Sexoservicio de adultas mayores en Oaxaca

Mario Jiménez LeyvaMario Jiménez Leyva

La prostitución, el oficio más antiguo del mundo.

Sus ojos se posaron en su espejo, ahí tenía de frente su cuerpo, sus senos, antaño turgentes, mostraban el cansancio de años de actividad, su rostro ya no tenía la candidez de antes y su mirada había perdido el brillo de su niñez, su cabello pintaba el color de las nubes, en sus labios todavía tenía el sabor de los miles de chicles consumidos.

Sus piernas eran las que aparentaban ser fuertes, producto de largas horas de espera, parada, recargada en alguna pared; sus sueños, algunos realizados y otros muertos en alguna pesadilla, su vida de prostitución.

A su memoria llegó la voz del recuerdo, con la imagen de su primer enamorado y su profecía, “algún día te mirarás al espejo y verás que la belleza se te habrá caído, y solo serás un fantasma más”.

Una lágrima surcó su mejilla llena de cicatrices llamadas arrugas, mientras una mano masculina le extendía el pago del servicio y una voz le advertía “nos vemos pronto”.

Elsa de la Soledad Martínez Iturribarría, directora de Salud Pública municipal de Oaxaca de Juárez, señaló que en la actualidad muchas sexoservidoras adultas mayores siguen trabando, cuyo número es confidencial, “pero muchas siguen dedicándose al trabajo sexual”.

Señaló que la situación de ellas es triste al tener que salir a las calles para seguir vendiendo su cuerpo, “uno pensaría que esto es nada más en mujeres de determinada edad y características, pero es lamentable ver que ellas aún siguen prestando sus servicios”.

Esto a pesar de que todavía se les dan cursos de capacitación en diversas áreas y materias,  para que tengan otra entrada de dinero, “pero eso nunca se compara con lo que ellas ganan a través del trabajo sexual o por algo ellas no lo dejan, entonces, tienen otras formas de trabajo, pero de alguna manera siguen ahí o tienen ya sus clientes especiales con ellas”.

Refirió que tampoco les pueden quitar el derecho a ejercerlo, porque lo seguirán haciendo, por lo que, se prefiere tenerlas bajo vigilancia, aunque el riesgo que tienen a contraer alguna enfermedad, es más alto, “al ir cambiando las cuestiones hormonales, también es más posible que ellas puedan tener enfermedades de transmisión sexual, porque las características de su cuerpo cambiaron”.

“Nuestra función municipal es estar al pendiente de que no exista ninguna infección de transmisión sexual, tampoco podemos decirles, que como ya cumplieron cierta edad, se jubilen ya, porque aunque lo hiciéramos ellas seguirán haciéndolo sin nuestro permiso, entonces, mejor llevar el control”, dijo.

Finalmente ellas no representan ningún problema, porque ya tienen a sus clientes de siempre, por lo que, no trabajan diario, “ellas ya saben con quienes, y en esa parte son como más tranquilas, que el grupo de mujeres jóvenes”.

Refirió que es difícil ubicar en qué calles se encuentran, “eso se malinterpreta, porque pueden decir que el municipio les dijo que en tal calle deben de estar, eso no, las calles son de todos, aunque se mueven por  el Periférico o el mercado de Abasto”.

Y es que, generalmente ellas tienen un hotel donde trabajan, en el cual ofrecen sus servicios, “donde las conocen, las cuidan, y la gente muchas veces la busca por ahí”.

Mucha de esta población se mueve, ya que la mayoría vienen de otros estados y otras emigran hacia otros lugares, precisamente por lo difícil del trabajo y la competencia, “es algo que se va moviendo y mantener el número de unas 300 a 350 fijas, pero varían, aunque este no es el caso de la tercera edad”.

Indicó que algunas se han presentado para decir que se autojubilaron de dicha actividad, “en los últimos dos años acudieron con nosotros tres de ellas y devolvieron su control y pidieron darse de baja, lo cual es muy padre, porque se dieron cuenta que ya se van a dedicar a otra cosa y dejan de estar ofreciendo sus servicios”.

Casi todas las mujeres que se dedican a este trabajo, conocido como el oficio más antiguo del mundo, lo hacen para sacar adelante a su familia, para que sus hijos tengan un título, una carrera y no padezcan ni sufran como ellas, por el trabajo que realizan.

“La gran mayoría de ellas lo consideran el sexo servicio como un trabajo y así lo ejercen; les sirvió para sacar adelante a su familia, tener un lugar donde vivir”, señaló.

Lamentó que muchas de ellas han sido objeto de la estafa de sus propios hijos y familiares, “lo cual las obliga a mantenerse a esto porque no saben hacer otra cosa, sin embargo, entre ellas mismas también se ayudan”.

La auto jubilación, es algo que ellas van planeando para quitarse de las calles, para ello, empiezan a ahorrar y en un momento dado, dejar este trabajo.

El sexo servicio, desde siempre, ha sido un trabajo delicado, pero sobre todo en la actualidad en el que la violencia se ha incrementado en las calles oaxaqueñas, por lo cual, las sexoservidoras de la tercera edad, corren un riesgo mayor.