias y convicciones.

El recorrido en el centro histórico es relativamente corto. A la izquierda, a una cuadra, se ubica el templo de San Agustín; sobre la calle de Independencia se ubican los templos de San Felipe Neri, la capilla de San Cosme y San Damián, así como la majestuosa basílica de La Soledad, con su rica portada de cantera en forma de biombo, hermosamente tallada en varias canteras. Donde la misa se ofrece en el amplio atrio ante centenas de feligreses. En frente, la pequeña capilla de San José también puede servir de casa.

Por el andador turístico, donde miles de turistas bajan a tumultos al centro de la ciudad con algarabía, uno encuentra el templo de la Preciosa Sangre de Cristo, para culminar en el amplio atrio de uno de los templos católicos más bello de América, el de Santo Domingo de Guzmán.

Adornada con luz incandescente sobresale su magnífica portada compuesta por tres cuerpos y un remate en el que se aprecia la figura de Santo Domingo y San Hipólito, los cuales sostienen un templo en el que desciende el Espíritu Santo.

Pero aún hay más, pues solo para conocer un poco más de la impresionante construcción de iglesias y capillas en el centro histórico de la ciudad, puede regresar sobre sus pasos para recorrer la iglesia de Consolación, aproximadamente seis cuadras abajo del zócalo en dirección sur, y de un poco más cerca los templo de La Defensa y San Francisco.