Piedra Ancha

El nombre

“Piedra Ancha” —nos dice Gregorio “Bullo” Peralta— “debe su nombre a una laja que había en este sitio”. Eliseo Peralta, su tío, le puso ese nombre al paraje en un momento en que requirieron nombrarle para hacer gestiones ante las autoridades. Eliseo llegó aquí con sus hermanos Joaquín y Lorenzo; venían de Santa Ana Cuauhtémoc. Ya había gente viviendo en el lugar.

El trayecto

Para llegar a Piedra Ancha, salimos de Tuxtepec a las 7:45 minutos. En la camioneta, Soledad y Lorena Peralta Zúñiga y Zinthia Fuentes Peralta, quien maneja el vehículo, son descendientes de aquellos pioneros. Una intensa bruma nos acompaña en el camino. Paisaje de cañaverales, árboles de hule, ganado.

En el trayecto pasamos por Mazín, donde trabaja Soledad, que es maestra de una telesecundaria. Más adelante, encontramos las presas Miguel Alemán y Cerro de Oro que en ese punto se juntan. Cruzamos un puente sobre ellas. Parece un lago inmenso. Garzas, pelícanos y otras aves vuelan en los alrededores. Saliendo del puente, en el camino, se aparecen negocios que ofertan las mojarras de las presas: Marisol, Mi ranchito, Comedor Emma.

Pasamos luego la desviación a Ojitlán, chinantecos. Llegamos a Jalapa de Díaz, entramos a zona mazateca. Después tomamos una desviación a la izquierda, encontramos el río Santo Domingo que alimenta las presas, se ve calmado en la superficie, profundo y caudaloso, en su cauce formará parte del Papaloapan. Lo cruzamos por otro puente y llegamos al poblado que lleva su nombre.

Otra vez el camino se bifurca, hacia la izquierda Flor Batavia y a la derecha, nuestro destino, Piedra Ancha. Once kilómetros de un camino pedregoso y a veces lodoso pero transitable, nos llevan a esta población. En el trayecto nos acompaña permanentemente la vista del enorme Cerro Rabón, una pendiente totalmente horizontal, una enorme pared. Se ve inescalable, al menos desde este ángulo.

La geografía

La vegetación en la región es exuberante: palo mulato, cedro, roble, pochote, platanares, llenan su geografía. En las montañas se encuentra venado, tepezcuintle, armadillo, conejos, comadrejas, tlacuaches, “hasta algún ocelote ha llegado cerca”.

En Piedra Ancha y sus alrededores, diversas plantas silvestres nutren a sus pobladores: cilantro silvestre, chayocamote, hierbamora, quintonil, pápalo quelite, camote ñame y una diversidad de hongos y quelites con apellido zoomórficos como quelite de pescado, hongo oreja, hongo de pajarito, hongo de ratón. En las casas de Piedra Ancha, abundan los tulipanes, jacarandas, crotos, limonarias, isoras.

Antes, para llegar a Piedra Ancha, viniendo de Tuxtepec, se caminaba por una vereda desde un lugar conocido como Loma Naranjo, situada unos kilómetros adelante de Jalapa de Díaz, difícil en tiempo de lluvias. Había que cruzar el río Santo Domingo. La construcción de un puente colgante se tiñó de tragedia colectiva que aún duele. Cobró la vida de cinco jóvenes nativos enlutando a igual número de familias. Ahí murió Joaquín, el hermano mayor de Soledad y Lorena, mis acompañantes.

El camino por el que transitamos es relativamente reciente, fue abierto inicialmente como una brecha por la Comisión Federal de Electricidad en 1977 para introducir postes en las montañas y llevar energía eléctrica a esta región.

Historia y cafeticultura

La historia de Piedra Ancha está unida al pueblo de Teutila, que es su cabecera municipal. Teutila fue la sede del antiguo cacicazgo prehispánico de Teutillan, nombre con el que aparece en los códices del siglo 16.

En el Porfiriato, Teutila estuvo ligada al desarrollo cafetalero. En esa época, no sin conflictos con la comunidad a la que la política liberal que propició la desamortización de tierras, se le despojó de sus tierras a favor de compañías deslindadoras que formaron fincas y haciendas con tierras comunales.Se creó así, aquí, la finca de El Faro y el beneficio de café, El Farito.

Según Anselmo Arellanes Meixueiro ,autor del libro Oaxaca: reparto de la tierra, alcances, limitaciones y respuestas: “El faro en Cuicatlán [fue] propiedad de un terrateniente conocido como héroe nacional por su participación en la batalla del 5 de mayo de 1862, el general Ignacio Mejía.

El Faro estuvo catastrada en $300, 000.00 debido a sus obras materiales, maquinaria y cafetos sembrados”. Ignacio Mejía fue Ministro de Guerra del gobierno de Benito Juárez García, al menos hasta la rebelión de Tuxtepec que llevó al poder a Porfirio Díaz en 1876.

Para 1902, curiosamente, la finca ya pertenecía a Díaz, como se deduce de unas cartas dirigidas a este por el administrador y citadas por la historiadora Francie R. Chassen en su libro Oaxaca: entre el liberalismo y la revolución, la perspectiva del sur (1867-1911).

La autora dice que “no está claro cuándo exactamente Díaz compró la propiedad, pero en 1901 era el dueño. En marzo de 1902, José Sánchez Ramos, el administrador de Díaz, le informó que el cafetal estaba en muy buenas condiciones y que produciría mil quintales más en ese año que en el año anterior, llegando aproximadamente a 3,300 quintales”.

Según la misma autora, El Faro era una de las fincas más grandes y avanzadas del distrito de Cuicatlán y tenía más de medio millón de cafetos. Otras fincas en la zona era la Batavia Plantation que pertenecía a norteamericanos y la Unión Ibérica, a españoles.

En el imaginario colectivo de Piedra Ancha, particularmente en las personas mayores que aún viven, el nombre de José Sánchez, es un referente común, aunque señalan que este José Sánchez era nieto de Benito Juárez, pues llevaba este mismo como segundo apellido.

En mi opinión y considerando el tiempo que transcurre entre 1902, en que José Sánchez Ramos dirige la carta a Porfirio Díaz y el año del reparto de las tierras que se realiza en 1938 y vive José Sánchez Juárez, al que se refieren los lugareños, lo más probable es que este último José Sánchez Juárez, sea tal vez hijo de quien las administraba en 1902. Otra coincidencia de la historia que empalma los apellidos Díaz y Juárez.

Cómo pasó la propiedad de Díaz a los Sánchez es otra incógnita, pero hay que recordar que Díaz se fue del país en 1911 para embarcarse rumbo a Europa, luego del estallido de la Revolución Mexicana y con ello dejó muchas de sus propiedades en otras manos; esta circunstancia tal vez favoreció a los nuevos propietarios.

Cuenta la gente del lugar que hasta antes del reparto agrario, los cortadores del café, que venían de Teutila y de otros poblados cercanos recibían de pago veinte centavos por kilo. El café era previamente revisado si estaba verde o maduro, aceptándose y pagándose solo el que convencía al administrador del hacendado.

Después de pesarlo en la finca era enviado por unos largos ductos, tierra abajo, al beneficio El Farito. En este era despulpado, lavado, reposado y luego empacado. Después se transportaba en mulas a Quiotepec, a la estación del ferrocarril, desde donde era enviado a otro destino. Sin duda también representó una hazaña llevar el equipo para el beneficio, a través de las montañas, desde la estación del ferrocarril.

Como era usual en el Porfiriato, en la finca había una tienda de raya donde el trabajador era proveído de maíz, frijol, jabón, aceite y alguno que otro producto comprometiendo con ello sus ingresos, por lo que vivía permanentemente endeudado. Las condiciones de vida eran paupérrimas. Los peones acasillados, arraigados en la hacienda, vivían hacinados en galeras. En contraste, los propietarios vivían en las ciudades, en lugares más urbanizados y permanecían prácticamente ausentes de sus propiedades que eran manejadas por administradores.

El reparto agrario

Después de la Revolución y particularmente durante la presidencia del General Lázaro Cárdenas, se intensificó el reparto agrario de las tierras de las haciendas en todo México y El Faro no fue la excepción. En el periodo cardenista, luego de una serie de gestiones, para las cuales los parajes como Piedra Ancha adoptaron sus nuevos nombres, las tierras y los cafetales se repartieron entre los pobladores de esta y otras regiones. En este caso, se denominó al nuevo ejido con el mismo nombre antiguo: Teutila.

Los antiguos posesionarios de las tierras comunales y algunos de los antiguos trabajadores y otros avecindados, alentados por la lucha agraria que se dio desde fines de los años 20 en la región del Papaloapan, se organizaron y reclamaron las tierras. Se dice que, como fue común entonces, tuvieron el apoyo del delegado del Departamento Agrario, este último, residente en la ciudad de Oaxaca.

La Asamblea constitutiva se realizó en San Pedro Teutila con gente de distintas rancherías incluidas las de El Faro y Piedra Ancha. Entre los líderes se encontraban Domitilo Mena de Teutila, Victorio Torres Martínez y Daniel Álvarez de El Faro, así como Joaquín y Lorenzo Peralta de Santa Ana, quienes habían trabajado para la hacienda y entonces ya eran residentes de Piedra Ancha.

Manuel Torres, ahora de 82 años, hijo de Victorio Torres Martínez, entrevistado en El Faro, me dice que el reparto se llevó a cabo un 3 de mayo y cuenta algunos de los detalles de la organización del último evento en el que había que ratificar la solicitud agraria. Su padre, don Victorio, nació en 1914 y murió en el 2006. La resolución presidencial se daría el 10 de agosto de 1938 y se publicaría el 1 de julio de 1939 en el Diario Oficial de la Federación.

Estos datos se pueden leer en el certificado que me muestra don Gregorio “Bullo” Peralta a nombre de su papá, Joaquín Peralta y del propio Bullo que entonces era un niño. Cada ejidatario, según don Gregorio, recibió no solo terrenos de cuatro a seis hectáreas, sino al mismo tiempo, al menos, unas mil matas de café en producción. Con dicha resolución se beneficiarían 311 ejidatarios de todo el ejido de Teutila entonces. Piedra Ancha es un anexo del mismo ejido. Hoy, son más de mil ejidatarios en todo el ejido de Teutila que incluye diversas poblaciones.

Don Joaquín Peralta

Los primeros pobladores de Piedra Ancha llegaron a colonizar el sitio a principios del siglo 20. En 1928 construyó aquí su casa don Joaquín Peralta, quien trabajaba en aquel año para la finca de El Faro. Don Joaquín, según menciona su hijo Bullo, gozaba entonces de la confianza del administrador, quien le anticipó los hechos irremisibles por venir, dadas las condiciones agrarias generadas durante el cardenismo: “Tú agarra donde quieras, donde puedas, le dijo el administrador”, me cuenta Bullo Peralta.

Don Joaquín, como en otros lugares, con el reparto, se convirtió en la figura fuerte. Doña Soledad Zúñiga Cervantes, su nuera, me dice: “Era quien mandaba en Piedra Ancha. Él repartió tierras y solares. Los que llegaban aquí, trabajaban para Joaquín Peralta. Tenía 25 gentes para atender su trabajo. Aquí no había mucha gente. Él tenía café, ganado, bestias que acarreaban el café en el mes de octubre y noviembre, y maíz y frijol, fletes para Jalapa de Díaz. Lo que él decía, eso se hacía. Era ley. Así se construyó la iglesia, con el producto del trabajo de la gente. Vendían el maíz, vendían el frijol. Ahí no había nadie que dijera que no lo iba a hacer. Eran órdenes. No sé si a algunos los ayudó y a otros los fregó”.

Don Joaquín Peralta vivió 86 años. Murió el 13 de noviembre de 1969. Su tumba, que visitamos el 1 de noviembre, con motivo del Día de Muertos, se encuentra en el panteón local, ubicado en la loma de un cerro, desde donde se puede apreciar, cuesta abajo, el río Santo Domingo. Ahí, cerca de su tumba, está también la de su hijo Loreto, esposo de doña Soledad y su nieto del mismo nombre, quien perdió la vida en el accidente del puente.

La mayoría de la gente que vive en Piedra Ancha no es nativa de aquí, me dice Bullo: “Vinieron de Ayautla, de San Andrés, Chiquihuitlán, Santa Ana”. Poco a poco fueron domesticando la naturaleza y logrando veredas, caminos, arroyos que se convirtieron en aliados para surtirse de productos, sembrar otros y extender potreros, como se les conoce aquí, que ahora son fuente de ingresos y alimentación para sus habitantes. El café fue disminuyendo su presencia en la economía local y fue ganando terreno el ganado y los potreros.

La urbanización y los servicios

Las primeras casas eran de palos, techadas con palma y el bagazo de la caña. Eran viviendas muy rústicas. Así fue también la de los Peralta.

El desarrollo de los servicios públicos fue paulatino y en él participaron todos los avecindados en distintas faenas. A las primeras casas se fueron agregando otras. Se requirió mucho trabajo para desmontar y limpiar los terrenos: “Las víboras se metían a las viviendas”, me dicen.

La iglesia, que ya mencionamos, se hizo en 1955. Don Joaquín quería que la patrona fuera la Virgen del Refugio, porque este lugar era como un refugio para quienes llegaron a vivir aquí. Se quedó con ese nombre. Al igual que con la iglesia, don Joaquín reubicó a vecinos para hacer la escuela primaria. Al principio, esta solo tuvo cuatro de los seis grados. Había que ir a Teutila para concluirla, a tres horas de distancia, caminando. Al concluir la primaria, para estudiar la secundaria se trasladaban a Ixcatlán, como ocurrió con los hijos mayores del matrimonio de Loreto Peralta y Soledad Zúñiga.

Antes, me dicen: “Los maestros que llegaban aquí en los 70, les pagaba el pueblo, les daban su casita, les traían leña. Venían de Mérida, Mexicali. En el 83 llegaron los maestros del Istmo. Ya la Sección 22 no dejó que llegaran los de fuera del estado. Antes, la SEP los mandaban de lejos. Hubo uno de Monterrey que no se quiso quedar. Antes, los maestros se ocupaban más de los alumnos, la gente los quería. Ahorita llegan y se van, por aquí termina la clase y se desaparecen. Solamente las maestras que son de aquí, se quedan”.

Para recibir atención médica, había que ir a Ojitlán. Transportarse en caballo durante ocho horas para ir al médico. “La clínica la hizo el Instituto Nacional Indigenista en los años 70”.

La radio llegó en 1956; la televisión, después de la energía eléctrica. Luego llegó el teléfono. En el 2017, llegó el internet.

Existe también en Piedra Ancha ahora una tienda de la empresa pública Liconsa y una cancha techada de usos múltiples.