La generación

Con toda seguridad, en más de una ocasión hemos evocado nuestra infancia, juventud y el terruño, si estamos lejos, el lugar que fue escenario de esas aventuras. Estos ejercicios de evocación podrían darnos material, no para uno, sino para varios libros, pero la mayor parte de nosotros jamás emprenderemos semejante tarea.

La generación de Israel Castellanos, libro publicado por SECULTA, fue la obra ganadora del Premio Internacional de Cuento Mito y Leyenda Andrés Henestrosa 2016. El libro es una de esas obras en que la mirada de un experimentado escritor arroja sobre los acontecimientos de sus primeros años la luz de la reflexión y de las estructuras propias del quehacer literario. Estos acontecimientos tienen lugar, presumiblementeen Ixcapa, perteneciente al distrito de Jamiltepec, lugar de nacimiento del autor.

Israel Castellanos, siendo joven, se trasladó a la ciudad de México donde estudió filosofía y derecho y ha publicado varios libros; entre ellos destacan Escalera al cielo y En algún lugar, que le han convertido en referencia obligada cuando hablamos de literatura oaxaqueña.

La colección de cuentos que agrupa La generación tiene como tema central el entorno de su comunidad y los personajes que en ella se desenvuelven. Entre los personajes entrañables presentes en este recuento están Pascualito, quien nunca faltó a su trabajo como campanero de la Iglesia del pueblo; o Leonelda “…quien desde que yo la recuerdo era joven”, y Malaquías “capaz de levantar un kilo de plátanos con su pirrín”.

El mismo autor narra en primera persona algunas peripecias infantiles y juveniles, incluso la experiencia de sus primeros escritos que él llama “hojas perdidas”.

El cuento que da título a este libro La generación, trata la historia de un grupo de personas, todas pertenecientes a la generación del abuelo del narrador. Ellos pactan una serie de tareas para cuando, uno por uno, vayan pasando a mejor vida. El cuento está narrado desde la óptica del último sobreviviente.

Las particularidades de este lugar, escenario de lo aquí narrado, son precisamente las que nos hacen recordar a nuestros propios terruños, en los aspectos que pueden tener en común con las otras comunidades del estado.

Nuestros pueblos suelen compartir usos y prácticas comunitarias que se enraizan en el mestizaje cultural, el catolicismo y la consagración de la familia como el indiscutible núcleo de la sociedad; condiciones que nos permiten ser reconocidos por nuestros paisanos, aún en la lejanía de la migración, siempre y cuando precisemos: “Soy Fulano, hijo de Mengano, hermano de Perengano”.

El autor es absolutamente consciente de que la nostalgia está conformada tanto por la realidad de los acontecimientos, como por la fantasía de quien recuerda. Así es como la voz de Israel castellanos hace eco en todos los que tenemos un pueblo que recordar y al cual volver.