El asesino de las reinas de belleza

Fueron tres meses de terror absoluto. Para un grupo de mujeres jóvenes que vivía en torno al modelaje, el trimestre febrero-abril de 1984 representó algo más que vestir las prendas que caracterizaron a los llamados “horribles 80”: fue el tiempo de un asesino que gustaba de chicas bonitas en busca de una oportunidad en las portadas de revistas o en las pasarelas.

Apetito sexual

Christopher Wilder nació el 13 de marzo de 1945 en Sídney, Australia. Hijo de padres estadounidenses, su infancia fue estable, no obstante que a unos cuantos días de haber visto la primera luz estuvo a punto de morir, episodio que se repitió cuando tenía dos años.

Se ignora si ambos capítulos tuvieron secuelas en la conducta de Wilder, quien a partir de la adolescencia y hasta el fin de sus días estuvo inmerso en problemas, y no cualquier tipo de problemática, sino en la que tenía que ver con su apetito sexual.

A los 17 años, por ejemplo, fue arrestado con un grupo de amigos por violar en multitud a una adolescente en una playa de Sídney. El joven fue encerrado un año, en el cual recibió terapia de electrochoques. El resultado no fue el esperado por las autoridades, ya que a partir de entonces Wilder fantaseaba con tener sexo con adolescentes mientras les aplicaba toques eléctricos.

Con la idea de compartir sus sueños, Wilder se casó a los 23 años. Sin embargo, el matrimonio duró sólo ocho días, tiempo suficiente para que su pareja se diera cuenta de que el individuo tenía un lado oscuro que se materializaba a través de violaciones, como la que sufrió una enfermera, amiga de su fugaz esposa.

Vida de playboy

En 1969 decidió enterrar su pasado en Australia y viajó a Estados Unidos, asentándose en Florida. Tras colocarse en una empresa constructora, el futuro parecía risueño para Wilder, quien comenzó a participar en carreras de autos y a practicar la fotografía, actividades en las que destacó e hizo una fortuna considerable. Sus amigos envidiaban su vida de playboy, con autos deportivos y fiestas en yates.

Cadena de crímenes

Sin embargo, sus compulsiones lo habían acompañado en la travesía. Parapetado detrás de una cámara fotográfica y varias revistas de moda, que enseñaba a las jóvenes que prometía hacer famosas, lograba enganchar víctimas, a las que drogaba o dormía para después violarlas. Sus delitos crecieron en número y se acortaron en su periodicidad.

En los primeros días de marzo de 1984, la ex modelo Elizabeth Kenyon, de 23 años, visitó a sus padres, quienes vivían muy cerca de ella en Coral Gables, Florida.

Les contó que ocasionalmente salía a cenar con algunos amigos, entre ellos un ex novio, quien ya le había pedido matrimonio, aunque la diferencia de edad (él era 17 años mayor que ella) le impidió aceptar la propuesta. Pese a todo, Elizabeth se refería a este pretendiente como todo un caballero.

El padre de Elizabeth no creyó del todo la historia, primero porque la noche en que fue de visita, el señor Kenyon vio varios moretones en brazos y piernas de su hija y, en segundo, porque días después la joven desapareció.

La policía no puso mucho interés en la desaparición de Elizabeth, pues era común que las chicas reportadas bajo esa circunstancia se fugaran sin avisar con el amante. El señor Kenyon sabía que su hija no haría una cosa así, por lo que contrató al investigador privado Kenneth Whittaker, quien de inmediato desquitó cada dólar de sus honorarios.

Al visitar a Christopher Wlider, éste dijo que tenía más de un mes de no ver a Elizabeth. El investigador no se conformó con la versión y días después entrevistó a unos jóvenes de una gasolinera, quienes le dijeron que el día de la desaparición de Elizabeth, la chica cargó gasolina, aunque la cuenta fue pagada por un hombre que manejaba un Cadillac; al mostrarles la foto de Wilder, los trabajadores lo identificaron.

Cita con la muerte

Los restos de Elizabeth Kenyon nunca fueron encontrados, pero siete homicidios posteriores de aspirantes a modelos realizados por Christopher Wilder en un lapso de tres meses, colocaron a este predador como uno de los más violentos de Estados Unidos.

Y no sólo eso, en ese periodo el hombre cobró vidas en siete estados de la Unión Americana, por lo que un perfilador de conducta criminal señaló que Wilder era un homicida serial nómada, como lo fue Ted Bundy.

Christopher Wilder fue acorralado el 13 de abril de 1984 por dos patrulleros, que lo reconocieron en New Hampshire. El criminal, al ver que no tenía escapatoria, intercambió balazos con los uniformados, muriendo de un impacto en el corazón.

Otra versión dice que, al verse acorralado, tomó la decisión de suicidarse con un balazo en una de sus mejillas. Lo cierto es Wilder quedó a diez minutos de la frontera de Canadá, a donde pensaba huir. Se calcula que su cifra de homicidios rebasa las dos decenas. Y todas eran chicas bellas.