¡Gracias, Don Pepe!

La última Navidad de Don Pepe, al lado de su familia en España.

La familia Gómez Migoya dio el último adiós a don José "Pepe" Gómez Velásquez, quien el pasado 8 de enero dio su último suspiro en el lugar que lo vio nacer: la ciudad española del Principado de Asturias, Oviedo.

Sus cenizas fueron trasladadas a Oaxaca, ciudad que se convirtió en su hogar desde su juventud, donde formó una bella familia, llena de amor, al lado de su esposa Mercedes "Mere" Migoya y sus hijos José, Carmen, Lucía, Enrique, Mercedes y Alejandro Gómez Migoya.

A esta despedida se unió la familia que formó con sus colaboradores de sus empresas restauranteras y grandes amigos que acudieron a una solemne ceremonia oficiada por el sacerdote José Luis Martínez, que se llevó a cabo en el majestuoso templo de Santo Domingo de Guzmán.

En este recinto descansarán los restos del apreciado Don Pepe, al lado de los de su amada compañera de vida doña Mere, fallecida el año pasado, unidos como en vida, en la cual dieron muestra de amor verdadero, tanto en su matrimonio como hacia los demás.

La pareja se caracterizó por su labor altruista en favor de personas con cáncer, niños enfermos o desamparados, personas de la tercera edad, hospitales y damnificados de sismos, terremotos y huracanes, entre otros sectores vulnerables.

Por este gran ejemplo, durante la misa, el sacerdote Apolinar Robles Loaeza expresó un bonito mensaje: "Pepe deja una página en la historia de Oaxaca... aquí está palpable la obra que Pepe realizó por muchos años, para nuestra ciudad, para nuestro estado de Oaxaca; a pesar de las vicisitudes de la vida, se dio valor para enseñarnos el camino del bien que debemos tener todos nosotros... nos ha enseñado a desprenderse y darle al necesitado, lo que necesitaba".

Al final de la ceremonia religiosa, Lucía Peral Gómez, nieta de "Don Pepe" también expresó unas bellas palabras:

"En nombre de la familia Gómez Migoya, me permito agradecer a cada una de las personas que se encuentran acompañándonos el día de hoy; también quiero agradecer todas las muestras de cariño que hemos recibido en estos días... Mi abuelo, "Don Pepe", como casi todos lo llamábamos, era un hombre con un corazón tan grande que prácticamente Oaxaca y Asturias cabían ahí... me queda claro que cuando uno se va, no deja nada más que lecciones y recuerdos; y él, al parecer, dejó en cada una de las personas que tocó, un aprendizaje, un apoyo, amor, lecciones de esfuerzo y humildad.

"Se fue un español con corazón de oaxaqueño... pero sé que ahora está en un lugar mejor, junto a su chaparrita, mi abuela, doña Mere. Lo único que nos queda es honrar su memoria, siguiendo el ejemplo que ambos dejaron; que en conjunto eran la mejor mancuerna, que en equipo todo es más fácil, que con amor, las cosas saben mejor. El único consuelo que nos queda es que por fin mi abuelo y mi abuela otra vez vuelven a estar juntos...

"De corazón, gracias".

Finalmente, las cenizas de este gran ser humano, ejemplo de amor y bondad, fueron llevados por su hijo Enrique Gómez Migoya al lugar donde ya descansa en paz.