Devasta Prospera partería en Oaxaca

Ayer y hoy, el encuentro de parteras tradicionales

A falta de unidades de salud y personal médico, las parteras tradicionales se convirtieron en las guardianas de la vida y por cada una, en un sólo día llegaban a atender hasta cinco nacimientos, cantidad que ahora no logran ni en un mes.

La actividad ha sido tan devastada y desprovista de reconocimiento por parte de las instituciones, que la coordinadora de Nueve Lunas A. C., Araceli Gil Archundia, señaló que se ha fomentado “una cultura de terror al parto” y a las parteras ancestrales se les ha prohibido ejercer.

“Se ha cubierto con la idea de que un parto, en vez de ser un acto de amor es un hecho riesgoso y eso ha devastado la naturaleza y sagrado de los partos”, denunció.

Entrevistada durante las actividades del primero de tres días del Encuentro de Partería de Oaxaca, fortaleciendo nuestro camino, destacó que se busca reunir a las parteras de todas las edades para fortalecer el proceso de crecimiento personal y colectivo, compartir saberes en torno a complicaciones y emergencias durante el embarazo, parto, postparto y lactancia, así como analizar el contexto actual.

Peligra saber milenario

Previo a este encuentro al que asistieron 42 parteras tradicionales y en la tradición de hasta 75 años de edad, junto con aprendices donde la más joven tiene 14 años, en enero de 2018 se realizó un foro de partería, cultura, ancestralidad y derechos que reunió a participantes de 17 estados y siete países, incluido México.

Desde ese foro alertaron sobre los riesgos de desaparición de este saber milenario, ante el despojo de los saberes tradicionales en un escenario en el que se les persigue o amenaza.

A la par se ha instaurado una cultura del miedo que promueve que un parto es un momento peligroso, por lo que se imponen mecanismos de regulación sobre las formas de nacer sin que la mujer ejerza su derecho a decidir cómo, dónde y con quién parir.

Condicionan apoyo

La estrategia más clara fue el programa social Prospera que obligaba a las mujeres a atenderse en una institución si no quería pedir los apoyos o negándoles la expedición de certificados de nacimiento si el nacimiento fue con una partera.

“Nuestro objetivo es fortalecer el camino de la partería tradicional o ancestral, sobre todo a las más grandes para que se haga un análisis de la realidad y en todos los países la vivencia es la misma, hay una devastación y la falta de reconocimiento como un recurso seguro y valioso para las mujeres”, lamentó.

María Magdalena, huave guardiana de la vida

No es presunción, pero María Magdalena Espinoza Romero, indígena huave de 26 años, originaria de San Mateo del Mar, se asume como una guardiana de la vida.

Desde los diez años que comenzó a acompañar a su madre Antonina para ayudarle a traer niñas y niños al mundo, ha perdido la cuenta de los nacimientos a los que ha asistido.

Lo que sí tiene claro es que todo lo que su madre le enseñó le permitió convertirse en partera prácticamente a los 14 años de edad.

Entre ambas llegaron a sumar un poderío ancestral y espiritual de 50 parteras tradicionales en un municipio indígena asentado en una tierra que se encuentra muy cerca de la Laguna Inferior del Golfo de Tehuantepec, todas con saberes ancestrales heredados por mujeres de su familia o su misma comunidad.

Pero la tradición de atenderse con una partera ha venido a menos. En el año 2003 12 parteras agrupadas en la organización Ikoods mondüy moniün andeow (Nosotras las que curamos el alma y el cuerpo en lengua huave) registraron que en un sólo año atendieron 600 nacimientos.

Para el 2018 la cifra en conjunto apenas pudieron contabilizar un diez por ciento de esa cifra. Los 60 partos fue atendido por el mismo número de parteras porque “en los servicios médicos les dicen a las pacientes que ellos como doctores estudiaron más y nosotras no”.

El cuestionamiento se enfoca a que “así de la nada” las parteras empiezan a atender partos, sin atender la experiencia de mujeres como Virginia que el octavo nacimiento de su hijo la convirtió en partera hace 35 años.

“Ella misma se atendió. Tuvo quince hijos y de la experiencia de sus partos pudo atenderse”, sólo con la compañía de su esposo José.

Si las parteras han dejado de ser llamadas para acompañar a otras mujeres a nacer con sus hijos e hijas, cree que son por celos de los médicos que no entienden que la función de ser las guardianas de la vida.