Juárez, encarcelado en Miahuatlán

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Margarita Juárez Maza y Álvaro Obregón en el panteón de San Fernando, durante un homenaje a Juárez entre 1920 y 1924

Un joven abogado de rasgos notablemente indígenas, de apenas 28 años de edad y a 4 años de distancia de haber concluido sus estudios en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, es sacado de su casa de la ciudad de Oaxaca a media noche de un día cualquiera en los últimos meses de 1834 y llevado preso a Miahuatlán. Los cargos: “que estaba yo en el pueblo de Loxicha sublevando a los vecinos contra las autoridades ¡y estaba yo en la ciudad, distante cincuenta leguas del pueblo de Loxhicha a donde jamás había ido!”, señala en una pulcra escritura Benito Juárez García en Apuntes para mis hijos.

El ensayo autobiográfico, legado para los 12 hijos que tuvo el patricio de la Sierra Norte con dos mujeres, pero principalmente con su esposa Margarita Maza, da cuenta de un hombre de carne y hueso, alejado de esa figura monolítica forjada en bronce, de las estampas conventuales o la imagen sacralizada de los libros de texto y narra la que, quizá, fue su primera aprehensión y uno de los tantos contactos que tuvo con la injusticia

“No obstante de que el exhorto no estaba requisitado conforme a las leyes, (el juez) pasó a mi casa a la medianoche y me condujo a la cárcel sin darme más razón de que tenía la orden de mandarme preso a Miahuatlán”.

Este episodio formó parte de la génesis del pensamiento juarista contra la injusticia, contra las aberraciones que el clero cometía en contubernio con quienes tienen el control político de la incipiente República.

Lejos estaba de la figura mítica en que el oaxaqueño se convertiría, catalizador y unificador del país que, dividido, se debatía entre liberales republicanos, (yorkinos) y los conservadores (escoceses); que afrontó la invasión francesa, la imposición del imperio de Maximiliano de Habsburgo y protagonista de la República restaurada.

El joven Juárez

En enero de ese año, 1834, el zapoteco presentó su examen de jurisprudencia. Un gobierno liberal en Oaxaca “a los pocos días me nombró ministro interino de la misma Corte de Justicia…pero cayó la administración pública a la que yo servía y fui confinado a la ciudad de Tehuacán”.

Es incierta la fecha en que escribió Apuntes para mis hijos, pero en un prólogo escrito por el también oaxaqueño, Andrés Henestrosa, a una edición de 1972 del PRI señaló: “Jorge L. Tamayo cree que fue al final de la vida de Juárez, razón, acaso, por la que los Apuntes quedaron inconclusos”. En narración cronológica, concluyen en la etapa en que fue Gobernador de Oaxaca (del 10 de enero de 1856 al 25 de octubre de 1857) sin dar cuenta ya de su asunción como Presidente de la República.

La injusticia

Pero ¿por qué cayó preso?

Dejemos que él mismo explique: “se hallaba el clero aún en pleno goce de sus fueros y prerrogativas…fuero que lo sustraía de tribunales comunes y le servía de escudo y salvoconducto contra la ley… El cobro de subvenciones (a los pueblos) se regulaba según la voluntad codiciosa de los curas…había algunos probos que se limitaban a cobrar lo justo sin sacrificar a los fieles, pero eran muy raros; …eran censurados porque mal enseñaban a los pueblos y echaban a perder a los curatos”.

Explica Juárez la opresión y miseria de indígenas en contraste con la codicia eclesiástica: “Los vecinos de Loxicha ocurrieron a mí (un novel abogado) para elevar sus quejas e hiciera valer sus derechos…ante un cura que exigía sin sujetarse a los aranceles”.

Convencido de los abusos, Juárez García, ya investido como diputado local, promovió la causa contra el cura, al que se le prohibió retornar al curato en tanto no se resolviera el juicio en su contra que fue admitido por un juez “pero, por desgracia, a los pocos meses cayó esa administración”, lamenta el jurista.

Las reflexiones políticas que realiza hacen suponer que Apuntes fueron redactados “en los últimos días de su vida cuando las sombras del militarismo porfirista amenazaban a la nación”, coincide Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva, especialista en la vida juarista en otra edición, la de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, en julio de 2003.

El juicio da un vuelco

A raíz del vuelco político, el juez eclesiástico permitió el regreso del cura a Loxicha, sin derecho de audiencia mandó a aprehender a los indígenas quejosos y los remitió a la cárcel de Miahuatlán “los puso en la cárcel con prohibición de que hablaran con nadie”.

Ante la injusticia, explica Juárez, solicita unos días para ausentarse de la cátedra de derecho canónico que impartía en el Instituto de Ciencias y Artes. Se presenta ante el juez, Manuel María Feraud, quien lo “recibe bien y permite dialogar con los indígenas loxichas presos”, pero le negó información de la causa, por estas reservada.

Había ya transcurrido el plazo para dictarse el auto de “bien preso” y esta debía ser público. Juárez decide presentar un recurso jurídico al día siguiente “pero el juez ya estaba enteramente cambiado”, describe. Le exigen el poder para defender a los loxicha y lo emplazan a presentarse a declarar por la tarde “para rendir mi declaración preparatoria en la causa que me iba a abrir para juzgarme como vago.

La persecución

“Quedaban pues cerradas las puertas para aquellos que gemían en prisión sin haber cometido delito alguno y sólo por haberse quejado de las vejaciones de un cura”.

A pesar de acudir a diversas instancias, luego de salir prácticamente huyendo de Miahuatlán y previendo “mayores tropelías”, Juárez acude ante la Corte de Justicia que le brinda oídos sordos “porque en aquel tribunal también estaba representado el clero”.

El juez Feraud emite un exhorto para que Benito Juárez fuera aprehendido en la capital, a instancias del cura “ofendido” y “me remitiera con segura custodia al pueblo de Miahuatlán”.

El joven Juárez es encarcelado en la Sierra Sur. Apela al Tribunal Superior a la espera de pronta liberación, pero esta no ocurre hasta 9 días de preso, para lo cual se ve obligado a depositar una fianza. “Jamás se dio curso a mis quejas y acusaciones contra los jueces que me habían atropellado”, concluye con el episodio.

Los siguientes 6 años Benito sigue ejerciendo su profesión, el 31 de julio de 1843 se casa con Margarita Maza Parada y participa de lleno en la zigzagueaste política nacional, algunas veces arriba y otras veces perseguido; en 1847 asume la gubernatura interina de Oaxaca, que toma dos veces y deja en 1852, la retoma en un tercer periodo.

El 15 de enero de 1858 asume como presidente de la República con varias reelecciones y muere el 18 de julio de 1872 a la edad de 66 años.