La fascinante historia del movimiento continuo

La ley de la conservación de la energía parece anular todo intento de crear una máquina del movimiento continuo; es decir, una máquina que se mueva sin ocupar más energía que la que ella misma produce; sin embargo, esto no ha sido obstáculo para que cientos o miles de entusiastas hayan pensado o ideado algún tipo de artilugio que pretenda hacer trampa a las leyes de la naturaleza, pues bien sabido es que las leyes de la naturaleza existen para ser desafiadas.

El número 187 de los manuales UTEHA nos presenta La fascinante historia del movimiento continuo (1963) de Juan Aroca Sanz; dicha historia abarca desde Villard de Honnecourt, que en el siglo 13 realiza por primera vez el esquema de una máquina con este propósito, hasta el madrileño Juan Calafat que en su obra Nuevos principios de mecánica (1928) plantea con “fórmulas y teoremas”, cómo hacer posible el movimiento perpetuo.

El libro, a la par que nos presenta esquemáticas descripciones de dichos artefactos, nos presenta también las biografías de estos investigadores, dando cuenta del entorno en el cual se desarrollaron sus trabajos y el relativo éxito que pudieron haber obtenido.

El volumen está profusamente ilustrado con 83 figuras y 3 láminas. Las descripciones de los capítulos nos puede dar una idea del sentido del humor del autor y de lo amable de su lectura; por ejemplo, el Capítulo primero describe su contenido como: Los móviles perpetuos y los motores perpetuos. La ilusión de todo hombre trabajador: no trabajar. Medir el tiempo, una de las modestas aspiraciones de los buscadores. Trabajo gratis y sentido común.

Cada uno de estos ítems se va enlazando para al final del capítulo concluir, que no es posible hacer que una máquina se mueva perpetuamente; sin embargo, no es de extrañar que entre aquellos que al menos han dedicado algún momento de su vida a considerar esta posibilidad, se encuentren nombres como Da Vinci, Descartes y Bernoulli.

Pero, ¿qué interés puede tener para el hombre crear un artilugio así? Pensemos sólo por un momento que, con las crisis energéticas y ecológicas que vivimos hoy en día, una máquina de esta naturaleza podría dar al hombre energía infinita, sin temor a que esta se agote o a que se terminen las fuentes de donde se obtenga; y por si esto fuera poco, sin contaminar un solo metro cuadrado.

La búsqueda de bienes imposibles (como la piedra filosofal) se vuelve una suerte de espejismo, pero al mismo tiempo es un importante motor para la investigación y el desarrollo humano; después de todo, pensar que el hombre pudiera volar o comunicarse instantáneamente atravesando miles de kilómetros parecía, en su momento, algo tan absurdo y, sin embargo, hoy es parte de nuestro cotidiano.

Dice el autor: “Las leyes de la termodinámica con su principio de la conservación de la energía y cientos de experiencias fallidas, parecen demostrar lo inútil de la premisa del movimiento continuo; sin embargo, sus entusiastas tienen la intuición de que algún día la fortaleza caerá y ¿qué puede la razón contra la intuición?”