Remonta Gilliam la locura

LOS CABOS, Baja California.- En pleno rodaje en locaciones de España, con todo un staff técnico listo y unos productores desesperados, el cínico Toby (Adam Driver) no logra darle rumbo a su película sobre Don Quijote de la Mancha, lo que lo regresará a su juventud, cuando, de forma independiente, filmó la historia del personaje.

Pero la nostalgia será su peor enemiga, pues al querer reencontrarse con su pasado en un pueblo de la región, se dará cuenta de que su filme marcó para mal a su elenco amateur, que se creyó sus fantasías al punto de que un zapatero asegura que es el verdadero Hombre de la Mancha.

Así inicia El Hombre que Mató a Don Quijote, la cinta de Terry Gilliam que se estrenó este viernes en México y con la que el mítico cineasta busca refrescar la historia del personaje más ilustre de Miguel de Cervantes Saavedra y de las llamadas novelas de caballerías.

"El Quijote no miente, simplemente no entiende al mundo. Ve el mundo a través de sus lentes de distorsión. La versión que hicimos fue para seguir las vivencias modernas del personaje, al que igual que antes, lo ven como una persona loca.

"Me acuerdo de cuando mi hijo era más joven y estaba jugando videojuegos donde él volaba. Realmente se imaginaba que un día podría hacer lo que el juego y realmente duele cuando descubres que no es así", destacó Gilliam en entrevista.

Al encontrarse con un Don Quijote (Jonathan Pryce) a caballo, Toby termina enredado en persecuciones y locuras que lo confrontaran consigo mismo. Pero al mismo tiempo intenta convencer a su acompañante de que no es el personaje que asegura.

El realizador de películas como Brasil y 12 Monos quiso imprimir en su historia esa lucha imaginaria por momentos y real en otros contra gigantes y molinos de viento.

"Leí una escena donde El Quijote real llega a un lugar donde le dicen que no creen que sea El Quijote y eso realmente lo vuelve loco, pero luego, llegando a un bar, escucha a la gente contando sus historias", dijo el cineasta.

La cinta era una deuda que tenía Gilliam consigo mismo, pues trabajó la idea cerca de 30 años hasta que logró que llegara a la pantalla.

"Fue horrible la presión de hacer esta película durante 25 años. La gente tenía ideas de cómo iba a ser y se inventaban películas que probablemente eran mejores que la mía. No es la mejor manera de trabajar.

"Estaba determinado a ser mejor que Orson Welles, quien no finalizó su obra, y lo logré porque yo sí acabé la mía", explicó el director.