Ladrilleras: entre la crisis y la contaminación

Jesús SantiagoJesús Santiago

El tema de las ladrilleras que se asientan en Santa Lucía del Camino, San Sebastián Tutla, Santa Cruz Amilpas y San Agustín Yatareni, es controversial. De un lado, los vecinos y ambientalistas exigen un alto a la contaminación que provocan; por el otro, está la necesidad de quienes se dedican a ese oficio, de defender la actividad con que generan el sustento para sus familias.

No hay autoridad que ponga orden

Carmen nació en el rumbo de Santa Lucía, su hogar se encuentra a unos pasos de una de las ladrilleras del lugar; ella asegura que en reiteradas ocasiones solicitaron el apoyo de las autoridades ambientales de los tres niveles y hasta hoy, si bien las cosas no son igual que antes, la contaminación y daño para los habitantes del lugar es notoria.

“Ya perdimos la esperanza, porque además, si denuncias y detectan quién lo hizo, se ponen muy agresivos; presumen de ponerse a mano con las autoridades y no pasa a mayores. Aquí, la humareda es terrible, los ojos se irritan, y el montón de ceniza ensucia todo”, acusó.

Apenas hace unos meses, organizaciones ambientalistas reclamaron la atención urgente de las autoridades, debido a la emisión de partículas contaminantes, que todavía emiten los hornos ladrilleros ubicados al oriente de la capital.

Otro llamado, igual a los que se ha hecho en casi tres décadas, cuando comenzó a poblarse la zona. Al respecto, Marco Antonio Ordaz, vecino de Santa Cruz Amilpas, consideró que para la Secretaría del Medio Ambiente, ese asunto no es importante y ha dejado que el problema se aniquile con el tiempo.

Otro de los problemas que enfrentan los ladrilleros, es la carencia de tierra en la que deben invertir mucho dinero. FOTO: Jesús Santiago

“Recordemos que estas solían ser poblaciones distantes a la capital y obviamente cuando comenzó a habitarse vinieron las quejas, pero ya estaban establecidas, dudo mucho que Ecología tenga los estudios de Impacto Ambiental que exige la ley, quizá hicieron algunas recomendaciones o condiciones y de ahí no pasará”, dijo.

Prohibición que se cumple a medias

Tal como lo señaló Marco Antonio, según don Ángel Cruz Velasco, dedicado al oficio desde hace 40 años, ellos no pagan más que el predial correspondiente al Ayuntamiento y solo les han condicionado a prender el horno a determinadas horas y a dejar de quemar llantas.

“Son casi 100 años de existencia de un oficio familiar que fue heredado de generación en generación; aquí somos 25 ladrilleros y estamos unidos; Ecología nos ha prohibido quemar llantas y hornear en un horario que establecieron, pero para cocer el ladrillo necesitamos 24 horas, así lo hacemos”, explicó.

Al secundar a su familiar, Jorge Cruz Parada justificó que la elaboración lleva un proceso largo, por eso no se quema diariamente; incluso aseveró que hasta el momento no conoce a alguien que haya enfermado o muerto a causa del humo de las ladrilleras.

“Cuando estuvieron las oficinas de Tránsito aquí cerca, hubo muchas quejas, yo creo que algunas personas estaban enfermas y se lo atribuyeron al humo; si fuera dañino, desde cuándo habríamos muerto, pero aquí estamos sin mayor problema”, señaló.

"La gente no entiende la necesidad"

En un pequeño cuarto, Andrea elabora algunos alimentos para vender a quienes pasan por el lugar; es su contribución a los gastos del hogar; su esposo se dedica a elaborar ladrillos en San Sebastián Tutla, pero el negocio ha decaído y ya no alcanza el dinero.

“La gente se queja, pero no entiende que las ladrilleras son el medio de manutención para muchas familias y personas que se acercan a trabajar de otros lados, como Miahuatlán. El ladrillo no es un producto que se venda diario, menos en estas épocas; por eso cuando vienen los de Ecología se les explica la situación, no podemos cerrar”, comentó.

Explicó que tan solo en su familia son ocho integrantes, los que ya no logran sobrevivir solo con la venta de tabiques.

“Lo que nunca pudieron hacer las autoridades, lo hace la situación económica, el oficio se extingue, la producción ha disminuido y por tanto, ya no se hornea tan seguido; así que a estas alturas ya no pueden quejarse de contaminación, es cierto que en algunos lugares todavía queman llantas, no es nuestro caso, pero se nota con el humo negro, siempre ha sido un estire y afloje con la gente por lo mismo”, concluyó.