¡Monumental! anoche inició la etapa final de "Juego de Tronos"

LONDRES, Inglaterra.- Hace ocho años, cuando el fenómeno Game of Thrones llegó a la televisión, los fans se preguntaban quién se sentaría en el Trono de Hierro en Westeros, qué alianzas se forjarían, qué traiciones, qué muertes inesperadas quebrarían el corazón.

Ahora, ante el inminente final, todo es más catastrófico: ¿Sobrevivirán los Stark, Targaryen, Lannister, Greyjoy, alguien siquiera, tras la caída del Muro y el avance del Rey de la Noche, con un dragón de hielo, y los suyos?

La octava temporada de Game of Thrones, la serie más premiada de todos los tiempos, con 47 Emmys, llegó ayer, por fin, por HBO.

"La manera en que David Benioff y Dan Weiss (los showrunners) pusieron punto final a todo... creo que no se podría haber hecho mejor.

"El tamaño de la serie, la escala de la producción... ¡lo que van a ver es monumental! Es más grande que cualquier película. No estoy triste porque esto haya acabado, estoy orgulloso por cómo lo acabamos", dice Nikolaj Coster-Waldau, intérprete del antes despiadado, y ahora redimido, Jaime Lannister.

En Winterfell, la alianza del Rey en el Norte, Jon Snow (Kit Harington), y la Reina Daenerys Targaryen (Emilia Clarke), con sus dos dragones, intentará hacer frente a la invasión de los caminantes blancos.

Y en King's Landing, la Reina Cersei Lannister (Lena Headey) prosigue con su idea de traicionar a Jon y Daenerys, no enviarles ayuda, sino eliminarlos con las huestes de Euron Greyjoy (Pilou Asbaek) y un infalible ejército de mercenarios llamado La Compañía Dorada.

Eso (según se aprecia en los adelantos promocionales) es lo poco que se sabe, pues nadie en el elenco se atreve a soltar un spoiler: a fin de cuentas, en la fantasía creada en los libros de George R.R. Martin, las sorpresas son el mayor capital.

"Mantener los secretos es importante", justifica Maisie Williams, quien da vida a Arya Stark. "Queremos proteger la historia y a los fans para que la gente disfrute de la manera en que pensamos".

Seis episodios, en promedio de 72 minutos de duración, tendrán la responsabilidad de cerrar el último arco narrativo de esta súper producción.

Uno de ellos, rodado durante 55 días y dirigido por Miguel Sapochnik, abarcará la que ha sido descrita como la más espectacular y brutal batalla de toda la historia de la pantalla chica.

A diferencia de Coster-Waldau, la mayoría de los actores admite sentir nostalgia por dejar atrás Game of Thrones, como Sophie Turner, quien tenía 15 años cuando se estrenó la serie.

"Ha sido increíblemente difícil decirle adiós a esto", admite la actriz que se puso en la piel de Sansa Stark. "Creo que estoy empezando a extrañar el fango, el sudor, la sangre, los olores de todos durante el rodaje. Me llevo las mejores memorias".

Gwendoline Christie, quien encarna a Brienne de Tarth, reconoce haber sido un mar de lágrimas durante su día final en el set.

Lloraba tanto por su personaje, una guerrera en un mundo de hombres, como por el punto de quiebre que significó Game of Thrones para la televisión y la narrativa.

"Lo que esta serie hizo fue introducir el concepto de narrativas no convencionales: ¡mataron a su personaje principal en su primera temporada (Ned Stark, interpretado por Sean Bean)! Me pareció desgarrador y maravilloso. Subversivo".