Imparten clase política, de la buena

Mario Jiménez LeyvaMario Jiménez Leyva

En la toma de posesión del presidente municipal de la ciudad de Oaxaca de Juárez, Oswaldo García Jarquín, dos personalidades llamaron la atención: el Kitus, Jorge Fernando Iturribarria Bolaños, presidente municipal de la capital del estado de 1984 a 1986, y el ex dirigente estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Agustín Márquez Uribe.

Entre la gente que llenó la explanada de la Plaza de la Danza, los dos pasaron inadvertidos. La naciente clase política de la capital del estado ignoró su presencia, pero ahí estaban juntos, sonrientes, tranquilos, sabedores de que aún gozan del aprecio de los capitalinos.

Uno, Iturribarria Bolaños, por encabezar una de las mejores administraciones en el municipio de Oaxaca de Juárez y, Márquez Uribe, por una larga carrera en la administración pública, que incluyó la presidencia del Tribunal Superior de Justicia y la titularidad de la Secretaría General de Gobierno, así como la Rectoría de la UABJO, aunque su partido nunca lo postuló para el cargo de gobernador a pesar de sus muchos méritos, reconocimientos y simpatía.

Ubicados al lado izquierdo del presídium compartieron lugar con dos ex presidentes de la capital Luis Ugartechea Begué (2011-2013) y Manuel Vallejo Huergo (1988), pero nada que ver unos con otros.

En su tiempo El Kitus y Márquez Uribe, como ahora el presidente municipal García Jarquín, eran recibidos con aplausos, con manifestaciones de aprecio de la gente: abrazos, apretones de manos, palabras de cariño. Sí, también ellos forjaron una presencia política cercana a los habitantes de la capital del estado.

También, como el munícipe de Morena, recibieron el reconocimiento de sus correligionarios. García Jarquín fue reconocido por diputados federales como Armando Contreras, Daniel Gutiérrez, Alejandra Morlán y Benjamín Robles Montoya, por diputados locales como Ericel Gómez Nucamendi, Othón Cuevas Córdova y Ángel Domínguez Escobar; por personalidades como el ex rector de la UABJO, Francisco Martínez Neri, entre otros.

Sí, ellos también gozaron y gozan de buena fama pública. Lo que es mucho decir en este tiempo en el que los políticos son sinónimo de descrédito.

Modestos, ambos, no intentaron llamar la atención. Sencillos y parcos, ocuparon dos sillas en la fila, se sentaron y esperaron hasta la llegada del Presidente Municipal para, como todos los presentes, aplaudir a la nueva autoridad. Después tomaron nuevamente asiento y se dispusieron a observar el desarrollo de la sesión solemne de Cabildo y rendición de protesta.

Cuando todo acabó, se levantaron y abandonaron la plaza, mientras decenas de personas subían al entarimado para felicitar al nuevo Presidente Municipal, tomarse la foto o plantearle algún asunto. Se fueron como llegaron, con discreción, sonriendo a quienes los reconocían, con amabilidad abriéndose paso entre la gente.

Lástima que este gesto de cordialidad política no haya interesado a quienes tienen la obligación legal y moral de acudir al cambio de administración municipal. El presidente saliente, José Antonio Hernández Fraguas, prefirió adelantar sus vacaciones y solicitó licencia cuatro días antes del evento y al gobernador del estado se le olvido enviar a un representante o acudir personalmente a la sesión. Cuatro regidores, ahora salientes, tampoco acudieron al evento.

No cabe duda que Jorge Fernando Iturribarria Bolaños y Agustín Márquez Uribe siguen dando clase de política, de la buena.