Paseo en Oaxaca al canto de acordeón; crónica citadina

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

Es un paseo a canto de acordeón. El músico urbano va hilando con sus dedos aquella melodía que cuenta la “historia de un amor como no hay otro igual”. Cada nota se desliza en los oídos del turismo que poco a poco comienza a poblar las calles de la Verde Antequera.

El día sopla el aire cálido que acompaña las vacaciones de Semana Santa en Oaxaca, aquella que invita a los paseantes a vestir ligeros y reservarse el sol bajo un sombrero de palma.

A esa hora, cuando el reloj apenas araña las 11 de la mañana, Oaxaca de Juárez huele a un agua fresca de horchata con tuna; sabe a pruebitas de mezcal con el paladar ardiendo. Se viste de reflectores con el flash de cámaras y celulares apuntando a los alebrijes gigantes que decoran la fachada de una tienda de artesanías sobre el andador turístico.

En la calle Morelos, los vehículos pasan apacibles, sin prisa, sin el ajetreo que todos los días mueve a Oaxaca en esa carrera por ganarle el paso a una marcha o a un bloqueo. El Nito avanza ligero contando las historias de la ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad.

En algunos recovecos de los edificios, mujeres musitan pidiendo limosna, más adelante unos niños extienden hojas de papel con dibujos y garabatos que venden de a cinco y diez pesos.

Los paseantes siguen su camino hacia el zócalo, caminan bajo el laurel con el bullicio que hacen las hojas al ser abanicadas por el viento. Se respira tranquilidad.

En la terminal de autobuses, el movimiento aún es escaso. Se estima que la estación comience a saturarse llegado el jueves. “Nosotros somos de Oaxaca pero tenemos 40 años viviendo en Tapachula, Chiapas. Cada año en Semana Santa regresamos a nuestra tierra porque no hay mejor lugar que Oaxaca para vivir esta fecha religiosa”, explica Mercedes Pérez Cortés.

De acuerdo con la estimación del sector hotelero, a este facha la ocupación aún se encuentra en un 20 por ciento pero estiman que llegue al 75 por ciento.

Y es que los festejos de Semana Santa atraen cada año a miles de feligreses y turistas que recorren los templos del Centro Histórico y realizan la visita de las Siete Casas, para dar paso a la procesión del Silencio que se realiza el Viernes Santo, actividad en la que las imágenes de las distintas iglesias y templos católicos son retiradas de sus nichos para recorrer las calles del Centro Histórico.