Zapotecas se reúnen con sus difuntos

CUMPLEN CON LA TRADICIÓN

Flores y veladoras, los infaltables

JUCHITÁN, Oaxaca.- Desde semanas antes, los juchitecos acudieron a preparar las tumbas, algunas todavía con las huellas de los sismos, hicieron arreglos, las pintaron para que este Domingo de Ramos acudieran a convivir con sus difuntos.

La entrada principal y los pasillos que lucen casi vacíos y silenciosos en todo el año, este domingo fueron abarrotados por miles de visitantes, que desde la madrugada hasta entrada la noche acudieron a depositar flores, a comer y tomar con sus familiares en las tumbas.

Los cientos de expendios abarrotan la totalidad del panteón e incluso han causado la molestia de los familiares que acuden a sus criptas, que denuncian que se ponen frente a sus tumbas, que incluso les tapan el paso.

La vendimia va desde los dulces tradicionales, las regañadas, los infaltables tamales de iguana, garnachas, tlayudas, tacos de cabeza de res, empanadas que se fríen en el mismo lugar y cerveza, expendios de cervezas en lata cada dos metros, que es la mercancía más vendida.

Los puestos de comida y cerveza tienen ahora un aditamento nuevo, la mayoría tienen bocinas que suben a un alto volumen, la que opaca el murmullo de los visitantes, el grito de las vendedoras y las bandas y conjuntos de cuerdas que acuden a tocar a las tumbas.

Esta nueva intrusión a la festividad del Domingo de Ramos, también ha molestado a las personas que conviven con sus muertos, se acabó la calma de años pasados en donde silenciosamente se contemplaban las flores y se cuidaba que no se apagaran las veladoras y los cirios; “no se puede ni platicar a gusto”, dijeron algunas señoras.

Apenas llega la noche, el panteón es un hormiguero, la ancha avenida principal que divide el panteón se llena de gente, es imposible caminar si no es lentamente, incluso a veces las personas se quedan varadas en medio del pasillo.

La avenida principal del panteón desemboca en el cementerio de la familia Charis, en la cripta familiar domina el busto del general Heliodoro Charis Castro; desde temprano, su hija Lugarda Charis Luna lleva flores y arregla el espacio en donde están enterrados, además, su madre Jacinta Luna y uno de sus hijos.

La fiesta del Domingo de Ramos llega hasta altas horas de la noche. La gente abandona el panteón, primero se van los padres cuyos hijos duermen en sus brazos, las personas mayores, por último los jóvenes que conviven entre sorbos de cerveza.

Arduo fue el trabajo para limpiar el panteón para la festividad, arduo se volverá el trabajo de limpiar todo lo que dejaron los visitantes luego de pagar la visita de sus muertos en octubre.