Tlazoyaltepec: frío, pobreza y olvido

Eric DíazEric Díaz

La piel reseca y rojiza de su rostro da cuenta del daño que ha provocado el frío en los pequeños

SANTIAGO TLAZOYALTEPEC, Etla, Oaxaca.- La resequedad y enrojecimiento de sus caritas reflejan el daño provocado por el clima que agravian a esta comunidad. Los pequeños estudiantes de las tres escuelas que existen en la comunidad, esta mañana resisten las consecuencias del Frente Frío número 29 que azota a la entidad y aquí la baja temperatura se resiente con más rigor.

Por si fuera poco, la pobreza en que vive la gente de Tlazoyaltepec enfrenta los fenómenos naturales sin las provisiones necesarias; no hay prevención debido a que, según sus autoridades, hasta la fecha no existe acercamiento con la Coordinación Estatal de Protección Civil.

La necesidad los hace resistentes

Para cumplir su deseo de ser un profesionista, a su corta edad, Joel debe hacer muchos sacrificios, entre ellos, caminar dos horas desde su casa hasta la escuela. Hoy, el termómetro marcaba dos grados y él apenas porta un delgado suéter.

“¿Y qué le podemos hacer?, aquí nos tocó vivir y así como estamos. En la radio nos enteramos que en temporadas como estas debemos cubrirnos bien y no prender lumbre dentro de la casa, pero nunca ha venido nadie a platicar con la gente del pueblo. El frío es una de las tantas cosas que nos ponen en riesgo”, comentó.

Caminar como lo hacen muchos de sus compañeros, por las veredas y caminos en medio del frío y la oscuridad, es algo que preocupa a Joel y a los padres de familia del lugar; por eso, el joven estudiante desea pedirle al gobernador un transporte que los acerque.

Solo cobijas y su fe protegen a la gente de Tlazoyaltepec de las inclemencias del clima. FOTO: Éric Díaz

Clima afecta aprovechamiento escolar

Según Luis Javier Cruz Villar, director de la Escuela Secundaria Técnica 265, que atiende a 88 estudiantes de la zona, existe resistencia de la comunidad para que los jóvenes que acuden desde las agencias municipales y localidades lejanas se alojen en la Casa del Niño Indígena del extinto Instituto Nacional Indigenista (INI), lo que afecta el aprovechamiento de los educandos.

“Es muy complicado el problema; entre el polvo de la terracería que caminan por horas los estudiantes, el frío, la mala alimentación y la pobreza, su salud no es la mejor y en esta época se refleja con el índice de ausentismo por enfermedades que es del 20 %; su rendimiento disminuye, pero lamentablemente, solo 10 alumnos aceptaron pasar la semana en el albergue”, informó.

Solo cobijas y fe

El hogar de Hilarión Morales se conforma de tres piezas de madera, donde habita con su esposa, sus dos pequeños hijos y su madre de 84 años; la única manera que tienen de resistir el frío es cubriéndose entre sí y con unas cuantas cobijas; ni siquiera puede comprar más suéteres para su familia, por su condición de pobreza.

“El problema es cuando se enferma mi mamá o los niños; en el Centro de Salud no hay medicamentos suficientes y tenemos que comprarlos, el dinero no alcanza. A veces me voy de peón de albañil a la ciudad, pero también pagan poco; entre fríos y pobreza la sufrimos mucho, lo único que nos queda es la fe”, expresó.

Indiferencia institucional

Como parte de las actividades que desarrolló el Sistema DIF del Estado en 2018, personal de esa institución entregó cobijas a la comunidad; sin embargo, la regidora de Educación, María Luisa Velasco, señaló que fueron insuficientes e inservibles para el clima que aquí impera.

Además, asegura que hasta la fecha y durante los casi tres años que llevan de administración, la Coordinación Estatal de Protección Civil no los ha orientado, ni mucho menos constituido un Comité Municipal dedicado a ese tema.

“Lo que hemos hecho cuando el sismo en que se afectaron dos viviendas y la escuela secundaria, ha sido por nuestra cuenta y con nuestro limitado conocimiento; pero nadie ha venido a decirnos qué hacer, a organizarnos o capacitarnos”, acusó.

En este lugar no hay un mercado porque no tienen nada que vender, la producción es de autoconsumo, la migración cada vez más alta y el frío que azota por la temporada cala los huesos; pero para sus pobladores, la pobreza y el olvido les cala el alma.