La rebelión de las minorías en el Congreso del Estado

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En matemáticas es imposible que 6 le ganen a 16, pero en política, la experiencia, la humildad, el diálogo y la negociación pueden eso y más.

Así se demostró en el Congreso, donde la fracción parlamentaria de Morena, que coordina la diputada Laura Estrada Mauro, perdió la elección del defensor de Derechos Humanos y, lo más importante, evidenció que la votación mayoritaria está en otra parte, no en las curules pantones que controla.

Finalmente, los legisladores de su propio partido, y todos los demás de los distintos institutos políticos representados en el Congreso decidieron darle una lección: la jactancia y el engreimiento no son atributos de un político.

Los 30 votos para elegir a José Bernardo Rodríguez Alamilla como defensor de los Derechos Humanos, le gritaron a Estrada Mauro: puedes llegar a un cargo público importante por alianzas con grupos que buscan la gubernatura, puedes presumir el control de dinero, puedes disponer de las plazas laborales, puedes colocar a tu familia en cargos que nunca soñaron, pero lo que nunca puedes hacer es desdeñar a tus compañeros y a los otros integrantes de la Legislatura, porque las minorías juntas hacen mayoría.

La obcecación, intolerancia e incapacidad para dialogar con sus propios compañeros de partido, a fin de fortalecer la presencia de Morena en el Poder Legislativo, la llevó a perder una elección de 28 votos, a pesar de contar la sola bancada morenista con 26 representantes populares; más 3 aliados del Partido del Trabajo y 2 de las mujeres independientes. 31 votos en total, tirados prácticamente fuera de borda.

Su actitud mató el mito de la mayoría absoluta de Morena en la 64 legislatura. Cada voto depositado en la urna a favor de Rodríguez Alamilla, constituyó en la realidad un sufragio en contra de Estrada Mauro y su forma de conducir a sus compañeros en el Congreso local.

Impartió cátedra

Por eso el coordinador de la fracción parlamentaria del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Alejandro Avilés Álvarez, festejó la elección con una abierta sonrisa y se ganó el aplauso de sus compañeros. El maestro impartió una cátedra a su imberbe pupila, aunque solo si es capaz de asimilarla.

El miércoles pasado Avilés Álvarez tuvo que pactar una tregua con Mauro Estrada toda vez que no alcanzaba los 28 votos necesarios para ganar la elección, pero fue suficiente un día para hacer que seis diputados se sumaran a su propuesta, mientras la morenistas sólo observaba cómo se escapaba su mayoría absoluta entre los dedos.

Ese día, sin ni siquiera cuidar las formas, obligó a sus compañeros a congregarse en una angosta oficina para amenazar, manotear y exigir una solidaridad que nunca ha puesto en práctica, un apoyo que siempre ha negado, una comprensión que ha sido incapaz de ofrecer.

Su operación política, si la hubo, fue atroz, pues en lugar de ganar adeptos a su propuesta, algunos de sus propios compañeros de grupo cayeron ante el encanto de un viejo político experto en este tipo de situaciones. No en balde su mayor mérito de Avilés Álvarez es convencer o convencer a sus opositores.

Así el PRI que tiene solamente 6 curules, derrotó al grupo que en el directorio cuenta 16 diputaciones. Esto marcó el camino, el PRI sabe ahora que si es capaz de mantener un diálogo responsable y una negociación provechosa puede, en cualquier momento, convertir al gran monstruo morenista, en una minoría insignificante e intrascendente.

Cinco meses fueron suficientes en el Congreso para que los priistas demostraran que en política no se improvisa, que en política no se divide, que en política no se actúa con soberbia, porque entonces los contrarios se juntan y modifican la relación minoría-mayoría, con todo lo que esto conlleva.

En contexto la votación de ayer no fue a favor de Rodríguez Alamilla, fue en contra de Estrada Mauro. De su inexperiencia, de su forma personal de hacer política, -si la hace-, de su comportamiento gregario, con los integrantes de los otros partidos pero también con los de su misma bancada.

Por eso, la risa satisfecha de Avilés Álvarez. La mayoría absoluta ha muerto, ayer fue sepultada. Él la mató.