Perderse o renacer: el albur del migrante

Al lado de su esposa e hijas, Arturo Aguilar promueve la gastronomía oaxaqueña del otro lado de la frontera.

Hace 30 años, nadie en San Juan Teitipac, Tlacolula, se hubiera imaginado que aquel joven que tocó fondo en el alcohol, se convertiría en uno de los empresarios oaxaqueños más prominentes de los Estados Unidos.

Solo sus padres le apostaron, cuando Arturo Aguilar López decidió cruzar la frontera hacia el país vecino para sanar su enfermedad, provocada quizá, como en muchos otros casos, por un hecho que lastimó su vida.

Perderse o renacer

Cuando apenas rebasaba los 20 años, Arturo deambulaba por las calles de su pueblo y junto con sus amigos bebía cuanto alcohol encontraba a su alcance; algo movía tanto sus emociones, que a pesar de las súplicas de sus padres y de tener tres hijos, era más fuerte su necesidad de mantenerse en la inconsciencia.

“Yo me había separado de la mamá de mis hijos, mis padres me habían dado la oportunidad de estudiar y de aprender del negocio de ellos, la panadería, pero nada me interesaba, yo prefería estar con mis amigos y seguir bebiendo”, platica vía telefónica con Noticias.

Sin embargo, después de ver el daño que se hacía, las angustias de su madre, el dolor de su padre y hermanos y, luego de experimentar el grado más alto de depresión o “tocar fondo”, como se le llama entre alcohólicos, Aguilar López decidió que era momento de salir de la comunidad, con la firme convicción de cambiar.

Su destino: los Estados Unidos, un lugar donde el nivel de alcohol y drogadicción podría aniquilar la intención de Arturo por lograr su objetivo.

“Era necesario que saliera de mi pueblo, el entorno me absorbía y necesitaba encontrar una nueva oportunidad de vida; estando en la Ciudad de México casi sucumbo a la tentación de volver. No, tenía que seguir adelante y cumplir mi cometido, era morir o renacer”, dijo.

Su emoción se percibe de este lado del teléfono; a ratos se le escucha su voz entrecortada y es que, llegar a Los Ángeles y tener la tentación al alcance, sin ceder a ella, es un esfuerzo que solo con mucha voluntad se logra.

“Sí fuí una sola vez a una barra, me tomé seis cervezas y al otro día me reproché haberlo hecho; decidí que nunca volvería a pasar, comencé a trabajar de noche y a dormir por la mañana, hasta que logré controlar mi necesidad de beber”, explica.

Sugestiva soledad

Cuando alguien que ha padecido el alcoholismo no le encuentra sentido a la vida, se mantiene en la delgada línea que con un leve empujoncito lo puede hacer caer de nuevo en sus redes.

Arturo se había esmerado, de la mano de sus tíos comenzó a trabajar como ayudante de ellos en la venta de frutas, poco a poco fue aprendiendo el negocio. En la primera oportunidad que tuvo, compró su primera camioneta para vender frutas y se empleó también en una panadería; todo el día era de trabajo arduo.

Una gran cantidad de mujeres de diferentes partes de México y Centroamérica, son empleadas en las empresas de Arturo Aguilar.

Con el paso del tiempo se hizo de su patrimonio, pero faltaba algo, la soledad era sugestiva, necesitaba un motivo más para seguir adelante; Aguilar López lo pidió con devoción a la Virgen de Juquila.

“Una de mis hijas siempre vivió conmigo, pero necesitaba una pareja; de nada sirve que trabajes si no tienes con quién compartirlo; a mis hijos siempre los proveí, era momento de formar una familia, así que después de tres años fui a mi pueblo a la boda de mis hermanos, un diciembre, ahí conocí a quien es mi esposa y me casé con ella un mes después”, indica.

Oaxaca conquista el país de Trump

El padre de Arturo fue empleado de gobierno, pero además era de oficio panadero, así que ganarse un cargo de manager en una panadería estadounidense, no fue nada difícil.

“Empecé con la fruta, con mis tíos, en algún momento me pidieron que dejara la panadería donde ya era jefe, porque ellos ya no podían con su negocio solos; lo hice porque tenía que corresponder a su apoyo, así que con el tiempo llegué a tener hasta cuatro camionetas para vender frutas y en 1999 abrí la primera panadería”, manifestó.

Asevera que si bien es cierto la vida del inmigrante es muy difícil, también lo es que no todos sufren persecución ni racismo; asimismo, que quien gusta de trabajar, logra crecer en cualquier lugar.

Con tres panaderías, un restaurante y un supermercado, Arturo Aguilar López convirtió su adicción en éxito, y hoy no solo se consolida como un gran empresario, sino especialmente en un gran impulsor de la cultura y costumbres de Oaxaca entre la población de ese país.

Gracias a su emprendimiento, su voluntad y ganas de vivir, el oaxaqueño ofrece empleo a un centenar de mexicanos, centroamericanos e inmigrantes de otros países que observan en él un ejemplo a seguir.