Romper el silencio de la violencia de género

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

Reconocer que se vive violencia y pedir ayuda, los primeros pasos para salir del círculo vicioso.

Durante 16 años su vida soportó golpes, insultos y amenazas.

"Le tenía mucho miedo a mi esposo, pero un día esa figura que veía como un monstruo atormentándome quedó reducida por el valor que yo había tomado para enfrentarlo", narra Ángela romper el silencio de la violencia.

Hace un par de años decidió darle un giro a su vida: “No fue nada fácil”. Ella espera su cita en el Centro Especializado para la Prevención y Atención de la Violencia Familiar, Sexual y de Género (CEPAVI), donde reciben acompañamiento psicológico para curar las heridas que causaron los severos episodios de violencia.

“Siempre fue violento, pero yo no lo veía así. Recuerdo que siendo novios llegó a mi casa muy tomado, le dije que ese no era momento para platicar y comenzó a jalonearme. Me zafé y como pude me metí a mi casa. Él entró y delante de mi papá y mi mamá me abrió la boca de un golpe. En ese entonces dije que no quería casarme con él, pero en la familia pesó más el qué dirá la gente”, recuerda Ángela, ahora con 52 años de edad.

Ella tenía 16 años, a pesar de haber resistirse a ese matrimonio se vio obligada a olvidar en el silencio la agresión.

46.1 % de las mujeres en Oaxaca vivió violencia de pareja a lo largo de la relación.  FOTO: Emilio Morales Pacheco

“Nos casamos y la situación siguió igual. Me pedía perdón y luego lo volvía a hacer. Pensé que yo tenía la culpa porque lo provocaba, me decía: es que si tú no te vistieras así ..., si tu no hicieras esto…, si tu no me dieras motivos... Llegué a asumir esa responsabilidad”.

Ángela fue aislada de familia, cambió su manera de vestir y caminar, todo el tiempo con la mirada en el piso. No era libre de hablar con nadie y si tenía que salir de casa lo hacía acompañada por su esposo. Comenzó a perder la tranquilidad incluso para conciliar el sueño. Él dormía con un machete debajo de la cama.

La violencia siempre estuvo presente y fue incrementando, Ángela llegó a pensar que lo único que podría librarla era el suicidio.

“Yo me decía: no quiero vivir así pero no encontraba la forma de salir. Él todo el tiempo estaba vigilándome. Yo no me decidía a dejarlo porque pensaba que afectaría a mis hijos, sin saber que ya estaban afectados por la violencia. Ese fue el punto que me hizo pedir ayuda”.

Nunca es tarde para salir del círculo de violencia.  FOTO: Emilio Morales Pacheco

El comportamiento de uno de sus hijos encendió focos rojos en la escuela. Ángela fue citada y por fin habló de lo que le sucedía: “Comencé a buscar ayuda psicológica para mi hijo y en el camino ayuda psicológica para mí sin que él se diera cuenta porque de lo contrario no lo iba a permitir”.

“Estaba completamente sola, tenía mucho miedo porque me decía que me iba a matar. No lograba salir de esa situación porque pensaba que era normal. Crecimos pensando que te casas y debe ser para toda la vida, aguantar con el marido que te tocó. Yo decía que el matrimonio era hasta que la muerte nos separara, pero después entendí que la que moriría sería yo”.

Hoy, frente al espejo, Ángela es una persona diferente, ganó seguridad y recuperó su libertad. El primer paso para lograrlo -señala- fue despojarse de la vergüenza y pedir ayuda, después, entender que la violencia que sufría no era normal.

Un día se plantó frente a su esposo y simplemente le dijo que se iría de la casa, que nadie la haría cambiar de opinión. Él reaccionó de manera violenta, amenazó con pegarle, pero ya no estaba frente a la misma Ángela durante 16 años había dominado.