Al CIMO le tocan mal son

Mario Jiménez LeyvaMario Jiménez Leyva

En un espacio de cuatro metros cuadrados se resguardan los instrumentos musicales.

Las notas del piano, el contrabajo y la trompeta se mezclan, pero sin armonía. En 14 salones sin paredes acústicas e incluso en los pasillos y el patio central de una casa rentada, durante cuatro horas al día 200 alumnos del  Centro de Iniciación Musical de Oaxaca (CIMO) intentan dominar alguno de los 18 instrumentos que aquí conforman las diversas especialidades musicales que se imparten.

En una construcción de dos plantas que se localiza en la calle Juan de la Barrera, en la Colonia del Ex-Marquesado, desde hace seis años se habilitó provisionalmente el CIMO, sus instalaciones de Crespo, en la Colonia Figueroa de esta ciudad, serían reconstruidas.

El 22 de noviembre de 2016 el nuevo CIMO fue inaugurado, ocho días antes de la conclusión de la anterior administración gubernamental, pero desde hace dos años el edificio no ha sido ocupado.

Apertura pospuesta

Supuestos daños en su estructura del nuevo edificio y una demanda de la empresa constructora ha aplazado la apertura de un espacio que, para el director del CIMO, César Delgado Martínez, serían las primeras instalaciones que atendería todas las necesidades de una escuela profesional de música.

Quienes acuden por las tardes al CIMO pueden estudiar música en seis niveles, pero egresan sin ningún documento.

Ocupar las nuevas instalaciones permitiría que el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) valide los estudios para que del CIMO se titulen como técnicos en música que puedan ingresar a cualquier conservatorio o escuelas de música de nivel superior.

Ese paso requeriría mayor inversión. Ahora en el CIMO imparten clases 22 profesores, pero entre todos suman una plantilla de 13 docentes con 20 horas a la semana.

“Muchos tienen cuatro o seis horas a la semana” y reciben escasos 50 pesos por hora, “el salario más bajo en Oaxaca por enseñar”.

Aumento salarial y en horas

Delgado Martínez calcula que el cambio de instalaciones obligaría también a la Secretaría de Cultura y de las Artes de la cual depende el CIMO, y a la Secretaría de Finanzas, a dotarle de independencia para cobrar por conciertos, generar sus propios proyectos y contratar a 34 maestros con 20 horas a la semana cada uno.

Del dinero que se destina al pago de la renta de la casa que usan, el monto de inversión al nuevo CIMO, de los daños estructurales que argumentó la administración del gobernador Alejandro Murat o la demanda que interpuso la empresa constructora, dice no conocer nada.

Lo que sí sabe es que al edificio del nuevo CIMO no está listo, le falta equipamiento: No hay pizarrones movibles especiales con pautas, no hay sillas ergonómicas y tampoco están los 150 atriles profesionales de charola.

Esta escuela contará con un salón para que niñas y niños de 6 a 10 años aprendan música que contará con sus propios sanitarios. Debe ser equipado con piso y asientos especiales, pero de eso todavía no hay nada.

Espacios achicados

Su apertura permitiría que el CIMO considere ofrecer el turno matutino, ya que actualmente sólo opera en el vespertino, además de duplicar su matrícula, ya que por falta de espacio rechazan a 60 alumnos en cada convocatoria.

Por ahora, no hay fecha para su apertura. Quienes mantienen su deseo de aprender música lo seguirán haciendo en condiciones adversas. Las autoridades no ponen empeño para que ello cambie.