La envenenadora Locusta

Locusta está considerada como la primera asesina en serie de la historia

Conocida como “La Envenenadora”, . De origen galo, cuando llegó a Roma ya poseía todos los conocimientos sobre hierbas y venenos que la harían famosa.

Locusta era una mujer astuta y sin escrúpulos que descubrió muy pronto que sus conocimientos sobre las hierbas podrían abrirle muchas puertas en la ciudad donde las conspiraciones estaban a la orden del día, y donde el veneno era el arma predilecta de sus elitistas habitantes.

Muertes por causas naturales

La pura verdad es que no tardo mucho tiempo en ganarse la fama, y esta fue tan importante que incluso el autor romano Tácito la nombra en el año 54 d.C en su obra, Historia. Los ambiciosos romanos acudían en tropel a su vivienda en busca de un remedio para quitarse de en medio a sus enemigos, y Locusta siempre lo consiguió.

Es más, las muertes siempre fueron consideradas naturales. Esta situación llegó a un punto de inflexión cuando Locusta fue detenida por envenenamiento y condenada a morir; y estando a la espera de la sentencia fue requerida por la emperatriz Agripina para asesinar a su marido, el emperador Claudio I y a su heredero, Britanicus; ya que ambos se interponían en el ascenso al trono del hijo de Agripina, Nerón.

“Polvos de sucesión”

El asesinato del emperador se realizó durante una cena. Locusta, aprovechándose del gusto del emperador por las setas y del apoyo de su cómplice, el catador oficial, envenenó la cena del emperador con amanitas phalloides, uno de los hongos más letales que existen (Aunque otras fuentes hablan de que se trató de arsénico).

El emperador se convulsionó en agonía, sufriendo vómitos y diarreas, hasta que finalmente falleció.

El segundo asesinato encargado por Agripina fue el de Britanicus. Según los investigadores, el arma utilizada por Locusta fue la sardonia, una hierba cuyos efectos semejan los de un ataque de tétanos, provocando la contracción de los músculos faciales, y que dio lugar a la famosa “risa sardónica”. Finalmente Britanicus acabó asfixiándose debido a la parálisis del sistema respiratorio.

Acusada de 400 asesinatos

Tras el ascenso de Nerón al trono imperial, Locusta es inundada de privilegios y regalos. Pero esto duró más bien poco, ya que tras la muerte de Nerón, el nuevo emperador, Galba, la condena a morir por 400 asesinatos.

Espantosa tortura

Existen varias versiones sobre su muerte. Pero muchos concuerdan en que Locusta murió de forma atroz. Galba ordenó que fuera públicamente encadenada y violada por una jirafa amaestrada. Para después ser descuartizada por leones.

El femenino arte de envenenar

El veneno ha sido utilizado tradicionalmente por mujeres, muestra de ellos son los siguientes casos.

Las Toffanas

Esta historia transcurre en el siglo XVII, en Sicilia. La acusada, Giulia Toffana, desde chica elaboraba venenos para ayudar a jóvenes esposas a deshacerse de maridos indeseados. Ella fue la primera Toffana, la que inauguraría el veneno llamado “agua toffana”, y que consistía en un compuesto de jugos de hierbas que no dejaban rastro en las víctimas, siendo invisible a la mirada médica.

Las otras Toffanas, discípulas de ésta, morirían una en Roma en 1651 y la otra (Hyeronima Spada o Scala), ya heredera tardía, en 1780, condenada a muerte.

Manejó durante mucho tiempo su macabro negocio de vender veneno y preparar a otras discípulas, pero fue descubierta y condenada a la horca en 1633, tras ser torturada. Su cuerpo fue despedazado y lanzado a los cuatro extremos de la ciudad, como escarmiento de similares crímenes.

El “acqua toffana” se conoció también con los nombres de “acqua di Napoli”, “acqua di Perugia”, “manna di Santo Nicola di Bari” o simplemente “acquetta”.

Giovanna Bonanno, la “vieja del aceto”

Palermo, siglo XVIII. En una casucha de la calle del Noviciado vive una anciana a la que creen hechicera. No es más que una mujer hábil y astuta, que se aprovechó de un invento del boticario Saverio La Monaca para matar piojos.

La pócima: una libra de agua común, 3 onzas de vino blanco y un gramo de arsénico cristalino. Esta mezcla se hervía y se aplicaba en la cabeza de los niños.

Al morir accidentalmente la hija de una vecina por beber de aquel vinagre, a Giovanna le pareció una excelente manera de hacerse con dinero vendiendo este veneno a las mujeres que continuamente le pedían ayuda para “despachar” a sus maridos, por su fama de bruja.

El negocio funcionó hasta que, tras la muerte sospechosa de un hombre, el médico de cabecera empezó a hacer investigaciones, y con la ayuda de una vecina, logró un pomo del tal vinagre.

Y aquí acabó el cuento de nuestra Giovanna, que fue sentenciada a la horca, en plena plaza principal, a la vista de todo el pueblo.