Sobrevivir con discapacidad en Oaxaca

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

Las personas con discapacidad tienen que sortear una serie de obstáculos, debido a que se carece de la cultura necesaria en esa materia

El bullying que ha enfrentado Julio Miguel a consecuencia de la enfermedad que lo llevó a perder un ojo, ha sido tan doloroso que es fácil percibir la depresión que le provoca; a pesar de ello, él y su familia comprenden que la sociedad no está preparada para convivir con una persona con discapacidad.

Mayra, por su lado, sortea a diario una serie de peligros que van desde un accidente hasta asaltos e intentos de violación. Ella es ciega y su mayor deseo es que algún día termine la exclusión, la agresión y la discriminación contra la gente en condiciones similares.

La muerte no es una opción

Apenas cumplía los 8 años, a Julio Miguel le detectaron leucemia; sus padres Miguel y Verónica no entendían la gravedad del tema, sin embargo algo les decía que la pobreza no era obstáculo para salvar la vida a su hijo.

La lógica aplicada por el padre campesino y la madre ama de casa, los trajo desde Santa Catarina Loxicha a tocar las puertas de las instituciones, necesitaban salvar la vida del pequeño. Apenas se atendía el caso de Julio Miguel, a Verónica le fue diagnosticado Cáncer de Mama, por el que perdió un seno; su esposo sintió que el mundo se le caía a pedazos, pero dejarlos morir no era su opción.

Lo peor no había pasado; luego de cinco años de lucha contra la enfermedad del pequeño y la madre, la leucemia hizo crisis y provocó la pérdida visual del ojo derecho de Julio Miguel, había que extraerle el ojo.

“El proceso más difícil y doloroso fue ver cómo mi hijo lloraba por la burla de sus compañeros, las groserías y el aislamiento del que fue sujeto; sus compañeros le huían y se burlaban; la gente no entiende que es una discapacidad ser ciego; y con leucemia, para ellos era contagioso”, dijo Miguel.

El pequeño, sin embargo, no se da por vencido; ha resistido con entereza sus primeros seis meses con la prótesis de ojo que el DIF Estatal le procuró; se encuentra, junto con su madre, en vigilancia médica por el cáncer que padecen. Tiene sueños, quiere vivir para cumplirlos; pero, junto con sus padres, lo que más desea es que la gente comprenda que una discapacidad no los hace menos, ni diferentes.

A pesar de las restricciones e incluso frente al área que atiende al sector en el DIF, la gente sin conciencia ocupa los cajones destinados a personas con discapacidad. FOTO: Emilio Morales

De la insensibilidad a la agresión

Mayra Leticia Mendiola Ponce tiene 44 años de edad;, desde muy pequeñita le diagnosticaron cataratas congénitas, lo que le generó ceguera temprana; sus padres buscaron solución al problema, lo que contribuyó a que a los tres años pudiera recuperar la vista, de manera temporal.

“Sí pude ver, gracias a Dios logré conocer el mundo, pero a los 11 años recaí hasta perder totalmente la vista por Glaucoma; desde entonces hasta hoy soy ciega; eso no me detuvo, prometí luchar y hacerme independiente y lo logré; lo que aún no puedo es convivir con una sociedad comprensiva y consciente de que las personas con discapacidad también somos humanos”, manifestó.

Sus propios padres dudaron de ella, pero Mayra alcanzó su objetivo. Sin embargo, ha sorteado una serie de agresiones, enfrentar la irresponsabilidad de la gente “normal”, la inseguridad y el riesgo de sufrir un accidente.

“Me han asaltado, me han tocado y trataron de abusar de mí; eso sentí cuando un hombre me abrazó repentinamente y no me soltaba; recientemente caí en una alcantarilla y me lastimé la columna; la verdad, lo más difícil de mi situación no es la ceguera, es lo que tengo que enfrentar por mi discapacidad”, puntualizó Mayra.

"Solos no podemos; necesitamos de la sociedad"

La directora de Atención a Personas con Discapacidad, Blanca Maldonado Islas, aseguró que a pesar de los esfuerzos que realicen las instituciones, no se podrá avanzar en la inclusión de las personas con discapacidad a la sociedad, si ésta no se sensibiliza y empatiza con ese sector.

“Aquí trabajamos muy de cerca con este tipo de personas, buscamos la manera de hacer que se les atienda de forma integral a ellos y sus familias, como en el caso del pequeño Julio Miguel; sin embargo, afuera los retos son enormes, pues deben enfrentarse a una comunidad que se resiste a comprender lo que siente y necesita este grupo de personas”, puntualizó.