¡Adiós, Don Pepe Gómez!

Don Pepe se ha unido en el cielo con su amada esposa.

Oviedo, ciudad española del Principado de Asturias, fue el lugar donde un 4 de diciembre de 1937 nació Don José "Pepe" Gómez Velásquez, quien a los 16 años de edad llegó a Oaxaca, trabajando en una tienda de abarrotes familiar; sus comienzos en esta ciudad fueron con una empacadora de sal, posteriormente una fábrica de velas y veladoras.

Fue en la Verde Antequera donde conoció y se enamoró de Mercedes "Mere" Migoya con quien contrajo nupcias el 23 de octubre de 1958 en el majestuoso templo de Santo Domingo de Guzmán; el empresario y su distinguida esposa, amante de las bellas artes, consolidaron su hermosa familia con la llegada de sus hijos: Carmen, José, Lucía, Enrique, Mercedes y Alejandro Gómez Migoya.

En 1997 crean su primera empresa restaurantera de tipo buffet, "La Escondida", en San Agustín Yatareni; y en el 2003 abren las puertas a otro gran sueño: "Hacienda Santa Martha de Bárcena" que fue creado bajo una promesa que hizo Don Pepe en su ciudad natal, replicando la capilla de su lugar de origen.

Esta amorosa pareja se caracterizó por estar siempre unida y por su gran labor altruista realizada en favor de personas con cáncer, niños con Síndrome de Down, personas de la tercera edad, hospitales y damnificados de sismos, terremotos y huracanes, entre otros sectores vulnerables de Oaxaca, estado que adoptó a "Don Pepe", como uno de sus ciudadanos más coprometidos para mejorarlo.

El año pasado, la apreciada "Mere" Migoya falleció y familiares y amigos le dieron el último adiós en una misa realizada en la Capilla del Rosario del templo de Santo Domingo de Guzmán; el día de ayer, "Don Pepe" se ha unido a ella en el cielo, al dar su último suspiro en la tierra que lo vio nacer, por lo que se realizó una misa en templo de Santo Domingo de Guzmán, a la cual acudieron familiares y amigos para pedir por su eterno descanso.

"Don Pepe" depositó, en cada uno de quienes lo conocieron, un cariño muy especial, por lo que será recordado por su carisma, sentido del humor y una gran sonrisa todos los días, pero sobre todo, por su gran corazón; fue un ser humano ejemplar, siempre dispuesto a ayudar a quien más lo necesitaba.

¡Descanse en paz, Don Pepe!