El amor de Toledo por los libros

“Soy el que más ha aprendido de esta biblioteca”, comenta el artista plástico.

Francisco Toledo cuenta que cuando llegó a vivir a Oaxaca, en la década de 1950, tenía el interés de ser pintor, pero en ese entonces no había referencias de lo que se hacía en el arte en otras partes.

“Oaxaca estaba muy aislado, de vez en cuando llegaba una que otra exposición. La Escuela de Bellas Artes tenía una pequeña biblioteca y esa fue mi primera enseñanza. Y fue muy importante, porque todo lo que conocíamos era a través de los libros”.

Este noviembre, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) cumple 30 años de fundación. En este espacio, Toledo creó una biblioteca que ha crecido con los años y actualmente su acervo asciende a más de 61 mil títulos.

“Soy el que más ha aprendido de esta biblioteca”, comenta el artista plástico, justo cuando coloca libros en el último librero que se adhirió a una de las salas de la biblioteca, y comenta que en el IAGO se han formado muchos artistas y escritores.

El primer beneficiado

“A partir de que tienes que hacer una biblioteca, consultas catálogos de libros, buscas lo nuevo que está saliendo y lees todo. El primer beneficiado de esta biblioteca soy yo. En la biblioteca del IAGO hay libros que hubiera deseado tener cuando empezaba en el arte. Por ejemplo, unas publicaciones de la UNESCO que veía en la galería de Antonio Souza, llegaron muchos años después a mis manos, porque la familia de Rufino Tamayo nos donó su biblioteca”.

Para Toledo, lo importante de la Biblioteca del IAGO es que los libros están a la mano de todos los usuarios, “porque en las bibliotecas de libros de arte no te los dejan sacar, porque son caros, delicados, porque los pueden manchar. Nosotros hemos dejado libros a la mano del usuario, porque es un gusto sacar distintos libros a la vez”.

Toledo agrega que en 30 años, el IAGO ha hecho una labor de difusión del grabado, a través de libros, exposiciones y talleres, algunos de los cuales se han impartido en distintas regiones del estado. 

Platica que en tres décadas se han hecho exposiciones de muy buen nivel, y han mostrado la obra que se ha hecho en talleres internacionales de gran prestigio como el Taller de Bramsen, el Hostrup-Pedersen & Johansen y distintos talleres de México.

“Me gustaría tener 30 años menos”, dice entre risas Toledo cuando hace un recuento de las tres décadas del instituto que fundó en Oaxaca, del cual se desprendieron otros espacios como el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo (CFMAB), la Fonoteca Eduardo Mata y el Centro de las Artes de San Agustín (CaSa).

Los proyectos culturales de Toledo han contagiado a otras personas: algunos han abierto espacios culturales en Oaxaca, otros se han sumado donando libros y obra. Hoy en día, en las bibliotecas del IAGO se encuentran las bibliotecas de: Rufino Tamayo, Sergio Hernández, Víctor García y del curador Miguel Cervantes, entre otras importantes donaciones.

Impulso cultural

La familia del artista también está involucrada en este proyecto cultural. Actualmente, su hija Sara López Ellitsgaard es quien dirige la asociación civil Amigos del IAGO y del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. La asociación ha desarrollado distintos proyectos educativos y culturales en el Istmo de Tehuantepec y la ciudad de Oaxaca.

Todos los hijos de Toledo están involucrados en hacer crecer el acervo de libros y arte, que es parte de la Colección Toledo/INBA.

El IAGO dio pie para que Toledo creara otras instituciones culturales, desde donde se ha impulsado distintos proyectos editoriales; el artista plástico también formó una valiosa colección de obra gráfica y de fotografía.

En el marco de los 30 años de su fundación, se programaron dos exposiciones donde se revisó el movimiento de gráfica en Oaxaca. En el IAGO se encuentra Maestros Oaxaqueños celebrando 30 años del IAGO y en el CaSa, El arte gráfico contemporáneo en Oaxaca, ambas curadas por Deborah Caplow.